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“Si el sistema electoral no se reforma ya es que Canarias, como autonomía, ha fracasado”

Jerónimo Saavedra, Diputado del Común. Andrés Gutiérrez
Jerónimo Saavedra, Diputado del Común. Andrés Gutiérrez

Es uno de los referentes imprescindibles de la historia política canaria y nacional. Jerónimo Saavedra Acevedo nació en 1936, apenas dos semanas antes del golpe de Estado franquista contra el Gobierno republicano. Es doctor en Derecho y fue profesor universitario. Su currículum político es inmenso: con el PSOE, desde los tiempos de la clandestinidad, fue protagonista de la Transición, lo lideró en Canarias durante dos decenios, ha sido diputado nacional y regional, y senador, presidió el Gobierno de Canarias de 1983 a 1987 y de 1991 a 1993, y fue ministro dos veces, de Administraciones Públicas (1993-1995) y de Educación y Ciencia (1995-1996). En su ciudad natal, Las Palmas de Gran Canaria, ejerció de alcalde con mayoría absoluta de 2007 a 2011. Desde ese año desempeña el puesto de diputado del Común, cargo que dejará próximamente. DIARIO DE AVISOS inicia hoy la publicación, en varias entregas, de una entrevista en la que Saavedra, camino de los 81 años, repasa su experiencia política, que es, en realidad, la historia de la propia democracia española y de la autonomía canaria. Y se pronuncia, con autorizada voz, sobre algunos de los asuntos de actualidad.

-Usted participó en el diseño y el desarrollo del Estado de las autonomías. ¿Cómo fue su relación con los líderes independentistas históricos de Cataluña y País Vasco?

“Por el proceso de compromiso con la democracia que tuve antes de la Constitución, cuando se ponen en marcha las autonomías, tuve también que entrar en contacto como presidente del Gobierno de Canarias con mis colegas de otras comunidades. Yo tomé posesión en junio de 1983 y me invitó Jordi Pujol a visitar Cataluña oficialmente. Me hospedé en el Barrio Gótico, muy cerca del Palacio de la Generalitat, frente frente al Ayuntamiento. Y lo mismo hice con Murcia. E invité y vino aquí el presidente de Cantabria, que era de la UCD. En fin, las reuniones de presidentes se hacían…, y más tarde me nombrarían ministro, después de que yo fuera de nuevo presidente del Gobierno canario entre 1991 y 1993”.

-Lo fichó a usted para su Gobierno Felipe González…

“El día antes de jurar el cargo, llegué a las 6 de la tarde de Madrid, donde era diputado, y cuando estaba haciendo un examen oral a mis alumnos de Derecho, me llamó Piluca, la secretaria tinerfeña de Felipe; cogí el teléfono y me dijo: ‘Mira, he pensado que vengas de ministro de Administraciones Públicas, y tienes que estar aquí esta tarde’. Y me fui en un avión de Iberia, llegué allá, y en los jardines de Moncloa me dijo que el objetivo era cumplir con su discurso de investidura y el desarrollo autonómico para todas las comunidades previsto en el artículo 143 de la Constitución, pues los cinco años para darles competencias se habían acabado en 1977 y 1978; ya estábamos en 1993”.

-¿Fue un proceso tenso?

“No. Los líderes autonómicos sabían que yo era un aliado porque nos conocíamos y todos éramos claramente descentralizadores por lógica, porque creemos que un Estado funciona así mejor que uno centralizado. Las relaciones entre nosotros siempre fueron cordiales. En ese momento se puso en marcha el mecanismo de participación de las comunidades autónomas en la recaudación del IRPF, y ahí hubo resistencia del presidente socialista de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que consideraba que eso era un disparate y que era una propuesta que había partido de los socialistas catalanes de acuerdo con la CiU que lideraba Jordi Pujol. Hoy las comunidades autónomas gestionan más del 30% del IRPF y no sé cuanto del IVA. Respecto las competencias únicamente encontré dificultades, porque son duros negociadores. Por ejemplo, con el Gobierno vasco, me tocó lidiar con un lendakari fantástico, Ardanza, sobre todo por su talante. Al final, se cerró un acuerdo y quedamos todos satisfechos”.

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-¿Qué opinión le merece la reforma del Estatuto de Autonomía de Canarias que se tramita en las Cortes?

“En esta reforma no he participado yo. Hay una reivindicación competencial sobre las llamadas aguas canarias, cuyo debate choca siempre con el derecho internacional del mar, el libre tránsito de embarcaciones y la contaminación de las aguas. Es una incógnita qué interés estratégico para Canarias puede tener esa competencia, porque tendremos que establecer una flota de vigilancia con un coste que hoy no tenemos y no ha habido problemas. Está, no olvidemos, el problema de la zona económica exclusiva, lo que podría traernos conflictos con Marruecos”.

-Pues para otros partidos es muy importante esta reivindicación, como CC, y para uno de sus ideólogos históricos, el exsenador Victoriano Ríos…

“Sí, sí, yo participé en el Senado y apoyé iniciativas en este sentido, pero es un tema más teórico que practico para el ciudadano. También hay otra reivindicación, la de los aeropuertos, con el debate de si gestión o cogestión, y ahí a las compañías aéreas les interesa que haya un control del Estado por el tráfico internacional. Hay otros aspectos que son de dudosa constitucionalidad a la vista de las sentencias que el Tribunal Constitucional dictó con motivo del Estatuto de Cataluña, pues creo recordar que en esta reforma se pedía tener un Consejo del Poder Judicial Canario y poder nombrar a jueces, magistrados y fiscales; pero para eso tendría que cambiarse la Ley Orgánica del Poder Judicial. Y luego está también el sistema electoral, claro”.

-¿Es urgente para usted la modificación del régimen electoral canario en el nuevo Estatuto de Autonomía?

“Sí, pero se aborda mínimamente, cuando se trata del problema principal para la mayoría de los ciudadanos, que no están conformes con la desproporcionalidad que hay en el Parlamento de Canarias”.

-¿En qué sentido se debería modificar en las Cortes? En el pasado fue CC la que maquinaba y lograba con sus alianzas de gobierno que no se tocara…

“En las Cortes, salvo que haya un pacto PP-PSOE en sentido contrario, el Estatuto de Autonomía puede cambiarse de arriba abajo. No se puede decir que se tiene que aprobar literalmente lo que acuerde el Parlamento canario, porque ya la reforma del Estatuto de 1996, cuando se elevaron las barreras del sistema electoral, se hizo en Madrid, no en el Parlamento de aquí. Y en aquella ocasión se trató de un acuerdo de CC con el primer Gobierno de Aznar. Yo voté en contra de ese mayor obstáculo para entrar en el Parlamento canario”.

-¿Le convence a usted alguna propuesta de modificación concreta en el reparto de escaños?

“Hay que reformar el sistema electoral no solo para Canarias, sino para toda España. Pero, desde luego, el problema es mucho más grave aún en Canarias, por el premio del territorio respecto a los habitantes. Yo abogo por el sistema electoral alemán, que combina la circunscripción territorial -en la que se elige al que más votos tiene-, pero luego el resto de escaños del parlamento se eligen en una lista nacional. Allí el ciudadano vota dos veces, a la lista nacional y a la lista de su circunscripción. La ventaja del sistema inglés es la cercanía del parlamentario a su electorado, pues para ganarse el escaño debe patearse su circunscripción y escuchar a sus ciudadanos, pero el problema es que por pocos votos, millones de votos se quedan sin representación en el Parlamento. Frente a ese sistema de mayoría está el de la proporcionalidad, que es el sistema francés, el italiano o el español. En el sistema alemán, si se eligen 40 diputados, una parte lo es los en barrios, y otra en una lista nacional, de forma que en esta va el aparato de los grandes partidos. Canarias, por tanto, podría combinar un número de parlamentarios por islas y luego una lista en representación del voto de todo el Archipiélago, y votar así en dos urnas o dos papeletas. De esta forma, se aminoraría la diferencia tremenda que hay hoy, porque existe demasiado premio al territorio”.

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-Pero están quienes rechazan (CC y ASG) tocar la triple paridad en el reparto de escaños alegando que entonces las islas no capitalinas serían marginadas por las capitalinas.

“Si es así, significaría que Canarias ha fracasado como comunidad autónoma tras más de 30 años de autonomía, porque en 1982 podría tener razón de ser, pero ahora no. Entonces había diferencias abismales entre vivir en las islas no capitalinas y hacerlo en las capitalinas, porque el centralismo de la dictadura -y de antes, incluida la República- hacía que las capitales y las islas capitalinas se llevaran el pastel en sanidad, en carreteras, en educación… Pero eso se corrigió en la autonomía, porque entonces las islas menores pasaron a ser periféricas y se cambió hasta la distribución del REF, de los ingresos de los cabildos; y luego se favoreció en inversiones a las islas no capitalinas para aproximar los niveles de vida, y hoy son similares. La mentalidad tiene que cambiar después de 30 años”.

-¿Usted tenía la sensación de ser un diputado de Gran Canaria o un diputado regional?

“Yo siempre tuve una visión regional. Yo he vivido en Tenerife como estudiante y profesor, he vivido en Madrid, en el extranjero, en Gran Canaria… y por encima de todo tengo la condición de canario. Y el Estatuto de Autonomía está para garantizar la igualdad entre todos los canarios, cualquiera que sea el territorio. Y esa igualdad no se la garantiza el sistema electoral. Hay que repasar en la vida parlamentaria y ver cuántas veces se ha vetado una iniciativa a los presupuestos por los votos de una isla. Y ha habido años en que Lanzarote era la última en inversiones. No digo con qué Gobierno. Y tenía razón la gente de Lanzarote en quejarse, pero ¿por qué se va a pensar que por cambiar el sistema electoral se va a perjudicar de antemano a las islas no capitalinas? Hay que ser serios y decir: señores, somos adultos, hay una educación que no había hace 30 años, hay un sistema sanitario, de comunicaciones, de puertos…, que no había entonces, ¿cómo vamos a volver a hablar de si las islas grandes explotan a las más chicas? Ese lenguaje hay que meterlo ya en un armario”.

-¿Usted ve posible en Canarias o deseable un pacto de gobierno entre PP y PSOE?

“Una democracia no puede estar bloqueada, no se puede poner la ideología por encima de las respuestas que necesita una sociedad. Si el sistema parlamentario te da una pluralidad, hay que buscar las coaliciones que sean más oportunas para resolver los problemas de la sociedad. Hoy ya no estamos en los primeros años después de la dictadura, ya no cabe hablar de malos y buenos; hoy somos un país democrático europeo, por lo que los pactos son legítimos siempre que sean democráticos”.

-¿Pero tienen que cambiar los líderes o la sociedad para entender un pacto como ese?

“Los líderes, por supuesto; no los votantes. El electorado se manifiesta libremente y, en todo caso, si no está de acuerdo con los pactos que ha habido en una legislatura, puede votar luego en contra de esos partidos que la han protagonizado”.

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