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“Cada vez se consumen más antidepresivos”

Foto SERGIO MÉNDEZ

Ha superado los 10 años al frente del Colegio de Farmacéuticos de Santa Cruz de Tenerife, tiempo más que suficiente para conocer al detalle un sector que, en breve, reforzará su presencia en la Isla tras la adjudicación de 36 nuevas oficinas en el último concurso convocado por la Consejería de Sanidad. Guillermo Schwartz (Arrecife de Lanzarote, 1963), padre de seis hijos, analiza la realidad de un gremio en constante adaptación a los nuevos tiempos.

-¿Hacia dónde avanza la profesión de farmacéutico?

“Estamos adaptándonos a los cambios que hay en la sociedad. Hemos pasado de un criterio en el que el paciente se le prescribía una medicación después de un diagnóstico y se le daba un tratamiento sin que preguntara mucho, a otro en el que el paciente está informado por doctor google. Los profesionales de hoy no solo tienen que estar bien formados, sino que también precisan de habilidades comunicativas, intuitivas y de interacción con los pacientes y con otros profesionales”.

-¿Y cómo está afectando la influencia de doctor google? ¿Cómo repercute en la relación farmacéutico-cliente?

“Supone una transformación. Ahora te sientas delante de un ordenador, tecleas las cinco palabras claves y en tres centésimas de segundo tienes todo lo publicado sobre ese asunto. El problema es que esa inmediatez produce un mayor volumen de información. Lo importante es determinar quién ha filtrado la información: si son sociedades científicas, si son grupos médicos que desarrollan su trabajo alrededor de una determinada patología, etcétera”.

-Las farmacias se han ido adaptando a los nuevos tiempos. Quizá el mayor ejemplo es que hoy venden no solo medicamentos.

“Es cierto, pero en esto deben haber fronteras, porque no podemos acabar siendo un bazar”.

-¿Dónde habría que poner los límites?

“Los debe establecer la normativa legal y el sentido común, pero creo, en general, que nos estamos adaptando bien a los tiempos que corren”.

-Pero, ¿cómo ha sido ese proceso de transformación? ¿Qué destacaría si compara las farmacias de antes con las de ahora?

“Las de antes tenían una barrera, que era el mostrador, y unos intermediarios que eran el farmacéutico y sus auxiliares. Detrás estaba el laboratorio. Ahora es al revés, la farmacia es un espacio abierto donde hay mucha accesibilidad a muchos productos y donde sí hay una frontera, que es el acceso a los medicamentos”.

-¿Y cómo ha ido evolucionando la figura del farmacéutico? ¿Se mantiene esa confianza de antaño depositada por los pacientes?

“Continúa y diría que hasta ha mejorado. Muchos movimientos sociales surgieron en las reboticas de las farmacias. Eran puntos de encuentro donde la población se reunía y contaba sus problemas. Siempre se ha dicho que lo más peligroso que ocurría en el pueblo era cuando el cura, el guardia civil, el maestro y el boticario se reunían en la rebotica. Allí pasaba algo. Esa confianza de la población en el profesional se mantiene. Ahora mismo, pese a que los hábitos sociales han cambiado, la comunicación entre farmacéutico y paciente se sigue dando”.

-DIARIO DE AVISOS adelantaba la semana pasada que de las 60 nuevas farmacias que abrirán a lo largo de este año, 36 serán en Tenerife y de ellas, 27 en el Sur. ¿Tiene la Isla las oficinas adecuadas para su población?

“Aparentemente sí, según los criterios de población y de desarrollo que establece el mapa farmacéutico. Si nos atenemos a lo que dice la norma y lo que ocurrirá ahora con el concurso de nuevas aperturas, estamos ajustados a la demanda de la población. El concurso subsana un déficit existente en grandes concentraciones que han crecido mucho en los últimos años, como es el caso de la comarca sur. Otra cosa es que en alguna zona concreta haya una demanda muy específica, pero también para eso la propia normativa recoge opciones, como es la apertura de botiquines de farmacia”.

-¿Qué medicamentos se venden hoy más en las farmacias?

“Los mayores grupos terapéuticos están relacionados con los hábitos de vida: medicamentos de prescripción para la hipertensión, diabetes, etcétera. Si tuviéramos un mejor concepto del cuidado de la salud muchos de ellos no los usaríamos. En la farmacia se detecta que no tenemos buenos hábitos de vida. La propia Organización Mundial de la Salud aboga por ir a una medicina preventiva y no curativa”.

-Dentro de esa medicina preventiva están las vacunaciones…

“Sí, estamos viendo las urgencias colapsadas y es lógico con la tierra que hemos tenido estos días atrás y el frío que hace. Y no solo hablamos de gripe, también de complicaciones de patologías por tener la gripe. Las urgencias están preparadas para atender a 200 o 300 pacientes al día. Si de repente aparecen 700, lógicamente se desbordan”.

-¿Esta epidemia de gripe que sufre Canarias, como casi todo el país, cómo se vive en las farmacias?

“Se ha producido un crecimiento significativo en la venta de los antigripales. También ha aumentado, por la calima, la demanda de los productos antiasmáticos”.

-¿Qué ocurre con la vacuna de la meningitis B, que se ha agotado?

“Es un problema de producción mundial. Esta vacuna se autorizó su venta hace dos años y promete buenos resultados. El laboratorio está desbordado y la demanda en todo el mundo llega a ser mayor que la capacidad de producción. Aquí tendríamos que hacerle caso a lo que diga el pediatra, que es quien debe decidir qué niños deben vacunarse”.

-Pero es inevitable que la falta de vacunas genere una cierta alarma social…

“El problema es que nombrar meningitis genera alarma, porque es una de esas enfermedades que te la nombran y te echas a temblar, pero los datos indican que afecta a un número bajísimo de la población, a 0,2 personas de cada cien mil”.

-¿Se siguen vendiendo tantos antidepresivos como cuando estalló la crisis económica?

“Solo vendemos los que se prescriben. Y se prescriben cada vez más. Hay un excesivo consumo. Ante un problema tan serio, como es una conducta depresiva, el paciente busca una solución inmediata y lo más cómodo es tomarse la pastilla. Creo que es un problema que debemos de afrontar. Una de las prioridades debe ser el desarrollo del Plan de Salud Mental de Canarias. Si me preguntas: ¿hay enfermedades mentales distintas a las que había antes? Te diría que no, lo que ocurre es que se manifiestan de otra manera. Están aflorando dependencias, abusos, violencia…”

-La aparición del Viagra y sus derivados hace unos años fue todo un acontecimiento. ¿Está entre los fármacos considerados de alta demanda?

“Sí, porque hay personas con disfunción eréctil y resuelve el problema. A partir de una edad y con determinadas patologías es una ayuda farmacológica. Las relaciones sexuales no dejan de ser relaciones humanas, aunque hay quien le da más importancia y quien menos”.

-El copago farmacéutico, que entró en vigor en 2012 nos recuerda que los medicamentos tienen un coste. Casi cinco años después, ¿qué lectura hace de esta medida?

“Un copago lo que no puede ser es discriminatorio en cuanto a renta y una barrera de acceso para un bien social como es el medicamento. Con esas dos premisas se pueden construir todos los modelos de copago que queramos, pero en ningún caso por no tener en un momento dado el importe de un copago que sea elevado se debe quedar nadie sin tomar el medicamento”.

-¿Qué balance hace de la receta electrónica, que ha supuesto una revolución para médicos, pacientes y farmacéuticos?

“Ha sido un gran cambio. Hay un mayor control del paciente, puesto que se puede comprobar quién ha retirado la medicación y quién no lo ha hecho. Y a la vez las pautas posológicas (las que establecen el régimen de distribución de las dosis, el horario de las tomas y la duración del tratamiento) se ajustan mejor a los envases, porque si el envase se libera cinco días antes de que necesite la medicación, eso impide que puedas acumular medicamentos en casa. Otra cosa es que los retires, no te los tomes y los vayas acumulando. Ese es uno de los grandes problemas sanitarios que hay en este momento. No solo aquí, sino a nivel mundial. El 50% de los pacientes no toma su medicación de la manera que tiene que tomarla. Cuántas veces alguien que tiene hipertensión dice: ‘hoy como me encuentro bien, no me tomo la pastilla’. Es que te la tienes que tomar porque es lo que hace que estés bien. Cosas así hacen fracasar el sistema”.

-Hace un par de décadas los asaltos a las farmacias por parte de personas con problemas de adicción a las drogas se producían con cierta frecuencia. Ahora, afortunadamente, no es así. ¿Cuál es la causa?

“Han bajado mucho. En los años 90 se hizo algo importante, pese al gran problema con la droga que hubo en aquel momento. Fue tratar al drogadicto no como un delincuente, sino como un enfermo. Fue un logro que no se ha valorado. Todos los centros de rehabilitación para toxicómanos fueron un gran éxito en su momento y en muchas comunidades han derivado en unidades dentro de los propios centros de salud. Y la otra lectura es que la sociedad ha entendido que la droga puede ser una lacra y que genera más problemas que los que puede arreglar”.

-La medicina personalizada parece ganar terreno, sobre todo, en el segmento de población de la tercera edad. ¿Cómo está evolucionando?

“Hay un cambio en el tratamiento a las personas mayores. Más que recluirlas en centros de la tercera edad, se está propiciando mantenerlas en los domicilios. Todo eso obligará a crear unas redes de apoyo y de necesidades. Uno de los grandes objetivos para los próximos años debe ser una legislación adecuada sobre atención sociosanitaria, domiciliaria y dependencia. Ahí tenemos un papel importante los farmacéuticos. Y también hay que tener en cuenta los nuevos medicamentos que se están desarrollando contra enfermedades que hasta hace poco eran demoledoras, como determinados cánceres de los que se moría la gente. Hoy se han convertido en enfermedades crónicas”.

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