DespuÉs del

Autopista del Norte

Es presumible recato y buen juicio en la política. Si el dignatario tal contraviene sinuosamente lo uno o lo otro, se le aplica la expresión correspondiente: deshonesto o torpe. Pongamos, además, que la actuación confirme provecho por cargo. Entonces es presumible admitir otra evidencia: que tapa, que no hace relucir lo que en el ámbito que gobierna ocurre u ocurrió.
El presidente del Cabildo de Tenerife, que es don Carlos Alonso Rodríguez, ha tenido a bien culpar del colapso de la autopista del Norte a la Universidad de La Laguna. Ello no es solo excesivo, sino que señala una conducta indigna y proclama lo que esa derecha, que se dice (y no prueba ser) nacionalista, manifiesta contra una institución que debiera ser el orgullo de todos, además de contar con la más absoluta e incondicional protección. Porque con esa seña es con la que nos ganaremos el futuro, a no ser que los susodichos administren para sí y los suyos títulos más ilustrados en instituciones de fuera. La cuestión que ha de aducirse es la del respeto debido, en tanto respeto es la condición, que no solo afecta al político dicho, sino que acompaña a la dignidad y solvencia de la sociedad a la que representa. Porque ni racional ni estadísticamente la salida de más de don Carlos se ajusta. Pongamos que la ULL cuenta con 23.000 alumnos. ¿Cuántos del Norte en sus filas? ¿Todos en coche? ¿No vive una importante cantidad de ellos en La Laguna? ¿Han hecho el estudio correspondiente? ¿Y lo callan? Lo que asegura ese juicio es que el Cabildo está atrapado por semejante contingencia que dura ya muchos años. El asunto es señalar a un culpable. Inopinadamente encuentra a quien prevé que es el débil. Es decir, no forman parte de ese cómputo los desplazamientos diarios por motivo de trabajo o por comercio hacia la capital o hacia el Sur. Eso no interesa nombrar; se cita a los alumnos de la ULL. Luego, se le pide a la universidad que las clases comiencen a las 10 de la mañana (¡!) para ellos ajustar. Ese es el valor que tiene la ULL para el aludido, no que sea eficaz y se asiente en la solvencia y en el rigor.

Así que cabe plantearle al señor Alonso, porque quiere resolver el problema, que replantee el plan del túnel del Norte hacia el Sur. ¿Él también anda comprometido con los intereses del agua? ¿Teme que esa prospección colapse algunos ingresos de los suyos?

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El futuro mira a esas desproporciones. ¿A dónde nos llevarán sujetos como los entrevistos, al ridículo o al absurdo? Quien piense, vote.

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