OPINIÓN

¿Por qué es necesaria una confluencia canaria de cambio? – Por Roberto Rodríguez Guerra y Juan Manuel Brito

El próximo 26J nos enfrentaremos a una nueva cita electoral que con toda probabilidad terminará de configurar el mapa político general. Se cierra el ciclo electoral con la incertidumbre de conocer el alcance de los cambios que vienen afectando a la política y la sociedad española en su conjunto. Unos cambios que van mucho más allá de la presencia de nuevos actores en las instituciones y en los gobiernos. Se abrirá así una nueva etapa política, con nuevas demandas, nuevos retos y nuevos actores políticos, cuya evolución será determinante para el futuro.

Varias cuestiones han quedado en evidencia en este ciclo electoral para Canarias. En primer lugar, la escasa relevancia que las cuestiones canarias siguen teniendo en las dinámicas políticas estatales. En segundo lugar, el debilitamiento que han sufrido en los últimos procesos electorales las opciones políticas hegemónicas canarias a favor de las nuevas fuerzas del cambio. Finalmente, las limitaciones de las opciones políticas de cambio para configurar un espacio común, abierto y plural, que integre a un número amplio de las realidades sociopolíticas que se han ido configurando a medida que avanzaba el ciclo de protesta (2011-2014) y el ciclo electoral (2014-2016), como base para ganar espacios institucionales y romper la hegemonía de las élites dominantes insulares. Es por ello, que la apuesta por una amplia confluencia electoral para el 26J de las opciones del cambio es un imperativo político para quienes aspiramos a cambiar decididamente la dinámica política canaria.

Desde una perspectiva electoral, esta confluencia podría suponer la suma de voluntades y votos necesarias para ganar las elecciones y ser primera fuerza electoral. Pero sabemos por experiencia que para eso la suma de siglas es insuficiente. En las elecciones uno más uno no suelen ser dos. Hace falta mucho más. Hacen falta todos los que faltan cuando se trata de impulsar un movimiento de cambio que pretenda influir más allá de las elecciones. Por esto mismo, pensamos que de lo que se trata es de hacer un movimiento rápido y convencido que implique la incorporación y avance de diferentes actores políticos hacia un espacio común, con el objetivo de aglutinar una mayoría social y política en Canarias sobre la base de los derechos humanos, la democratización, el nuevo municipalismo, los movimientos sociales y la singularidad de Canarias. Es preciso generar una alianza proyectada hacia el futuro que esté en condiciones de ser la fuerza más votada como primer paso para romper la hegemonía de las élites dominantes insulares y redefinir la centralidad política canaria. Esto es especialmente importante dado que tras décadas de hegemonía del nacionalismo conservador, Canarias sigue a la cola de todos los indicadores socioeconómicos, está por debajo de la media en la financiación y sigue sin desarrollar un marco competencial que dé respuesta a nuestras necesidades particulares.

En este momento se hace imprescindible, por tanto, la construcción de un amplio movimiento popular desde abajo, arraigado local e insularmente, que amplíe el espectro social y político y albergue la enorme pluralidad y complejidad de los proyectos del cambio en las islas. Una propuesta para Canarias desde Canarias, que conecte al archipiélago con la vocación plurinacional existente en las nuevas opciones políticas progresistas de todo el estado.

Por todo esto, aunque vemos con buenos ojos la posibilidad de un acuerdo estatal entre Podemos e IU para las próximas elecciones, pensamos que en Canarias dicho acuerdo ha de ser más amplio. El cambio que necesitamos en Canarias implica un esfuerzo y un movimiento mucho más abierto, plural e integrador, que acoja en su seno el amplio abanico de opciones que dan vida al cambio actualmente en nuestras islas. Con Podemos y liderado por Podemos, porque es la referencia indiscutible del cambio político en España. La herramienta política y electoral más poderosa con la que hemos contado. Es impensable la construcción de cualquier propuesta electoral sin contar con Podemos. Con Izquierda Unida Canaria, porque durante muchos años ha sido muro de contención frente a un bipartidismo que concentraba cerca del 90% de los votos, planteando propuestas transformadoras que hoy por hoy son compartidas por una mayoría social. Con Sí se Puede, porque es la fuerza política de base municipalista más importante de las que representan el cambio en Canarias, que adelantó muchos de los elementos discursivos, políticos y organizativos que están ahora presentes en Podemos (empezando por el mismo nombre), contribuyendo decididamente a situar a Podemos en el lugar que hoy ocupa en Canarias. También, por sus importantes vinculaciones con el activismo social y cultural alternativo que es garantía de los de abajo. Con Equo, que representa a todos esos sectores importantes en Canarias que defienden ideas ecologistas, de democratización y protagonismo ciudadano tan importantes para un proyecto de cambio ecosocial. Con Alternativa Ciudadana de Lanzarote, por su experiencia sociopolítica de resistencia, denuncia y coherencia en una isla arrasada por la corrupción y el clientelismo. Con todas las opciones municipalistas que apuestan por el cambio, unas con más recorrido y otras más recientes, que aspiran a devolver la política a lo cotidiano, a situar a sus ayuntamientos al servicio de la gente y con el protagonismo de la gente, porque además son la garantía y la base de un proyecto de cambio realmente arraigado, cercano y conectado con la ciudadanía canaria.

Son muchos los actores y muchas las voluntades a sumar. Es por ello que insistimos sería un error político plantear la confluencia solo en clave electoralista, en base a la suma de votos que en las últimas elecciones obtuvieron Podemos e IU. Está por ver cómo interpretan muchos ciudadanos la falta de acuerdo para conformar gobierno. Las mismas encuestas que inducen a cierto optimismo electoral, señalan que la desconfianza, el escepticismo o el desencanto han ganado terreno entre mucha gente. Ganarse a estos sectores es imprescindible y, en estos momentos, existen amplias expectativas de que esa confluencia canaria de cambio pueda resultar ilusionante y tenga un efecto multiplicador sobre mucha gente. Y conviene advertir, también, que una mala gestión de este proceso puede suponer un duro golpe si las cosas no se hacen acertadamente, es decir, de manera abierta, incluyente, generosa y acogedora, respetando identidades, la presencia de siglas o no siglas, sumando decididamente a todos los actores y otorgándoles protagonismo, contando con la gente en cuestiones sustanciales. No es difícil, se requiere conectar con esa amplia demanda y esas expectativas presentes en mucha gente.

Pero el próximo 26J nos jugamos mucho más que ganar electoralmente en Canarias. Nos jugamos desde ya la posibilidad de que después de cinco años de protestas continuadas en defensa de nuestros derechos y libertades, resistiendo a las políticas de contrarreforma y tras tres citas electorales ganando presencia en las instituciones, cerremos el ciclo con opciones de disputar la hegemonía política y cambiar decididamente la política canaria . La confluencia de cambio para ganar las elecciones en Canarias es solo un medio. Un medio imprescindible, para construir un proyecto de hegemonía popular cargado de futuro.

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