Candelaria

Candelaria, devoción y raíces

Llenos de júbilo por el hallazgo y el milagro, los guanches saltan con sus lanzas. F. P.
Llenos de júbilo por el hallazgo y el milagro, los guanches saltan con sus lanzas. F. P.

La Ceremonia de los Guanches volvió a ser ayer tarde, como cada 14 de agosto, el primer gran acto de las fiestas de la Virgen de Candelaria. La plaza de la Patrona de Canarias acogió la representación del Hallazgo de la Virgen de Candelaria, ceremonia cuyo origen se remonta a hace más de 200 años, y que lleva a cabo el colectivo de los Guanches de Candelaria. No todos los historiadores están de acuerdo en el lugar y fecha de aparición de la imagen de la Virgen de Candelaria. No obstante, la mayoría coincide con el primer cronista de la Virgen, fray Alonso de Espinosa, en que la venerada imagen fue descubierta sobre una pequeña roca que emergía de la arena en la playa de Chimisay (hoy El Socorro), en la costa de Güímar, de donde fue llevada luego al Auchón del Mencey Acaymo en Chinguaro y, posteriormente, a la Cueva de Achbinico, en Candelaria, localidad en la que permanecerá.

Ante un numeroso público, formado por la vecindad del municipio, por turistas y sobre todo por los peregrinos que han llegado a la Villa desde diferentes rincones de Canarias, el colectivo de los Guanches de Candelaria representó el hallazgo, narrado por el actor José Luis de Madariaga, quien puso la voz al texto del guion elaborado por el cronista oficial de la Villa, Octavio Rodríguez, basado en el relato sobre la aparición de la Virgen de fray Alonso de Espinosa, publicado a fines del siglo XVI, concretamente en 1594.

El Colectivo Guanches de Candelaria lleva a cabo esta labor desinteresada, suponiendo un gran impulso al conocimiento de la cultura popular canaria y del pueblo guanche, lo que les llevó a recibir en 2008 la Medalla de Oro de la Villa.

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La representación relata el hallazgo por dos pastores guanches de una imagen de una mujer con un niño en brazos sobre una roca, cuando se disponían a llevar al ganado hasta la orilla del mar. Estando prohibido hablar con mujer en un lugar desierto, los pastores hacen señas para que se aparte, pero la mujer permanece inmóvil sin responder a sus requerimientos.

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Foto Fran Pallero

Uno de los pastores trata de lanzarle una piedra y su brazo se queda yerto. El otro pastor intenta herirla con su tabona (cuchillo), aunque, ante su asombro, se hiere a sí mismo. Extrañados van a buscar al mencey de Güímar, de quienes eran vasallos. Los dos pastores cuentan al mencey Acaymo los hechos, mostrando sus brazos yertos como prueba. El mencey, acompañado de parte de su pueblo, decide bajar de Chinguaro a Chimisay para comprobar lo que le contaban, quedando asombrado de la majestuosidad de la imagen. Pese a intentar comunicarse, no responde. Decide entonces trasladarla a su cueva de Chinguaro y le dice a los dos pastores que la encontraron que la carguen hasta allí, y cuando la tocan quedan sanados de sus heridas, relata la historia o la leyenda.

Llenos de júbilo por el hallazgo y el milagro presenciado, los guanches saltan con sus lanzas y tocan los bucios en honor a la imagen que llamarán Chaxiraxi, y que permanecerá en Chinguaro hasta la conquista de la isla de Tenerife, cuando es trasladada a Candelaria.

Tras el denominado Pleito de los Naturales, que duró varios años, los guanches cristianizados mantienen desde 1601 el derecho a portear a la Virgen, privilegio que han mantenido hasta ahora y del que emana la enorme devoción que Tenerife siente por Candelaria, por Chaxiraxi.

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