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“Tomo decisiones rápidas y no lo dudo; prefiero arrepentirme que no hacerlo”

Carlos Correa tiene su despacho en el edificio que también alberga a la Gerencia de Urbanismo, en Tres de Mayo. F. P.

Su llegada al Ayuntamiento de Santa Cruz obligó a la propia institución a tomar conciencia de lo que significaba realmente la accesibilidad, a mirar su propio funcionamiento, a ir más allá de tramitar las quejas, ayudas, o peticiones de las personas con discapacidad. “A la primera reunión que asistí como concejal me convocaron en el antiguo edificio de Fides, que solo es accesible en su entrada. La reunión era en el segundo piso. Cuando llegué creo que fue la primera vez que se dieron cuenta de que tenían que cambiar las cosas en el Consistorio”. Esta anécdota la cuenta el concejal de Accesibilidad, Sanidad y Medio Ambiente, Carlos Correa (PP) y lo hace con una sonrisa. También recuerda cómo semanas antes de que se celebrara el primer Pleno al que asistía comunicó que necesitaba una rampa y un baño adaptado. La rampa existía. El baño, no. “Me dirigí a Alcaldía y les dije que yo no podía estar ocho horas sin ir al baño, que es lo que duran los Plenos. Que, en todo caso, si el resto de concejales aguantaba pues yo también”. Alcaldía cuenta con un baño adaptado desde hace dos años.

Carlos Correa admite que su carácter fuerte y decidido le ha servido para afrontar los obstáculos que la vida ha ido poniendo en su camino, entre ellos, la propia silla de ruedas. “Sufrí un accidente de lancha cuando tenía 21 años (ahora tiene 43) y las lesiones fueron tan graves que me quedé en silla de ruedas”. El ahora concejal no lo recuerda con amargura, más bien con serenidad y como subrayándose a sí mismo que son cosas que pasan y ya está. “Fue en agosto de 1995. Chocamos con unas piedra y salí volando y caí contra las rocas”. El resultado fue una disección de la aorta que le provocó un infarto medular y ese la paraplejia. Asegura que con esa edad, fue más duro para su familia afrontar la situación que para él mismo. “No fue algo que me impactara mentalmente más allá de lo que el accidente significa”, explica. Fue a su madre a la que más afectó la situación, incluso más que al propio Correa. “Cuando yo salí del hospital, la ingresaron a ella”.

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Ante un panorama en el que, muchas familias se verán reflejadas, el edil, tuvo claro que, acostumbrarse a su nueva situación era una cuestión de tiempo, con la pequeña diferencia de que, “cuando te rompes un brazo o te cortas, te dicen, tranquilo eso te lo cura el tiempo, lo que pasa es que en este caso esa definición de tiempo no cabe”. Como no podía ser de otra forma, su familia, y en especial su padre, se volcó con su rehabilitación. A los tres meses del accidente volvió al trabajo. “Tenía lo que tenía, una paraplejia, no era una gripe que se iba a curar”, dice. Pero el empeño de Andrea y Augusto, que así se llaman sus padres, lo llevó hasta Cuba. En la isla caribeña se encuentra uno de los centros más prestigiosos del continente americano. Después de ocho meses, “pasé de mantenerme en pie con una férula y un andador a caminar un kilómetro y medio”. Ya de regreso a Venezuela tomó la decisión de venir a Canarias. “Empezabas a ver que el país no iba todo lo bien que uno pensaba y como mi familia era toda de La Gomera, decidí que era el momento de experimentar algo nuevo”. De nuevo su madre fue la que más se preocupó. Correa la tranquilizó, “si me va bien me quedo y si no, pues me vuelvo”.
Y le fue bien. “Estuve viviendo unos meses en La Gomera y ví que había muchas posibilidades de evolucionar y llamé a mi novia y le dije que me quedaba. Que si quería nos casábamos y si no pues ya nos veríamos”. Dijo que sí. Organizaron la boda en Venezuela, fue, se casó, y volvió. “Tomo decisiones rápidas y no lo dudo. Prefiero arrepentirme de hacer las cosas que no haberlas hechas”, afirma el concejal.

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Su primer contrato fue a través de un convenio con el SCE que le permitió trabajar seis meses en el Ayuntamiento de La Laguna. “El primer día no pude entrar”, recuerda. El edificio no era accesible. La solución fue mandarlo a casa una semana.
Después de años en el sector privado decidió presentarse a la convocatoria de la entonces CajaCanarias. “Me presenté por el turno libre y por el de personas con discapacidad”, recuerda. “En este último, primero te entrevistaban y dependiendo de eso hacías la prueba; en el otro lado era al contrario, primero prueba y luego entrevista. En la de discapacidad no pasé la entrevista. Por el lado libre entré a CajaCanarias”. “Alguien se equivocó”, dice entre risas. Terminó como responsable de la web corporativa y comercio electrónico.

La política

La fusión de bancos le obligó a un nuevo cambio. “Pasé de CajaCanarias a Banca Cívica y de repente era empleado de Caixa”, recuerda. Le ofrecieron irse a Barcelona, pero declinó la oferta y pasó a formar parte de la red de oficinas. “Recuerdo que después de un curso de tres horas, me mandaron a caja”. No tiene problema en reconocer que “la primera semana me la pasé con diarrea. La gente venía muy enfadada”. Eran los peores años de la crisis.

Y llegó la política. “Un día Cristina Tavío me llamó para que fuera con ella en la lista del PP”. Correa siempre ha estado vinculado al deporte. Primero con el Ademi (baloncesto en silla de rueda) después con la natación, tenis en silla de ruedas… Una hija de 16 años y un niño de nueve, deportistas, completan el conjunto que llamó la atención de Cristina Tavío.
“Me planteó su proyecto y le di mi conformidad, pero antes le dejé claro que si quería contar conmigo porque venía bien un cartel electoral en el que apareciera alguien en silla de ruedas, que conmigo no contara”. Han pasado ya dos años de esa decisión.

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