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Alejandro Toledo, el ‘inca’ corrupto

Alejandro Toledo, en sus momentos de máximo apoyo popular. Reuters

“Nací sentenciado a vivir en la pobreza extrema, pero ahora soy libre gracias a la educación”. Esta fue una de las frases que mejor explotó la campaña electoral del expresidente peruano Alejandro Toledo (2001-2006), sobre quien hoy pesa una orden de busca y captura por su presunta implicación en la trama de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. Las investigaciones de los tribunales peruanos han hallado serios indicios de que Toledo recibió 20 millones de dólares de la citada compañía a cambio de la adjudicación de dos tramos de la carretera Interoceánica Sur.

El FBI ya tiene localizado al expresidente peruano en Estados Unidos y una vez que se ordene el arresto será puesto a disposición judicial para iniciar el procedimiento de extradición y que responda ante la justicia.
Los pagos de Odebrecht, la constructora más importante de América Latina, que montó una red de corrupción que afecta a cerca de 30 países, ha provocado temblores en todas los sectores políticos, sociales y económicos, gracias en gran parte a la delación de sus propietarios y trabajadores. Toledo es el primer político peruano implicado en esta trama de corrupción de Odebrecht, cuyos responsables delataron que abonaron cerca de 30 millones de dólares a funcionarios de este país en el período comprendido entre 2005-2014. En estos últimos periodos el país estaba gobernado por Alan García y luego por Ollanta Humala.

El origen de Toledo (1946) es el de una familia indígena de la provincia de Pallasca que carecía de tierras y pasó muchas penurias para alimentar a los 16 hijos. De pequeño contribuyó a la escasa economía familiar trabajando como limpiabotas y vendiendo lotería, a la vez que estudiaba el bachillero. Gracias a una beca de una orden religiosa, se graduó en Economía y se licenció y doctoró en la Universidad de Stanford (EE.UU.), donde hoy imparte clases. Ha trabajado en las Naciones Unidas, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.

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La vocación política se hace latente a finales del siglo pasado cuando crea un partido, Perú Posible, con la intención de poner fin a las corrupción de los Gobiernos de su país.

Toledo, que fue conocido como el Cholo (aldeano indio que se traslada a la ciudad), se enfrentó al sistema autoritario de Alberto Fujimori, hasta que este fue destituido por el Congreso por su “incapacidad moral permanente”. Llegó a la Jefatura de Estado decidido a afrontar políticas limpias y contra la pobreza. Su primer acto fue dar gracias a los espíritus, desde el antiguo poblado inca Machu Picchu, para enlazar el pasado con lo que denominó el “nuevo amanecer” de Perú.

Los años de gobierno se Toledo no fueron un camino de rosas. Revueltas sociales, la reconstitución del grupo terrorista Sendero Luminoso, dimisiones de ministros por escándalos sonados, una asonada militar o la detención de su hermana, Margarita, por participar en un caso de falsificación de firmas para el partido, fueron algunos de los episodios que marcaron una fuerte bajada de popularidad. Los comicios confirmaron la pésima gestión de gobierno de Toledo, cuya derrota llevó a la presidencia a Alan García García, que venció al nacionalista Ollanta Humala.

Algunas fuentes señalan que el proceso de extradición tardará varios meses, y luego el propio Toledo tendrá que decidir si opta por colaborar con la justicia a cambio de una reducción de pena o por declararse inocente.

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