Domingo Cristiano

Saber irse es saber estar

En algunas cosas de Iglesia sucede lo mismo que en algunos aspectos del resto de la vida. Me refiero a que, evidentemente, los creyentes no quedamos al margen de tener comportamientos narcisistas, egos sobrealimentados, estancamientos en la zona de confort, falta de fe y esperanza a la hora de leer la Historia e interpretar sus derroteros, falta de caridad al influir en el devenir de esa misma Historia…

Todo esto me ha venido a la cabeza tras leer múltiples informaciones, no todas recientes, sobre un cardenal de la Iglesia que, a mi juicio, patalea irresponsablemente cual niño al que le ha nacido un hermanito y ni acepta dejar de ser el príncipe de la casa ni está dispuesto a formar parte de la nueva aventura.Se trata de mi opinión, y no digo con esto que Gerhard Müller participe totalmente de tales imbecilidades. Pero lo pone muy fácil para que lleguemos a esa conclusión, seguramente algo precipitada.
Ésta es la historia: Müller era hasta el mes pasado el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, algo así como el ministro del Papa para los temas que hacen referencia a lo que creemos. En un departamento que es primo lejanísimo del Santo Oficio -anda que no hace siglos de eso y todavía seguimos con la cantinela-, su trabajo era decidir si la opinión de tal o cual teólogo es conforme a la fe de la Iglesia o no. Eso entre otras muchas tareas y simplificando por mi parte hasta el infinito y más allá.
Tras cumplirse los cinco años por los que había fichado con el anterior Pontífice, Francisco ha decidido relevarlo de ese cargo. Es ridículo defender que se trata de una sustitución inocente, como manifiestan algunas voces oficiales, que no sé cómo pueden pensar que alguien es tan tonto como para creerse tamaña simpleza.
Pues claro que no. Deducir que el cese de Müller es un gesto cargado de intención es tan acertado como concluir que no podía seguir en ese puesto una persona que abiertamente ha echado leña a la hoguera que encendieron los que pregonan a voces que Francisco actúa contra la tradición y la fe de la Iglesia. Pues no, ahí no puedes estar.
Yo creo que es lícito disentir, pensar distinto del que manda e, incluso, actuar de forma diferente en aquello que es opinable en sentido amplio. Esta pluralidad, a veces colonizada más que valorada, es uno de los tesoros que más frutos da en la Iglesia. Pero no te conviertas en un hooligan, hombre. De pandillero, no. Ahí, concediendo entrevistas para poner a caldo al otro, que es la cabeza visible, pues no.

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No, porque lo que tenemos entre manos es la fe en Cristo, que no es un patrimonio, sino una experiencia. No, porque el mundo se escandaliza con razón y se confunde sobre lo que somos cuando cree que estamos en guerra civil, en una contienda entre sotanas y descamisados. No, porque cuidar la fe y mantener la comunión son dos formas de abrazar la presencia de Dios.
No. No podemos, bajo la excusa de la fidelidad a Dios mismo y su mensaje, dar una patada a la senda que ese Dios abre en medio de la Historia con cada paso del que ha elegido para unir a todos bajo un mismo paraguas. Es el Papa quien marca el rumbo. Y no lo hace por impulsos populistas. Lo hace después de haber visto las entrañas de misericordia de Dios y haber recibido el encargo de compartir esa experiencia, sin que se pierda ni uno solo. Pues eso, hermano Müller, que hay que cuidarse para que el polvo del camino no se nos pegue. Y que saber irse es una forma excelsa de saber estar.
@karmelojph

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