festividad de la Patrona de Canarias

Candelaria congrega la mayor peregrinación de los últimos años

Un momento de la procesión que recorrió ayer la plaza de la Patrona de Canarias al término de la eucaristía que ofició el obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez; el tiempo acompañó en todo momento. ANDRÉS GUTIÉRREZ

Se superaron las previsiones de participación, y no, esta vez no es un tópico. Finalmente fueron 170.000 personas (20.000 más de las que se anunciaban inicialmente) las que llegaron a la Villa Mariana con motivo de la festividad de la Patrona de Canarias, según confirmó a última hora de ayer la alcaldesa de Candelaria, María Concepción Brito.

La mayor afluencia de peregrinos se produjo a partir de las 10 de la noche del lunes, coincidiendo con la procesión nocturna, y hasta bien entrada la madrugada del martes, momento en el que el casco cantaba y bailaba al son de las parradas, en el homenaje a Rosaura Marrero Fariña.

El paseo marítimo de Punta Larga, El Pozo, la calle de La Arena y el entorno de la Basílica eran un hervidero de gente, con bares, restaurantes, terrazas, comercios y vendedores ambulantes trabajando a destajo para hacer frente a la avalancha de clientes. Las colas esperando por una mesa, por un pinchito o un perro caliente fueron algunas de las imágenes más repetidas a lo largo de la velada. A medianoche, desde el balcón del Ayuntamiento viejo, Chago Melián volvía a emocionar con el Ave María a una muchedumbre que abarrotaba la plaza de la Patrona de Canarias y que disfrutó a continuación con los fuegos artificiales.

El día grande de Candelaria amaneció luminoso. El sol comenzó a pegar fuerte desde primera hora, aunque una ligera brisa marina contenía el mercurio de los termómetros. A las 9 de la mañana, hora en la que varios miles de peregrinos continuaban aproximándose a la Villa a través de los senderos y rutas habilitados, la jornada se iniciaba con la danza, a ritmo de chácaras y tambores, de la Asociación La Guanchería de Los Realejos a los pies de la Virgen, un acto que puso los sentimientos a flor de piel en el interior y exterior del templo.

A las 10 en punto comenzó a oírse en la plaza de la Basílica las sirenas de los motoristas de la Policía Local y de Protección Civil, que entraban en la calle de La Arena, abriendo paso al más del millar de participantes en la ofrenda atlética, que habían salido desde el Parque La Granja, en Santa Cruz, a las 7 de la mañana. Por vigesimosexto año consecutivo, el pelotón entró agrupado a la plaza con todos sus integrantes brazos en alto y profiriendo constantes vivas a la Virgen de Candelaria ante un público que se dividía entre quienes aplaudían y quienes grababan en su móvil el momento. Tras depositar los ramos de flores a los pies de la imagen, la estampa que vino a continuación fue la de los numerosos selfis de grupos de atletas ante la Patrona.

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Seguidamente, a las 11, partió la procesión cívica con el pendón de la Villa desde el Ayuntamiento, presidida por el primer teniente de alcalde, Jorge Baute, y la Corporación municipal, a la que asistieron, entre otras autoridades, el presidente del Gobierno regional, Fernando Clavijo; la delegada del Gobierno en Canarias, Mercedes Roldós; el subdelegado en la provincia tinerfeña, Guillermo Díaz Guerra, y el presidente del Cabildo, Carlos Alonso. También participaron varios consejeros del Ejecutivo canario, parlamentarios nacionales y regionales, y alcaldes, entre ellos el de Teror, municipio mariano grancanario hermanado con Candelaria. Asimismo, fue visible la presencia de mandos de los ejércitos de Tierra, Mar y Aire, así como fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. La parada militar frente a la Basílica fue el siguiente acto. El teniente general y jefe del Mando de Canarias, Pedro Galán García, fue el encargado de recibir a la alcaldesa del municipio, sobre la que recayó el papel de representante del rey. Una vez que el capitán jefe de la unidad de honores, formada frente a la Basílica, dio novedades al máximo representante del Ejército en Canarias, María Concepción Brito pasó revista, junto con el general Galán, a los soldados del Regimiento de Infantería Tenerife 49, que le habían rendido honores previamente con el himno nacional y las armas presentadas.

El desfile, que abrieron siete soldados de la Marina al ritmo del pasodoble Islas Canarias, puso fin al acto castrense y la atención se trasladó entonces al interior del templo, donde el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, y el prior de la Basílica, Daniel López, esperaban en la puerta para recibir a la representante del rey.

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eucaristía

Durante la eucaristía, que un año más volvió a abarrotar la Basílica, el prelado recordó que “desde la aparición en las playas de Chimisay de la Virgen de Candelaria, la fe en ella ha ido en aumento”, y trajo a la mente de los presentes la pérdida de la talla en 1826 a causa de un temporal. “Se perdió la imagen, pero nunca la vocación”, dijo. En otro momento de la misa, Bernardo Álvarez pidió que “no se olvide a las personas que nos han ayudado a tener fe en la Virgen”.

La liturgia de la palabra concluyó con varias súplicas, entre las que se incluyó una mención extraordinaria al “pueblo de Venezuela”, un país al que emigraron tantos isleños a mediados del siglo pasado, muchos de los cuales portaban una foto, además de la de su familia, de la Virgen de Candelaria.
Al término de la eucaristía, tuvo lugar la procesión alrededor de la plaza, en la que participaron autoridades civiles y militares, además de la Nueva Banda de Igueste y la Banda Las Candelas. La interpretación de los himnos de Canarias y de España ante la talla a la entrada del templo puso fin al acto.

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