Otras coordenadas

Las pensiones

La socialdemocracia debía acompañarnos de la “cuna a la tumba”. Hoy en decadencia ante la globalización y la nueva economía, que obligan a adaptar todas las instituciones. Entre ellas las pensiones, que ofrecen en Europa y en nuestro país una peculiar lectura. Algunos datos de ellas en España, en los años de la crisis 2007-2016. En este periodo, el PIB español pasó de 1,007 billones de euros a 1,113 billones de euros, creció en 10 años el 3,05%, mientras las pensiones pasaron de 91.000 millones de euros a 135.500 millones de euros, creciendo el 48,90%, y los pensionistas, de 8,33 millones a 9,45 millones, el 13,50% más. En la crisis, las pensiones pasaron de ser el 8,42% del PIB al 12,36% del mismo.
Si analizamos las pensiones, en el marco del Presupuesto consolidado del Gobierno central español, y ligamos su cuantía a la prioridad política, el primer lugar lo ocupan las pensiones, con el 38,52% del presupuesto (135,5 mil millones de euros). El segundo lugar, las transferencias a autonomías y ayuntamientos, el 17,87% (48,8 mil millones de euros). La deuda pública, 9,50% (33,4 mil millones de euros), y el desempleo, 5,57% (19,6 mil millones de euros), y el tercio restante (114,5 mil millones de euros) sostiene el Estado. Las pensiones mandan y se nota. Hoy los pensionistas dirigen el sentido del voto, son la gran fuerza oculta. Poseen el realismo del corto plazo y con su limitada capacidad económica hacen milagros todos los días. Muchos tienden a confundir la naturaleza de las pensiones, cuando es un derecho del ahorro personal durante la vida laboral. Las administra el Estado, tanto las contributivas como las no contributivas (5%), que se financian con impuestos. España se soporta en un sistema de reparto, donde los cotizantes actuales pagan a los pensionistas de hoy, esperando que los futuros les paguen a ellos. En los sistemas de capitalización, el esfuerzo de pensión se asigna a cada uno. Tiene escasa relevancia en España a través de los fondos de pensiones, de limitado apoyo fiscal y extensión. Los casos de Chile y Suecia son ejemplos de referencia de los sistemas de capitalización.
Las pensiones están pacificadas por ahora en España, al haberlas trasladado al Pacto de Toledo (1995), que ya preveía pagar las contributivas con cotizaciones y las no, con impuestos. Mientras tanto, en la crisis las pensiones se han comido el Fondo de Reserva, que tenía 63.000 millones de euros en 2012 y se acabará en 2017. Su equilibrio a medio plazo no es sencillo. Exigirá al menos operar sobre las propias pensiones, sobre los impuestos, sobre el empleo, sobre la natalidad, la protección de la familia y el aborto, y sobre la emigración. Me permito a título de reflexión pensar sobre ello. Alargando edades de jubilación, niveles de cotización y compatibilidad de empleo y pensión al 100%, realizamos pequeños buenos ajustes. Hace tiempo que debía haberse trasladado parte de la financiación de las pensiones contributivas, también a impuestos, rebajando las cotizaciones empresariales de la Seguridad Social, que son un impuesto al empleo, que impide competir en la globalización a la empresa española. Sin población renovada no se progresa, ni mantienen pensiones. Con la natalidad al 1,33 de hijos por familia, donde ya hemos superado, desde los años 40, más muertos que nacidos. Sin protección familiar reforzada, no se corrige entre otros los 100.000 abortos/año, que por sí solo elevarían la tasa de natalidad al 1,86. El equilibro vendría por incentivar el empleo y la emigración.

Todo ello es solo una conjetura, porque quienes de verdad decidirán son los pensionistas, como en el brexit. Como también decidirán en la unidad de España, porque esta es la única que de verdad garantiza las pensiones y su renovación.

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