5 Preguntas

María Mérida: “Siempre que voy a ver a la Virgen de Candelaria le canto bajito”

María Mérida, en su casa de Candelaria, mostró su voz prodigiosa que conserva a sus 92 años / ANDRÉS GUTIÉRREZ

María Mérida acaba de cumplir 92 años (Valverde, 5 de junio de 1925) y no solo mantiene un físico envidiable sino que ha sido capaz de mantener esa voz grave que le acompañó por todo el mundo importando nuestras folías y malagueñas. Hace unos meses que vive en Candelaria, la villa que tanto adoró de pequeña, y de la que mañana será su pregonera, con motivos de las fiestas de la Patrona de Canarias. “Casi todos los días voy a ver a mi Virgen de Candelaria y le canto bajito”, afirma con su inconfundible acento herreño, que nunca perdió pese a salir con 12 años de la Islita que tanto ama.

Acaba de cumplir 92 años (Valverde, 5 de junio de 1925)  y no solo mantiene un físico envidiable sino que ha sido capaz de mantener esa voz grave que le acompañó por todo el mundo importando nuestras folías y malagueñas. Hace unos meses que vive en Candelaria, la villa que tanto adoró de pequeña, y de la que mañana será su pregonera, con motivos de las fiestas de la Patrona de Canarias. “Casi todos los días voy a ver a mi Virgen de Candelaria y le canto bajito”, afirma con su inconfundible acento herreño, que nunca perdió pese a salir con 12 años de la Islita que tanto ama.

-Pregonera de Candelaria. ¿Por qué está usted tan ligada a la Villa Mariana?
“Ya desde los 12 años, cuando vivía en Santa Cruz, veníamos por la carretera vieja a ver con mi madre a la Virgen y ya de mayor venía a El Socorro y a Playa la Viuda, en donde apenas habían casas y en una terrera siempre había una orquesta cuando eran las fiestas y allí se reunían un montón de gente venidas de todas las Islas para ver a la Virgen. Yo me emociono siempre con la Virgen, porque como dicen en El Hierro, “por ver a la madre amada no siento la caminada”, y no sé de donde salió esa frase tan bonita, pero cuánta verdad lleva. Yo soy muy feliz de estar ahora en Candelaria”.

-Salió con 12 años de El Hierro para dar casi a la vuelta al mundo con su voz
“Salí con 12 años, pero yo ya cantaba con cinco. Me vine con mis padres a Santa Cruz, primero en la calle La Noria, luego en la calle del Lomo y finalmente en la calle La Rosa, del Toscal, hasta que nos trasladamos a Las Palmas, donde tampoco le fue bien la tienda que puso en el Muelle Grande y volvimos a Tenerife y allí salí en el año 1943 con coros y danzas a América y desde ahí ya seguí trabajando en Madrid con distintas compañías, con Roberto Iglesias, José Greco y con Tamayo con quien estuve trabajando nueve años”.

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-Usted es herreña, pero se siente muy del Toscal, donde le pusieron el nombre a una pequeña calle…
“Ellos querían ponérmela en otro sitio, pero yo quería que fuera en El Toscal. Me dijeron que la calle era muy pequeñita y les dije, a mí que me importa, lo que quiero es que mi nombre quede ahí. Yo no soy mujer de grandes cosas, lo único que quiero es que me den honor. También tengo calles con mi nombre en Güímar, en Las Palmas, en Lanzarote y en El Hierro tengo cinco callitas. Yo lo que quiero es que me quieran”.

– Y dentro de eso honor, ahora pregonera de la Virgen de Candelaria…
“Estoy muy feliz de que se hayan acordado de mí, yo que he cantado tanto a esta Virgen y la he llevado por tantos sitios, que yo sea la pregonera no sé como agradecerlo a este Ayuntamiento y a su alcaldesa No lo esperaba para nada, porque siempre que voy a ver a la Virgen lo hago en solitario y le canto bajito”.

– ¿Cómo se puede usted conservar tan guapa y mantener esa voz prodigiosa?
“Muchas gracias, qué rico. Dios y la Virgen Santísima así lo ha querido. Yo nunca he bebido ni he fumado y he tratado siempre de cuidar mi voz, nada de bebidas frías ni de aires acondicionados. No sé si será por eso, porque yo siempre he estado viajando o trabajando. No lo sé, porque es es algo que Dios me ha dado, como la voz, que gracias a Dios todavía conservo. Y hoy estoy muy feliz, porque ayer tuve en Santa Cruz una revisión muy grande del corazón y me dijeron que podía seguir cantando. Una gran alegría porque yo dejé la opera y todo por mi canción canaria. Yo estudiaba canto en Madrid, pero aconsejo a todo el mundo que haga siempre lo que ama y quiere”.

-¿Y su familia?
“Aquí en Candelaria tengo a mi hija, que viene casi todos los días a verme, y hace unos días estuvo la mujer de un hijo que he perdido con mis nietos de Madrid. Tengo nueve nietos y nueve biznietos y les encanta venir a verme”.
-Supongo que será para usted difícil quedarse con una canción…

“Las folías. Era muy chiquitita, cuando tenía tres o cuatro años, recuerdo a mi padre cantarlas en el porche de la casa de Valverde, que construyó él cuando vino de Cuba. Las folías para mí encierran tanto, cuando las cantas con sentimiento, claro está, las malagueñas también, pero las folías me emocionan mucho”.

-¿Se ruboriza usted cuando le llaman la voz de Canarias?
“Yo no diría que soy la voz de Canarias. En Canarias hay muchísimas voces maravillosas, incluso ocultas. En Canarias es uno de los sitios que mejores voces tiene. Lo único es que mi voz ha estado considerada como la cuarta o quinta voz del mundo, por la gravedad. Yo soy contracto gramática y eso es diferente. Tengo unos bajos muy incisivos y por eso es muy difícil mi voz. Yo no diría nunca que soy la mejor, por Dios, es solo por el tono de mi voz. Son voces difíciles que salen alguna vez”.

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-¿El cantante, como usted, nace o se hace?
“Yo creo que se nace.Yo desde los tres años yo estaba ya con mis movimientos, ya me vestían con los papelitos esos que adornaban las macetas y con cuatro años me sacaban al escenario para cantar canciones de niños, muy cortitas. Mí tía cantaba muy bien, al igual que mi padre y mi madre”.

-¿La vida ha sido justa con usted?
“Como para todo el mundo. Yo he tenido dolores y alegrías muy grandes -se emociona-, porque hay tantas madres que han perdido a sus hijos o han tenido otras desgracias, que yo me considero una más. Mis hijos -fallecieron- están ahí arriba y sé que están muy bien y como les encantaban oirme cantar, por eso sigo cantando”.

Y no podemos terminar de esta manera tan triste. Sé que se emociona cuando se habla de El Hierro, de la que no ha perdido su acento. Habléme de ella.
“Mira lo que tengo allí, las quesadillas -señala-, los quesos los pescados tan naturales, pero sobre todo la Isla. Yo amo a mi Isla, yo he viajado mucho, pero Isla como El Hierro no encontrado en el mundo, con sus largos silencios por esas carreteras, la bruma, el aire, el mar, no sé que pasa, pero es una Isla diferente, que embruja. Soy herreña por los cuatro costados, de padre y madre, sin mezclas de otras islas y muy orgullosa de serlo”.

“Vendí mi casa en Madrid para venirme a Candelaria”

María Mérida reside en un ático frente a la piscina municipal, con una terraza donde le llega el rubor del mar y divisa también la Basílica de Candelaria. Vive sola, atendida por una compañera herreña, cerca de su hija que reside en el municipio, “porque sola no me dejan nunca”. “El año pasado decidí vender mi piso de Madrid y venirme a vivir aquí, siempre soñé con una casa terrera cerca del mar y la montaña y alquilé este pisito al lado del mar y viendo la montaña y me encanta la gente de Candelaria porque es muy abierta

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