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“Aumentan las mujeres de más de 40 años en tratamientos de reproducción”

José Carlos Alberto, director del Centro de Endocrinología de la Reproducción de Tenerife. Sergio Méndez
José Carlos Alberto, director del Centro de Endocrinología de la Reproducción de Tenerife. Sergio Méndez

Fue uno de los primeros médicos en Canarias que apostó por la reproducción asistida, allá por el inicio de los años 90. José Carlos Alberto Bethencourt actualmente dirige el Centro de Endocrinología de la Reproducción de Tenerife (CERT), pero ha sido jefe del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario de Canarias y uno de los padres de la Unidad de Reproducción de este centro.Durante la entrevista concedida a DIARIO DE AVISOS analiza el pasado, presente y futuro de estas técnicas.

-¿Hacia dónde va la reproducción asistida?

“En reproducción asistida estamos en una situación muy cómoda. Hemos controlado bastante bien los efectos secundarios de las técnicas, que eran, básicamente, el síndrome de hiperestimulación ovárica y los embarazos múltiples. También han mejorado los sistemas de congelación del material biológico. ¿Hacia dónde caminan las cosas? La ley española permite la reproducción asistida para tratar la infertilidad y para evitar embriones afectados por enfermedades genéticas sin tratamiento o de aparición precoz y para mujeres solas. Ha ido creciendo la indicación en cuanto a las enfermedades genéticas. En ese sentido, vamos hacia una mejora de las técnicas, pero, sobre todo, de la genética. Podemos coger a esas familias que tienen una mutación y no transferir una enfermedad. El gran debate es el futuro”.

-Entonces, el futuro no va tanto de ayudar a las familias que no pueden tener hijos, sino de que los niños sean sanos.

“Exactamente. Hay un tema que es la discusión de por qué la gente o la religión ponen pegas a la reproducción asistida, pero la sociedad no está dispuesta a renunciar a ella. Primero, porque ayuda a las parejas que no pueden tener hijos, pero es que, además, estamos cortando todas las enfermedades raras, todos los niños que nacen con alteraciones. Esa fase de la reproducción está aumentando. Cada día resulta de mayor impacto para poder resolver esos problemas”.

-¿Canarias ha sido líder en esta materia?

“Empezamos hace 25 años cinco personas en un equipo en el Hospital Universitario de Canarias (HUC). Con los años, este grupo se convirtió en unas 25 o 30 personas y los laboratorios cambiaron. Desde hace unos ocho años, la unidad de reproducción del HUC es, junto con la del Hospital la Fe de Valencia, la que más ciclos hace. Empezamos siendo unidad regional y luego Las Palmas creó una en el Hospital Materno Insular, pero el HUC sigue siendo hospital de referencia para el resto de las islas. Aunque me llegan rumores de que ahora quieren dividirla en dos provincias. En cuanto al número de ciclos, la unidad del HUC es la primera o la segunda, depende de los años”.

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-¿Qué ha aportado la reproducción asistida en estos 25 años?

“Es un hito dentro de los impactos científicos importantes, pero también hay otros, como el mapa genómico. Ahora, en el caso de la reproducción asistida se unen la importancia científica y la repercusión social. Ha contribuido a un montón de cosas. Las familias ya no son las tradicionales, cambian los modelos. Para la mujer, al igual que ocurrió con la anticoncepción, la reproducción asistida es una revolución porque puede separar la reproducción de otros ámbitos. Ahora la mujer primero estudia, se forma, logra un estatus laboral y luego tiene hijos. En ese momento que quiere ser madre ya el ovocito no está en condiciones. Ahora lo que se hace es que los puede coger a los 30 años, los congela y luego puede tener hijos cuando quiera ser madre. También ha supuesto mejoras en el diagnóstico genético. Las familias condenadas a tener hijos con enfermedades autosómicas recesivas lo pueden evitar. No es solo una repercusión científica, sino también social. Es muy importante”.

-¿Qué porcentaje de la población acude a estos tratamientos?

“Es difícil saber, pero debe de estar aumentando. El 15 % de las parejas tiene problemas de fertilidad, lo que pasa es que no se incluía el porcentaje correspondiente al diagnóstico genético. No quiere decir que todos lo utilicen, pero el 15% lo necesita. En Canarias se hacen unos 3.000 tratamientos al año, entre centros públicos y privados”.

-¿Cual es el perfil de las personas que acuden a estos tratamientos?

“Por definición, se empieza a estudiar a las parejas que llevan un año teniendo relaciones sexuales sin anticoncepción y que no se quedan embarazadas. Si la mujer ya tiene 38 y ve que no se queda embarazada, en seis meses debe ir al médico porque el tiempo se agota. Ahora, hay un aumento extraordinario de la mujer de más de 40 años que no ha tenido hijos y que quiere tenerlos. Ese es el grupo de mayor incidencia. Hay un porcentaje alto de mujeres solas en ese grupo. También encontramos la importancia, aunque no en número, de casos por enfermedades genéticas”.

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-¿Y la edad media de los pacientes?

“El 40% de los tratamientos que se hacen en la clínica privada es de donación de ovocitos, en mujeres de más de 40 años. En aquellas en donde la reserva ovárica se ha agotado. En el resto, que son para el primer embarazo, la media son los 36 años. La media de edad se ha retrasado un año”.

-¿Son realmente efectivas las técnicas aplicadas?

“Sí, cada vez más. Cuando yo empecé, en el año 90, los datos de la Sociedad Española de Fertilidad mostraban que se conseguían el 18,5% de embarazos por cada 100 ciclos. Estábamos contentísimos. Ahora estamos en alrededor del 49% en centros de alta dotación. Aunque el dato puede estar viciado por dos motivos. Primero, por algunas acciones de marketing. El otro motivo es que, cuando uno ve las cifras de la Asociación Europea y coge los datos de los ciclos, se mezclan los centros de alta calidad y los de baja. La media en Europa está en más del 36% de efectividad”.

-Hace 25 años, ¿cuántos ciclos se hacían?

“Cuando empezamos, llegamos a hacer en el HUC entre 1.100 y 1.200. La cifra ha bajado un poco porque Las Palmas tiene su propia unidad. No ha aumentado la incidencia, sino que la gente va más, por eso las cifras son casi iguales”.

-¿Hay personas que aún se resisten? ¿Sigue siendo un tabú?

“Una de las cosas que tienen los centros de reproducción es intimidad, porque a algunas personas, sobre todo varones, no les gusta que los vean ir. Al principio era muy marcado el tabú. Ahora se va superando, pero aún queda algo de resistencia. Aunque ya la gente tiene confianza en la reproducción”.

-¿Cuales son los tratamientos más frecuentes y más efectivos?

“La microinyección espermática. La fertilización in vitro es una técnica que cambia. Una vez que se tiene el ovocito y el espermatozoide, hay que decidir cómo se fertiliza. Hay una técnica que es la convencional, y otra, que está ganado cada vez más adeptos, en la que hay que microinyectar el espermatozoide. Esa es la que más se hace últimamente en los centros”.

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