superconfidencial

Pedro Go

En tiempos de la oprobiosa, en una de aquellas emisoras del régimen -todas lo eran-, intervenía diariamente con un comentario el periodista -también del régimen- Pedro Gómez Aparicio. Creo que era en Radio Nacional de España. Eran tan pesadas las crónicas radiofónicas de este discípulo del cardenal Herrera Oria, y también uno de los fundadores de El Debate y profesor de la Escuela Oficial de Periodismo, que la gente apagaba la radio cuando el locutor anunciaba su nombre, pero sin terminar de pronunciarlo; así que don Pedro Gómez Aparicio pasó a la historia como Pedro Go, ya que los radioescuchas, en ese instante, apagaban el receptor. Esta anécdota es muy conocida y se puede consultar en la Internet. A mí me la confió un viejo periodista llamado Gerardo, que había sido corresponsal en el Vaticano y que cuando la huelga que organizó el Partido Comunista en el DIARIO DE AVISOS, recién trasladado a Tenerife desde La Palma, nos llegó como refuerzo. Estaba ya jubilado, en 1976. Era un periodista de mesa, muy seguro y muy pelota del director, y un experto conocedor del pequeño Estado pontificio. Gerardo (lamento no acordarme de su apellido, creo que era García) era amigo de Pedro Go, pero no compartía la densidad expositiva del alumno de Herrera Oria. Y es que ha habido, y aún existen, periodistas cuya capacidad de síntesis es nula. Ahora, con los digitales y como el espacio de la Internet es infinito, se reproducen rollos terribles, reportajes larguísimos, informes demasiado densos, en casi todas las publicaciones. No se dan cuenta sus autores y sus responsables de que la brevedad es la esencia del periodismo. Con lo maravilloso que es el puto folio, un castigo para el cronista de todos los días, pero también un alivio para el lector de periódicos, sean de papel u online.

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