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La calle que peor huele del mundo

Les animo (bueno, no les animo) a que transiten por la calle Puerto Escondido de Santa Cruz, especialmente por la acera que linda con la fachada de la antigua CajaCanarias, hoy CaixaBank. No sé si son residuos de las micciones del Carnaval, o que el olor a meado ya se ha fundido con el asfalto y el propio edificio, pero lo cierto es que yo evito pasar por esa zona, que necesita urgentemente un tratamiento ya no sólo antiorín sino bacteriológico. En general, Santa Cruz ya no huele tan bien como antes. Posiblemente la culpa la tiene la ausencia de los váteres públicos, porque la gente tiene que desaguar y existen bares que no te dejan echar un meo si no te tomas, al menos, un cortado. Yo una vez lo tuve que hacer en el monasterio de Montserrat y me cobraron 50 pesetas por usar el baño para aguas menores, cantidad hoy insignificante, pero con la peseta no tanto. En cualquier váter del Reino Unido siempre está de guardia una señora, o un señor, que, bajo propina, te extiende la colonia y una toalla de papel, si observa que te has lavado las manos; y en los Estados Unidos sólo tres de cada nueve personas que orina en un baño se las lava después
-antes, casi nadie-. Por eso se han encontrado restos de pis en los manises que sirven en los bares y también las más diversas bacterias. Yo, desde que me enteré de eso, jamás pruebo los cacahuetes cuyo envase no abren delante de mí. Bueno, pues afirmo que la calle Puerto Escondido huele tan mal como los arrabales de Bangkok y que algo debe pasar ahí porque lleva mucho tiempo igual. Sólo tienen que oler el muro de CaixaBank y caer, víctima de un síncope urinario. Y perdón por tanta escatología.

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