Cabrera defiende que el fraude electoral no fue decisivo en la II República

Manifestación celebrada el Primero de Mayo de 1936 en Tazacorte. Archivo del Ayuntamiento de Tazacorte

El historiador Miguel Ángel Cabrera Acosta está convencido de que el fraude que se pudo producir en la provincia de Santa Cruz de Tenerife durante las elecciones de febrero de 1936, que llevó al poder al Frente Popular, no influyó de forma decisiva en el resultado electoral. Profesor titular de Historia Contemporánea de la Universidad de La Laguna, Cabrera es toda una autoridad en el estudio de este período, en especial en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, con obras claves como La II República en las Canarias Occidentales (CCPC) o Las elecciones a Cortes durante la Segunda República en las Canarias Occidentales (Ediciones Idea).

Este planteamiento del historiador canario contrasta con el estudio que acaban de publicar Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García, 1936: Fraude y Violencia (Espasa), donde, según el reportaje publicado por el periódico El Mundo sobre esta obra y del que se hizo eco este periódico, “las elecciones se falsearon fundamentalmente en mesas de Santa Cruz de Tenerife y Málaga”, hasta el punto de que se produjo un pucherazo electoral a favor de la coalición progresista.

Cabrera Acosta explica que hubo reclamaciones por fraude, incluso que “pudo haber indicios de algunos caso de manipulación de las actas electorales, en lugares determinados, pero desde luego el fraude electoral no alcanzó el nivel suficiente como para que se pueda afirmar que influyó de manera decisiva en los resultados electorales”.

El historiador canario no ha llegado a esta conclusión por el estudio de los datos electorales recogidos en medios no oficiales, sino que basó su investigación en la documentación de la Junta Electoral, que “se conservaba en el Archivo de la Mancomunidad”. Allí se encontraban las actas electorales de todos los municipios y toda la documentación relativa a las reclamaciones. Del estudio de este fuente documental está convencido de que “si el caso más significativo es el de Santa Cruz de Tenerife -en referencia a la citada publicación-, aquí no se pude decir que influyera de manera significativa, o que fuera un mecanismo decisivo en el resultado”.

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Señala que el fraude era una práctica electoral “habitual” precisamente hasta la llegada de la II República, donde “se atenuó bastante, hasta el punto de que no se pueda decir, creo, que fuera determinante de ningún resultado electoral, como sí lo era en la Restauración, en la que se empleaba como recurso sistemático y podía alterar sustancialmente el resultado”. “Ni siquiera en Canarias, en la II República, se puede decir que era un recurso general, sino algo ocasional de determinados lugares, ni que fuera decisivo en los resultados”, insiste el historiador.

Manifestación durante el primero de mayo de 1936 en la plaza de toros de Santa Cruz de Tenerife. ULL

La realidad es que el debate sobre todo lo que gira alrededor de la Guerra Civil en España es recurrente. Un hecho que considera “normal” Cabrera, ya que “fue el acontecimiento histórico del siglo XX más importante por su impacto y consecuencias”. “No solo se dirimió en la Guerra Civil el futuro de España para las décadas siguientes a los años treinta, sino que el conflicto que se produjo sigue bastante vivo en la memoria y también sigue siendo una fuente de legitimidad de las opciones políticas del presente”, sostiene Cabrera.

“Al fin y al cabo, la Guerra Civil no sólo legitimó políticamente el régimen que surgió de ella, sino que la memoria de la guerra y su difusión fue decisiva a la hora de diseñar el modelo político a partir de la Transición, por lo que es normal que sea un tema que sigue bastante vivo”. Un debate el de los últimos años que, en España, “ha sido político no histórico, sobre la responsabilidad de la guerra”. “Es un debate al que los historiadores no pueden ni deben entrar”.

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Un debate público que, a su juicio, se ha convertido en “decisivo” en los útimos años, no sólo en España. “En Francia se sigue discutiendo acaloradamente sobre la Resistencia; los alemenes sobre la experiencia del nacismo y en Italia el fascismo”. “La polémica es tan intensa como en España porque allí también se juegan cuestiones de legitimidad del régimen político”, concluye.

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