MIS QUERIDOS ENEMIGOS

“Cuando quito la venda de los pechos, muchas pacientes lloran de alegría”

El doctor Antonio García. | SERGIO MÉNDEZ

El doctor Antonio García Hernández (nacido en Tenerife, hace 51 años) llega un cuarto de hora tarde a la entrevista. Habíamos quedado en el Mencey, como siempre hago con mis entrevistados, y, al final de la charla, él paga mi té con limón y su café con leche. Estamos ante una eminencia en la cirugía plástica, que se presentó siete veces al MIR, de las que aprobó seis, con nota; pero insistió hasta que logró plaza en su especialidad, convirtiéndose en el primer residente de cirugía estética (o plástica, supongo que da igual) en nuestro HUC, vía MIR. ¿Y saben lo que hizo, mientras estudiaba para lograrlo? Pues sacarse un doctorado en Psiquiatría. Y también ejercer como médico de urgencias. A esto se le llama vocación. Si yo me tuviera que quitar un simple lunar llamaría al doctor García Hernández, aunque su lista de espera quirúrgica es de más de seis meses y la de su consulta, de cuatro. Pero le pediría que me colara.

-Tendrá usted muchos enemigos, ¿no?

“Supongo que alguno habrá. Ya sabe usted que en esta tierra nadie se alegra de que a los demás les vaya bien”.
-¿Quién es su referente?

“Yo soy una gota de agua de mi padre”.

(Hago un inciso. Su padre, el practicante don Antonio García Cáceres, que hoy tiene 88 años, es una institución en la Medicina tinerfeña. Operaba por los pueblos con el doctor José García-Estrada, otra eminencia de la cirugía española; y, más tarde, con el ginecólogo Joaquín Delgado Curbelo. No voy a olvidar que ambos, García Cáceres y Delgado Curbelo, trajeron al mundo a mis dos hijas).

-¿Todavía le ayuda su padre?

“Menos, porque está enfermo desde hace unos meses, pero de vez en cuando se pasa por el quirófano y me echa una mano. Hay que ver cómo dos personas distintas,como somos él y yo, podemos ser al mismo tiempo tan iguales”.

-Me da que usted personifica la humildad; o al menos eso noto. Aunque su currículo lo delata y se lo quiera impedir.

“No lo sé, sólo le digo que primero hay que ser persona y luego médico”.

-¿Es usted consciente de su éxito?

“Bueno, pues sí. Pero que tengamos el 100% de éxito en lo que hacemos no es fruto de la casualidad. Yo estudio cada caso exhaustivamente. Los domingos me paso 10 horas analizando las intervenciones que voy a realizar a mis pacientes en la semana siguiente”.

-No hay dos pechos femeninos iguales. ¿O sí?

“¡Qué va, no los hay! Tengo 250 modelos de prótesis y según la morfología del paciente elijo el modelo y el tamaño en los implantes”.

-Sus pacientes le adoran, doctor. Es lo que percibo, hablando con algunas de ellas.

“Es que volver joven a la gente es bonito; yo diría que, más que bonito, es gratificante. Cuando quito un yeso de una nariz, o las tiritas de unos párpados, o la venda de los pechos, y ven el resultado, muchos pacientes lloran de alegría. Y sus familias también”.

-Ivo Pitanguy, el famoso cirujano brasileño, fue el padre de la cirugía plástica. O al menos así se le reconoce mundialmente.

“Él, un cirujano importantísimo, cambió muchos parámetros de la cirugía estética, que evoluciona constantemente. Yo estoy permanentemente viajando por todo el mundo y asistiendo a los más importantes congresos. Esto no para, tenemos que estar al día. Sí, el profesor Pitanguy era una eminencia”.

-¿Sabía usted que, unos años antes de morir, estuvo en Tenerife, se puso una bata y recorrió de incógnito, o casi, varios departamentos del HUC?

“Pues no, no lo sabía”.

-Usted no para, por lo que veo. Su actividad asusta.

“No, mire, en febrero tengo que ir a Praga, como uno de los cinco cirujanos españoles invitados a un congreso de cirugía mamaria; en marzo viajaré a Estocolmo; en abril, asistiré al congreso internacional de Mónaco; en mayo, viajaré a Londres; y en junio, estaré en Estocolmo, en el congreso de cirugía plástica. Y luego, muchas citas más”.

-Un cirujano plástico se forma en muchas disciplinas. Lo leí en alguna parte y me quedé asombrado. Parece una pluriespecialidad.

“Sí, me parece fundamental una formación muy amplia. Yo he trabajado con quemados; en cirugía craneofacial infantil en el 12 de Octubre; en microcirugía en Burgos, en reimplantes de brazos, manos, etcétera con el profesor César Cordero; en reasignación sexual. En varias especialidades dentro de la cirugía”.

-Además, es usted un especialista en estética genital.

“Me formé con el doctor Iván Mañero, en Barcelona, uno de los mejores expertos del mundo en esta especialidad”.

-Perdone mi ignorancia: ya sé que los hombres pueden convertirse en mujeres. ¿Pero y las mujeres en hombres?

“Pues también, por supuesto. La testosterona obra milagros en el crecimiento del clítoris, que conlleva la formación de un pene de hasta 10 o 12 centímetros; se reconstruye la uretra y se construyen las bolsas escrotales. Queda perfecto”.

Andrés Chaves y Antonio García en el Hotel Mencey. | S. M.

-Otra cirugía que usted practica es la de los párpados. ¿Han nacido nuevas técnicas para reparar estos defectos?

“Las hay y estuve practicando cuatro meses en Londres, en el Moorfields Eye Hospital con el doctor Collin, un referente mundial”.

-La cirugía de mama me parece extremadamente compleja, ¿es así?

“Lo es. Y existen en el mundo grandes maestros con los que he aprendido, como el profesor Per Heden, en Estocolmo. En los congresos a los que asisto se asombran de nuestro 100% de aciertos en la cirugía de la mama, pero es que nos estudiamos las intervenciones exhaustivamente y operamos siguiendo unas reglas estrictas que conducen al éxito”.

-¿Le preocupa el tremendo intrusismo profesional que sufre la cirugía plástica?

“Muchísimo; hay casos realmente graves que provocan auténticos destrozos en los pacientes. Por eso es prioritaria la información sobre el médico que los va a operar y que puede que ejerza indebidamente, sin la titulación que lo habilita. Si hay dudas, es conveniente acudir al Colegio de Médicos e informarse”.

-¿Llegan sus pacientes a ser sus amigos, tras las intervenciones?

“Por supuesto y así debe ser; les doy un trato cercano, como si fueran de mi familia. Y a tu familia nunca le ibas a hacer nada malo”.

-Usted parece una persona muy organizada. ¿O me equivoco?

“No, no se equivoca; lo soy, es verdad. Lo soy desde hace muchos años”.

-Su clínica de estética, radicada en Santa Cruz, cuenta con una aparatología a la altura de las mejores del mundo. ¿O me equivoco?

“Hacemos inversiones muy importantes en aparatos y sí, estamos a la altura de Planas, o de Teknon, que son punteras. Tenemos uno de los cinco Ultra Shape que hay en España y un montón de tecnología que sería prolijo enumerar y explicar al lector, como el Velashape, que destruye la celulitis, hidrata el rostro y oxigena la piel. En fin…”.

-¿Se sale de su clínica en una hora y media con 10 años menos? ¿Es verdad lo que se dice por ahí, o es leyenda urbana?

“Bueno, digamos que sí; en cuanto al aspecto, desde luego”.

-¿Está usted de acuerdo con la transformación, por ejemplo, de Renée Zellweger, una actriz por la que yo siento debilidad?

“Le han hecho un trabajo perfecto, me encanta cómo ha quedado”.

-¿La obesidad es el gran problema en el ser humano?

“Lo es. Yo veo a muchas personas obesas que se han operado de reducción de estómago y que necesitan ser tratadas para reducir también el volumen y la estética de sus brazos, por ejemplo. Y también realizamos abdominoplastias con una técnica que minimiza los efectos del seroma, a cero. Esto se hacía en Brasil hace 10 años, con éxito desde entonces, pero se ha ido perfeccionando”.

-¿Percibe la envidia de algunos colegas?; y perdóneme que insista, como dice Matías Prats.

“No, lo que me preocupa mucho es el intrusismo. Se trata de algo muy peligroso; y también yo insisto”.

-Me han dicho que ha rechazado ofertas muy tentadoras para trabajar en grandes centros del Reino Unido y de España.

“Sí, pero aquí está mi casa, y mi familia, y puedo hacer lo mismo que en otro lado. De hecho, viene mucha gente de fuera de las Islas a operarse conmigo (interviene quirúrgicamente en Quirón Santa Cruz), o a tratarse en mi Centro Salud Estética”.

El doctor Antonio García Hernández, que luce una bonita chaqueta azul, una permanente sonrisa y que derrocha amabilidad, tiene, repito, una lista de espera quirúrgica de seis meses y una consulta que da cita para cuatro meses después de la petición. Mantiene durante toda la entrevista un gesto sereno, luce manos de pianista (su única hermana lo es) y no rehúye mis preguntas de profano. Nunca había entrevistado a un cirujano plástico, lo reconozco. En el jardín del Mencey empieza a llover. Sergio Méndez -sin su Brasil 66- nos retrata en el césped. Ya es madrugada cuando paso a limpio la entrevista y mis párpados se me caen. ¿Necesitaré cirugía reparadora?

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