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El fútbol

La única afición irrenunciable que me queda es el fútbol. Y, dentro del fútbol, el Real Madrid; es decir, el mejor equipo del mundo. Y no lo digo sólo yo sino también la FIFA, que lo declaró mejor club del siglo XX. Lo que está haciendo el equipo este año es increíble, bate todos los récords, marca en todos los partidos, ha arrebatado el liderato al Barça, ha goleado en sus últimos encuentros y está a un punto de proclamarse campeón de Liga y de Champions. Le quedan dos partidos para la gloria, que tantas veces ha tocado con las manos. Da gusto ver jugar a este equipo, todo pundonor, fuerza y honestidad. El Real Madrid, el equipo más famoso y de mayor presupuesto del mundo, ha pasado años complicados pero ha hallado, por fin, la estabilidad desde que ganó la décima, que marcó una frontera.

Ahora va a por la duodécima Champions, hazaña que no ha alcanzado ningún equipo en la historia. Es decir, el Madrid sigue haciendo historia, provocando envidias y también haciendo feliz a mucha gente. Entre ella, a mí. No sé lo que pasará en Málaga el domingo, ni lo que sucederá en Cardiff en los primeros días de junio, pero este Real Madrid parece imparable. Lo único que perdió fue la Copa del Rey y todavía no me lo explico, porque fue ante el Celta y el Celta no es nada del otro mundo. Pero la cantidad de envidias que despierta este equipo es tremenda. Contra el Madrid hay alcaldes que llaman a la guerra santa (como el de Vigo) y se habla de supuestas primas a terceros, que quedan dinamitadas en el campo. Este es el Real Madrid de don Santiago Bernabéu, el de las grandes tardes, aquella máquina imparable capitaneada entonces por Di Stéfano y hoy por Cristiano Ronaldo. ¡Hala, Madrid!

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