OPINIÓN

Baloncesto y superioridad moral

Me molesta que en muchas ocasiones el mundo del baloncesto mire con cierta superioridad moral al del fútbol. Es como si hubiera un deporte de caballeros, de buenos valores y buenas prácticas ante otro de paletos, de brutos y de peleas en las gradas. Supongo que obvian lo que sucede en demasiadas canchas de la base o la penosa organización del mundo de la canasta en muchas ocasiones. Que a 11 de agosto se sepa que la Liga Endesa será de 18 equipos y no de 17 es lamentable; que los asesores legales de la ACB dijeran en una asamblea que las opciones del Betis para regresar a la competición “eran nulas” es para hacérselo mirar y descubrir que, posiblemente, es necesario hacer autocrítica.

En el deporte del compañerismo y los valores, de la educación y la caballerosidad -no como los bárbaros del fútbol- el Burgos, al que tanto le costó que lo aceptaran en la ACB y que tantos favores pidió a otros clubes en la asamblea, decidió abstenerse en la votación. A eso se le llama ser consecuente y solidario. Un día, no se sabe cuándo, el baloncesto pareció cubrirse con una capa elitista, que no le deja ver los problemas que arrastra, los mismos que otros deportes y, lejos de querer recapacitar, esa capa parece cubrirle cada vez más los ojos. Quizás esto es todo mucho más sencillo y pensar, como hago yo, que Alejandro Martínez entrenará en la categoría que merece, que será un honor verlo en ACB y que, cuando venga con su Betis, podrá tener el reconocimiento del Santiago Martín, que es su casa. ¡Qué ganas!

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