reflexión

Cuando es la madre quien visita

No es complicado entender que lo más común entre nosotros es que los hijos emancipados, que ya vuelan solos o en familia, visiten de vez en cuando el hogar sus progenitores. Tal vez porque su madre es abuela de sus hijos o porque «ir a casa de mamá» tiene un fundamento terapéutico que, aunque no lo dijeran los psicólogos, todos lo reconocemos con facilidad. Triste es cuando ya no se puede ir a casa de nuestra madre porque en casa ya no está nuestra madre. Por eso, mientras está, no debemos despistarnos de introducir esta visita en nuestro proyecto de vida.

El pasado domingo se hizo público que, con ocasión del bicentenario de la fundación de la diócesis Nivariense, o de San Cristóbal de La Laguna, la imagen de la Virgen de Candelaria visitará la zona metropolitana. Una semana en Santa Cruz y otra semana en La Laguna. La segunda quincena del mes de octubre de 2018. En este caso, de manera simbólica y en su imagen tan venerada entre nosotros, es la madre la que vendrá a visitar a sus hijos. Todo un detalle.

¡Cuánta necesidad tenemos del afecto maternal! Nos viene bien redescubrir la alegría de la gratuidad, la presencia saludable de la solidaridad, la opción incondicional por el bien del otro. Eso nos lo muestra con tremenda elocuencia la presencia de una madre. Y cuando la madre es así de grande como es la Madre de Dios, la elocuencia es evidencia. Bienvenida la iniciativa pastoral de esta visita y nuestro deseo de que se cumplan todas las intenciones y esperanzas puestas en ella.

Tal vez nos venga bien recordar algunas certezas básicas, para no estropear la iniciativa con un lenguaje incómodo por impropio: la visita es de la «imagen» de la Virgen de Candelaria. Su presencia en la zona metropolitana es un detalle de devoción de los diocesanos a la advocación que se venera en la zona costera de Candelaria. Es la Patrona del Archipiélago de Canarias y, bien nos hace su patrocinio cuando estamos a punto de cumplir dos siglos como Iglesia particular. Una imagen no es más ni es menos que una imagen. A nadie se lo ocurriría decir que tiene en su cartera a sus hijos o a su novio o a su pareja. En la cartera guarda su imagen. Con qué devoción nos enseñan las abuelas las fotos de sus nietos contenidas en la galería de imágenes de su móvil… Pero tampoco aceptarán los citados que les digan que esas imágenes contenidas en su cartera o en el móvil son una tontería que no tienen valor alguno para ellos. El valor lo da el afecto. Y, en relación a la Virgen de Candelaria, yo no cuestionaría el afecto de nuestro pueblo.

Las grandes iniciativas de nuestra diócesis siempre han estado puestas a los pies de la imagen de la Virgen de Candelaria.

Juan Pedro Rivero González
@juanpedrorivero

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