Domingo Cristiano

No me toques el rabo

“No me toques el rabo, que está prohibido por ley”. Si tiene un perro (o perra), a partir de esta semana su mascota podrá llevarle a los tribunales con tal que a usted se le ocurra acercar un bisturí a su apéndice trasero. Esto es así porque España ha asumido la directiva europea que prohíbe cortar tal extremidad a los cánidos, ritual estético que se venía observando hasta la actualidad.

Pues eso, nada de tocarle el rabo al perro.En ésas y en otras ha ido pasando la semana. Otras como lo de la misa que se emite por TVE, que parece que le molesta a los chicos de morado (con la cantidad de colores que hay y eligen uno de Semana Santa).Vamos con lo de la misa: a esta altura de la película seguro que nadie se cree ya que las novilladas mediáticas de los podemitastengan base ideológicaalguna o sean un intento de construir una sociedad más justa.

Después de verles atesorar en sus filas en apenas unos años toda la corrupción que otros grandes partidos han tardado decenios en amasar. Tras ver desfilar una pléyade de amigos, familiares y concubinas hacia los puestos más destacados que podían atesorar. Después de comprobar cómo se destripan entre ellos por sentar el culo en el sillón de mando. Trasverificar que actúan como pandilleros con los periodistas que no entonan su quiquiriquí y en su política comunicativa incluyen ejercer un control del Estado sobre los medios y “azotar hasta que sangre” a Mariló Montero. Después de soportar que coloquen a la misma altura el dolor de los asesinos y de los asesinados.

Después de rota la magia de lo que prometieron y nunca hicieron porque no eran lo que decían ser. Después de todo, bien está que ejerzan su derecho a defender el rabo de los perros, aunque se nieguen a hablar de la vida de los no nacidos. Y que se aventuren a tachar la misa por televisión de anacrónica, cuando se revuelcan en opciones políticas que sólo comparten ya los dictadores.
“España es aconfesional”, argumenta Pablo Iglesias para cargarse la misa. “Demos gracias a Dios”, respondemos los creyentes. Lástima que no conozca el significado de “aconfesional”. Un país sin confesión religiosa oficial es un país donde la libertad del individuo corona todas las aspiraciones, modulada sólo por el bien común. Es decir, España es aconfesional para que yo pueda adorar a Jesucristo, a Mahoma, a Snoopy o a la perroflauta con piojos que no falta en ninguna algarada. Y el Estado, al que le pago para que siga siendo garante de libertades -¡sí, los creyentes pagamos impuestos-, tiene la obligación de defender mi derecho a creer y de promocionar su desarrollo. Como se hace con el resto de confesiones suficientemente representativas. Como hace el Estado con las manifestaciones culturales que a mí me la sudan y que, no obstante, tengo que patrocinar por ley. Algunas tan marginales que parecen bromas pesadas.
Pues eso, que no me toques la misa, que yo no le tocaré el rabo a tu perrito, paradigma de la nueva sociedad que está por venir. Por cierto, ya quisieran los amigos de Podemos tener la décima parte de audiencia de la emisión de una misa. ¿Será ése el problema?
@karmelojph

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