los crímenes que nos conmovieron

Cuando nadie firma la masacre de siete canarios en el mar

En ocasiones, el crimen trasciende desde la lógica conmoción que suscita cualquier acto de estas características por la barbarie, consecuencia y sinsentido del mismo. Pocos ejemplos encontramos en la historia de Canarias como la masacre que tuvo lugar en el pesquero Cruz del Mar, donde siete de sus diez tripulantes fueron asesinados vilmente por hombres armados que los abordaron a finales de noviembre de 1978. Nadie reivindicó la acción, cargada de matices políticos, y que se produjo en plena controversia por el control del Sahara Occidental. Aunque el Frente Polisario fustigaba por aquel entonces a las embarcaciones que faenaban en las aguas propias a este territorio, no son pocos quienes señalan a Marruecos como responsable de un ataque tan oportuno para dificultar el acercamiento que, entonces, se producía entre Madrid y los saharauis.

Sin escrúpulos

Tiene todos los agravantes que califican a un asesinato. Era de noche, la acción estaba planeada y las víctimas no tenían capacidad alguna de hacer frente a las metralletas que portaban los aproximadamente veinte hombres que irrumpieron en el pesquero, fondeado a dos millas y media de Punta Cabiño, al norte de Cabo Bojador. Era el 28 de noviembre de 1978, y los criminales llegaron en una zodiac de gran tamaño, algunos dominaban el castellano y de inmediato los alinearon en la proa del barco.
Con evidente preparación para cometer tal tropelía, saquearon las pertenencias y colocaron un explosivo en las bodegas, para luego abrir fuego contra los marineros. Increíblemente, tres de ellos sobrevivieron al tirarse por la borda, gracias a lo cual se conoce con detalle lo que pasó. Se trata de Miguel´Ángel Rodríguez García, su hermano Eusebio y Manuel Hernández Marrero, que permaneció aferrado a la pala del timón.

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En cuanto a la relación de fallecidos, fueron el patrón del pesquero, José María Hernández Marrero; el contramaestre, Agustín Hernández Marrero; los marineros Juan Suárez Rodríguez, Amador Hernández Marrero, Rafael Salas Fernández, Alfredo Rodríguez Marrero y Sebastián Cañadas García. El último de los citados tenía apenas 14 años de edad cuando cercenaron su existencia de modo tan vil.

Tras dejar el pesquero, una potente explosión lo envió al fondo del mar y destruyó las pruebas. Los tres afortunados se las ingeniaron para mantenerse a flote hasta que, ya de madrugada, recibieron auxilio por parte de otro pesquero, Chico Grande, y posteriormente llegaron a la zona el destructor Churruca y la corbata Atrevida.
La presencia de estos navíos de la Armada española obedece a que el contramaestre tuvo tiempo de alertar por radio a las autoridades españolas sobre el abordaje. El Cruz del Mar tenía su base en el puerto de La Luz y de Las Palmas.

Reacciones

Como no podía ser de otra manera ante la gravedad de lo sucedido, el Gobierno de España, presidido entonces por Adolfo Suárez, se reunión de urgencia y pronunció “la más enérgica repulsa por la barbarie del incalificable hecho”, pero no hubo mayores consecuencias. Hoy en día, tampoco extraña en demasía que España reaccione con tibieza ante los hechos consumados de sus antagonistas en esta parte del Océano Atlántico.

En un primer momento, lo normal era señalar hacia el Frente Polisario, muy distinto al actual dado que aún no había renunciado a la lucha armada en defensa de sus derechos.
Sin embargo, cabe señalar lo oportuno que resultaba el ataque para frenar el acercamiento citado entre Madrid y los polisarios, así como que la presencia de tropas del país continental vecino donde se produjo el ataque durante las jornadas siguientes al mismo despertó suspicacias sobre su posible implicación en el terrible ataque contra los pescadores canarios.

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Sea como fuera, nadie reclamó para sí la autoría de lo que no se puede más que calificar como un crimen, más absurdo aún si cabe de lo que en esencia es cualquiera. A resultas del mismo, siete trabajadores canarios, entre ellos un chico de apenas 14 años, fueron asesinados mientras se ganaban la vida en un medio tan hostil como es el océano.

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