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Noches de verano

En esta tierra en que vivimos, por tantas cosas privilegiada -por otras no-, ha vuelto la costumbre, sobre todo en los pueblos, de sacar las sillas a la calle, por las noches, y pegar la vecindad a hablar. Y es sano, porque se practica el buen rollito y se recupera la tertulia de las viejas ...read more →

En esta tierra en que vivimos, por tantas cosas privilegiada -por otras no-, ha vuelto la costumbre, sobre todo en los pueblos, de sacar las sillas a la calle, por las noches, y pegar la vecindad a hablar. Y es sano, porque se practica el buen rollito y se recupera la tertulia de las viejas reboticas y de los casinos que casi no existen; o al menos no acude casi nadie a ellos como no sea a jugar al billar, al bocata de mortadela y a hablar de fútbol. ¡Qué sería de este pueblo sin el fútbol, Dios! Eso de charlar en la calle, aprovechando las noches de calor, es fantástico y a mí me recuerda mi niñez, en los tiempos en que no había nada que hacer. Lo que ocurre es que en Canarias hay demasiada gente desconocida, gente que se ve por la calle y ni siquiera se saluda, porque no sabe quién es uno u otro. Estamos a punto de una guerra nuclear entre Corea del Norte y los Estados Unidos y aquí lo que interesa, gracias a Dios, es que el Real Madrid ganó la Supercopa de Europa; de eso se habla en las tertulias callejeras de las noches de calor. Y yo creo que no charlando de guerra, sino de fútbol, la gente es mucho más feliz y la vida se le hace mucho más fácil. Pero siguen llegando las cartas negras de Hacienda y los abogados parece que recopilan datos para cuando abran los juzgados, a los que el país, sobre todo los políticos, tienen una gran afición. Eso no obsta para que la gente saque las sillas a la calle, a las calles de agosto, y se ponga a hablar del eclipse de luna que pasó y, sobre todo, de que ha dicho Neymar que en el club catalán le obligaban a decir que Messi era el mejor del mundo. ¡Oh, cielos!