El charco hondo

Vino del país

La discrepancia tiene una cierta cobertura argumental, el sofocón bastante menos. Resultando razonable (lo justito) que a Ciudadanos le incomode que la campaña del 30 de mayo anime a construir país, la dramatización, exagerar como lo han hecho, debilita el fundamento de la queja. Tratándose de una campaña institucional (la del día de Canarias, en este caso) es comprensible protestar por una referencia que no siendo compartida por todos constituye una interpretación solo de parte: la consideración de Canarias como país. Ahí termina la discrepancia razonable, el resto se mueve en el terreno de una dramatización prescindible. Denunciar, como así lo han hecho, que tal alusión constituye un síntoma de radicalización o, ya lanzados, que transpira apetitos independentistas o afán de levantar muros, en fin, vamos a ver, una de dos, o Ciudadanos infla el globo a sabiendas o nadie les ha contado la apasionada luna de miel de los gobiernos de acá y allá. Estando fuera de toda duda que el actual Gobierno se siente en casa cuando pisa los ministerios, ¿cómo pueden insinuar inquietudes separatistas?, ¿a santo de qué ese pesar? Construir país no es necesariamente excluyente (no lo es, de hecho). Los vascos han construido país colando su cuponazo en la negociación de los presupuestos estatales, cuentas que Ciudadanos apoya sin echarse las manos a la cabeza. En ocasiones, como esta vez, las razones pierden fuelle cuando se cae en la tentación de la exageración, del dramatismo forzado. Construyendo Canarias se construye España. La normalidad es un escenario amplio, un espacio donde los distintos territorios pueden (y merecen) construirse con una arquitectura tan propia como su personalidad. El dramatismo difumina el argumento de partida por parte de quienes, en las filas de Ciudadanos, cuando piden vino, papas o carne del país no sienten que estén radicalizándose.

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