sucesos

La mató el sábado y volvió el lunes para quemarla con la casa

Un patrulla de la Policía Nacional permanece en el exterior del HUC durante la presencia, en la mañana de ayer, del ya arrestado Iván. ANDRÉS GUTIÉRREZ

Desde que se encontró el cuerpo sin vida de Vicky en su casa lagunera de toda la vida, ya resultó imposible contactar con Iván, su pareja sentimental desde hace unos 10 años. Las sospechas que tal conducta alimentó fueron confirmadas en la madrugada de ayer, tras ser arrestado por dos policías locales de servicio nocturno en una calle de El Médano, a quienes confesó el terrible crimen que había cometido. Antes había protagonizado dos tentativas, algo burdas, de suicidarse. Eso sí, motivos tenía para no soportar ni su propia presencia: en realidad, María Victoria, de 44 años de edad, encontró la muerte el pasado sábado, día en que un violento golpe propinado con un objeto descrito como compacto y de apreciable tamaño le partió el cráneo. Dos días después, el pasado lunes, el presunto asesino volvió al escenario del crimen, una casa del Camino de la Rúa, para borrar su rastro con fuego. El resultado fue similar a cuando se cayó de las sillas de playa a las que se subió para ahorcarse poco antes de ser capturado: un desastre. Hoy, Iván está a buen recaudo en una comisaría de la Policía Nacional, a la espera de ser puesto a disposición de la autoridad judicial, lo que previsiblemente tendrá lugar hoy o, quizás, mañana.

El relato

La relación de los hechos que desembocaron en otra muerte más relacionada con la violencia machista en España (dos casos en Canarias el pasado fin de semana, al sumarse el de Telde al que nos ocupa) bien puede iniciarse con la relación sentimental que, con carácter estable, mantuvieron durante un decenio Vicky e Iván. Ella le llevaba casi seis a él, y tenían como residencia el viejo caserón heredado de los padres de la víctima, cuyo costoso mantenimiento general les impedía afrontar gastos como el adecentamiento de su cara exterior, tan deteriorada que en las primeras informaciones se apuntó a que estaba abandonado. Sobre cómo le iba a una pareja que termina con semejante horror, hay que apuntar que no constan denuncias previas entre ambos ni ha trascendido que amigos y familiares supieran de algún incidente violento anterior a este.

Por todo ello, ganó fuerza de inicio la hipótesis de que una riña sin más expectativa de agravarse había degenerado tanto que se tornó violenta y por ahí llegó el golpe tan brutal que, salvo que la autopsia concluya otra cosa, resultó definitivo. Sin embargo, fuentes conocedoras de los pormenores del caso confirmaron ayer a este periódico que todo ello, incluida la violenta muerte de Vicky, ocurrió el pasado sábado, y no en la mañana del pasado lunes.

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Tal lapso de tiempo, hasta ahora desconocido, motiva que pierda fuerza esa supuesta riña casual que acaba fatal, habida cuenta del cúmulo de frialdad y ausencia de culpabilidad necesario para ocultar la muerte de una persona tan cercana durante, más o menos, dos días. El hecho de que, tras tener tanto tiempo para la reflexión, el asesino finalmente incendiara la casa en su afán de acabar con las pruebas que le incriminasen con el crimen fue una maniobra de tal torpeza que, en realidad, bastó unas miradas de los expertos bomberos del Consorcio tras sofocar las llamas y encontrar a la infortunada Vicky para saber que nada de aquello era fruto del azar. Basta para saber sobre su escaso acierto que, si bien llegó a rociar parte del cuerpo de la fallecida con la gasolina que pretendía acelerar las llamas, el cadáver no fue pasto de las mismas, como tampoco estallaron las dos bombonas propias de acampadas que colocó junto a la mujer.

Mientras el dramático hallazgo se producía, Iván ya había puesto tierra de por medio, si bien fue a refugiarse en El Médano, concretamente en un apartamento cuyo titular podría ser alguno de sus familiares. No en balde, si bien consta como nacido en Santa Cruz de Tenerife, algunos rumores apuntaban hacia el Sur para saber de sus orígenes.

La escapada

Supuestamente atormentado por la culpa, el detenido protagonizó un par de intentos de suicidio con tan escaso éxito que hace dudar sobre si el propósito era real. Al intentar colgarse, Iván (que posiblemente buscó alivio en la ingesta de alcohol) se cayó de las sillas playeras a las que se subió. Dolorido tras el costalazo, pidió auxilio y así fue hallado por miembros del Servicio de Urgencias Canario (SUC) y la pareja de agentes de la Policía Local granadillera que finalmente lo capturó.
Pasaba algún minuto de las tres menos veinticinco de la madrugada del lunes al martes, unas 16 horas después de que transcendiera el triste final de Vicky, cuando Iván D. E. se encontró con sanitarios y policías en la rotonda situada frente al antiguo hotel Los Balos, hoy inmueble destinado a viviendas vacacionales y que, por su otra fachada, se asoma a la paradisíaca Playa Grande, emblema local junto a la Montaña Roja.

Los agentes granadilleros actuantes tardaron muy poco en detectar el nerviosismo de aquel varón atendido por el SUC, y en pocos minutos Iván se derrumbó, confesando a los sorprendidos agentes que había acabado con la vida de la mujer con la que sumaba ya dos lustros de relación sentimental.

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Dada la importancia del caso y sabida la localización del ya deshecho en el autoreproche, la custodia del ahora detenido pasó a la Policía Nacional, que lo mantiene encerrado en los calabozos de una de sus comisarías del área metropolitana, previa visita al Hospital Universitario de Canarias para que fuera atendido por las autolesiones referidas, cuya importancia no es de gravedad por cuanto, a media mañana de ayer, abandonó dicho recinto hospitalario en dirección a una celda. Lo normal es que permanezca encerrado hasta la celebración de un más que previsible juicio.

El instinto de los policías locales les hizo sospechar desde el primer momento

Los dos policías locales de Granadilla de Abona que lo arrestaron en la madrugada del pasado lunes al día de ayer en una vía pública de El Médano no tenían conocimiento oficial de que se buscaba a un sospechoso de ser el posible autor de un delito de asesinato vinculado a la violencia de género, pero en esta ocasión no se trata de falta de coordinación, como sí ocurrió en el pasado con casos similares.
La clave del aparente contrasentido pasa porque, técnicamente, no era aún sospechoso de tal crimen, sino que era buscado para, simplemente, preguntarle por la muerte de su pareja sentimental. Ello se debe a que no había aún indicios suficientes, ni mucho menos pruebas, como para considerar a Iván como un sospechoso.

Otra cosa bien distinta será cuando los expertos de la Policía Científica finalicen el análisis de lo hallado en el escenario de la violenta muerte de Vicky, si bien la espontánea confesión de Iván ante los policías locales supone, claro está, la prueba más destacada recabada contra el que fuera pareja de la fallecida durante un largo decenio.

En cuanto a la detención, a los policías no les influyó la ausencia de un aviso oficial para darse cuenta, casi de forma instantánea, de que algo ocultaba ese reclamante de auxilio por unas heridas que aseguró propias de una autolesión. Llamada la atención policial, la escasa entereza de Iván se volatilizó y, en apenas unos minutos, ya revelaba entre lamentos haber matado a su pareja.

Esta demostración de su oficio y, sin duda, lo oportuno de la actuación, motivó ayer que los dos policías fueran públicamente felicitados por parte de, por ejemplo, Jacobo Pérez, concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Granadilla, o desde el recién creado Sindicato de Policías y Bomberos de Canarias, a través de su secretario de Acción Sindical, Alfredo Balbín.

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