al golpito

Voluntariados que dependen de la caridad gubernamental

El valor, el trabajo y el compromiso de los voluntariados de las ONGs humanitarias en el mundo son de admirar. Todas ellas cumplen con un papel fundamental de cara a sus respectivos proyectos en las ayudas humanitarias. Muchas de ellas ya están consolidadas a través de los  distintos convenios institucionales que conforman el planeta tierra. La pobreza en este escenario de los vivos es extremadamente desigual y terrible. Hay mucho trabajo que hacer en un mundo de total desigualdad e injusticias; por lo que  muchas ONGs tienen muchos problemas para poder cumplir con sus proyectos con los países más necesitados. Mientras que los gobiernos más poderosos se preocupan más por aumentar el gasto en armamentos militar, millones de personas son “torturadas” y eliminadas por la pobreza extrema, el hambre, la escasez de medicinas, la marginación de los gobiernos, las ausencias de calidad de vida, educación sanitaria, el analfabetismo, la explotación de sexual y laboral de menores y  tráficos de órganos, motivan que millones de seres humanos estén condenados a una muerte segura. Así es el mundo actual del siglo XXI donde vivimos.  Muchas ONGs se ven impotentes ante las posturas impertérritas de los gobernantes, donde muchos de ellos, con sus estómagos llenos de suculentas comidas y bebidas, miran hacia el otro lado de una realidad sangrante y terrible. Lo cierto es, que algunas ONGs se ven discriminadas, aisladas e ignoradas por algunos políticos que presumen ser personas, pero  que en realidad no son otra cosa que meros seres humanos sin escrúpulos, mentirosos y cobardes. Son desechos de los muladares de la vida. Es triste ver como algunas organizaciones humanitarias vienen tocando puertas institucionales, días, tras días; mendigando una pequeña ayuda para poder salvar las vidas de muchas personas que viven en las peores pobrezas extremas del mundo. Sin duda, vivir de la caridad de un gobierno es muy triste y penoso. Sobre todo porque la impotencia te invade por todo el cuerpo. Que duda cabe, que el mundo actual es más injusto, desigual y criminal. Los hechos bélicos en este comienzo de siglo XXI hablan por si solos. Los ricos son más ricos y corruptos, y los pobres más pobres e ignorados. Con respecto a los niños las diferencias alcanzan el nivel más alto de desigualdad en los últimos veinte años. Así los señala un informe realizado por ONG Save The Children, titulado Borm Egual (Nacer en igualdad), tras un estudio en 34 países de el planeta analizando datos desde los años noventa del siglo pasado hasta la actualidad. Pero si la situación ya es alarmante entre la población en general, se extrema cuando se analiza sólo a los de la población infantil. “La brecha entre niños pobres y más ricos son considerablemente mayores que los huecos entre los adultos, lo que sugiere que los niños experimentan un efecto de desigualdad ampliada”. Y lo que es peor, las diferencias van en aumento”, advierte el informe. Por todo ello, la actual crisis económica que han inventado los gobiernos más poderosos, pero especialmente las recetas para salir de ella que se esta aplicando, están multiplicando la brecha entre ricos y pobres y no están demostrando que la pobreza es una posibilidad cercana para muchas personas y familias. Los pobres, por ser precisamente pobres, no tienen defensas ni derechos para combatir los sistemas gubernamentales, especialmente en aquellos países asiáticos, donde las castas predominan en las sociedades más míseras. Sin embargo, hay algo que los ricos y los gobiernos no tienen, pero que si tienen los más pobres: valores.  Mientras tanto, algunas organizaciones humanitarias dependen de la caridad gubernamental. Y es que con 300 gramos de gofio, por poner un ejemplo real, para cada niño en Nepal,  se pueden salvar miles de vidas.

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