baloncesto

Ainara tiene un reto

Ainara Ramasco está considerada una de las mejores bases de toda la Liga Femenina 2. Sergio Méndez
Ainara Ramasco está considerada una de las mejores bases de toda la Liga Femenina 2. Sergio Méndez

Galdácano es un municipio de la provincia de Vizcaya. Sus 30.000 habitantes siempre están pendientes del Ibaizabal, uno de los clubes clásicos del baloncesto femenino. Ainara Ramasco creció en el Polideportivo Urreta, con una familia vinculada a este deporte y a aquel club que, tras tantos años, deja atrás para afrontar el reto de competir en el Adareva.

“Soy fanática del sol, me encanta, por lo que siempre tuve la idea de jugar en alguna isla”, admite justo después de acabar de entrenar con sus nuevas compañeras, entre las que destaca por sus cualidades físicas y técnicas.

El modelo del club, que en el mismo entrene María Sosa y su fiel afición fueron las otras claves para dar un salto que no fue sencillo de acometer: “Era una idea que me rondaba, pero nunca me había imaginado fuera de mi club, fueron 13 o 14 años, no me hacía a la idea de jugar en otro campo que no fuera Urreta, pero esto es un reto para mí”.

Echando “mucho de menos” a su familia y pareja, Ainara quiere probarse en un nuevo entorno, además de centrarse en concluir sus estudios de ADE, aquellos que dejó “de lado” tiempo atrás. Un “gran error” que asume sin titubeos: “Jugaba en Liga Femenina y me centré demasiado en el baloncesto. Error mío. No ha resultado sencillo acabar la diplomatura y estar solo pendiente del proyecto final del grado, pero no hay excusa: si se quiere se puede”.

En medio, entre canchas de baloncesto y aulas universitarias, pudo vivir una experiencia que le cambiaría la perspectiva de las cosas cuando la Federación Vasca de Baloncesto invitó a su selección femenina a Senegal. “Fue en agosto de 2013, estuvimos diez días en la casa que tiene allí la Federación Española y tratamos de echar una mano en todo lo posible llevando material deportivo y demás. Es una de las mejores experiencias personales que he tenido en mi vida, fue muy bonita”, rememora.

Allí le quedaron grabadas imágenes que jamás podrá olvidar: “Salíamos de entrenar y los niños nos miraban sin saber qué querían, hasta que nos dimos cuenta que eran las botellas de agua. Al siguiente entrenamiento éramos incapaces de beber de aquellas botellas, porque queríamos dárselas a aquellos pequeños una vez acabáramos”.

Por ello, uno de sus proyectos de futuro es el de volver “un verano con alguna ONG” a África sin importar el país, pero sí poder “ayudar a aquellos que más lo necesiten”.

Por delante, una temporada apasionante con el Adareva de Liga Femenina 2 que quiere “disfrutar al máximo” porque, con 28 años cumplidos, no se ve jugando muchos años más: “. Si todo sale bien jugaré este año, quizás otro más, pero el próximo verano me gustaría trabajar de lo mío, no sé si aquí o allí, pero con trabajo. Sí sé que me veo regresando a Galdácano, o a Bilbao, cerca de mi tierra, porque es allí donde está mi familia y me gusta como se vive allí”.

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