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Félix A. Lam: “Desde que murieron Celia y Ralph Mercado, la salsa se ha diluido”

Félix A. Lam

Félix A. (de Arnoldo) Lam (La Habana, 1940) tuvo una vida tan azarosa como su capacidad, como profesional del fotoperiodismo, para estar en varios sitios a la vez. Pero este periodista cubano, ensolerado entre rascacielos, destaca además por su bonhomía, por su seriedad como profesional y por haber creado, junto a su esposa Mabel, una familia ejemplar. Su hijo mayor, Félix Lam II (51), fue intendente de la Policía de Nueva York y hoy es vicepresidente y responsable financiero del City College, una de las principales universidades de la ciudad. Su segundo hijo, Kevin Lam (48), trabaja para Microsoft en Redmont, Washington, y ha creado y patentado importantes programas informáticos. Entre los dos le han dado a la familia Lam siete nietos. Félix A. Lam es un enamorado de Tenerife y de su carnaval. La primera vez que estuvo en la Isla fue en 1990 y jamás falló, año tras año. Hace dos ha cambiado la ruta; él, que divulgó nuestra fiesta por todo el mundo, no quiere dejar de venir a España. Lo entrevistamos en Madrid. Y buscando marcos tradicionales, como se dice, para las fotos,nos fuimos a la plaza de España, a hablar junto a los personajes de Cervantes. Lam ha pasado a la historia del fotoperiodismo musical como el “fotógrafo de Celia Cruz” y como el gran amigo del productor y mánager Ralph Mercado. Él dice que jugó su última partida de póker, como homenaje a Ralph, en el mismo tanatorio donde lo velaban.

-¿Y cómo fue eso?

“Pedimos permiso a una de sus hijas para tributar ese homenaje, en la misma sala mortuoria, a un amigo tan poco común y tan entrañable. Durante su enfermedad no hubo semana en la que no acudiéramos a su casa, en el Lincoln Center, para jugar al póker”.

-Usted nació en Cuba.

“Sí, mi madre era cubana y mi padre chino. Mi padre me envió, a los ocho años, en 1948, junto a unos primos, a Cantón para que aprendiera el idioma, conociera la cultura china y visitara a mi abuela”.

-¿Y se olvidó de usted?

“No, que va. Mi madre se lo recordaba constantemente, ella quería que volviera a Cuba”.

-¿Y qué ocurrió?

“Pues que tuvimos que salir pitando de Cantón al llegar Mao al poder, en el 49; nos refugiamos en Hong-Kong con la familia de mi padre; y luego, años después, regresé a Cuba. Ya había aprendido a hablar y a escribir el chino cantonés, ¡pero se me había olvidado el español!

-¿Lo tuvo que aprender de nuevo?

“Sí, pero el comunismo me perseguía porque al poco tiempo de volver a Cuba entró en La Habana Fidel Castro. En 1960 salí para México, a toda velocidad. Parece que era mi sino huir de los comunistas”.

-¿Es cierto que antes de ser periodista fue usted cocinero?

“Sí, tengo un don especial para la cocina. En México me ayudó mucho la colonia china, pero esa ayuda no fue suficiente para que el cónsul de los Estados Unidos no me considerara más chino que cubano y los chinos tenían un cupo para entrar en USA. Me negó el visado. Pensé que era mejor hacerlo por Costa Rica y allí fui, a trabajar, en eso, como cocinero”.

-¿Y?

“Pues que entré en USA, desde Costa Rica, como turista, pedí asilo político y el Gobierno me lo concedió. Conocí a mi mujer, Mabel, y tres años más tarde obtuve la nacionalidad, tras casarme con Mabel, norteamericana, nacida en Central Chaparro (Oriente, Cuba). Llevamos más de 50 años juntos. ¡Un récord!”.

-¿Qué tal el idioma chino? ¿Lo practica?

“Bueno, me ocurrió una cosa curiosa. Cuando se me olvidó el español lo tuve que aprender de nuevo; pero lo hablo mal. Cuando volví a hablar español, casi se me olvida el chino, menos mal que mantengo mucho contacto con chinos en Nueva York. Y el inglés lo aprendí de rebote. Así que se puede decir que hablo un mal cantonés, un mal español y un mal inglés”.

-Pero formó, de nuevo, como la de sus padres, una familia china y cubana.

“Así es, y estamos orgullosos de nuestros hijos y de nuestros nietos. Ya hay hasta un Félix Lam III (15), que quiere estudiar medicina”.

-¿Cómo surgió lo de ser periodista?

“Pues de una manera espontánea y casual. Me metí en el mundillo de la música hispana en Nueva York y así fue surgiendo la afición. Y así he tenido el privilegio de conocer a celebridades no ya sólo de ese mundo de la música, sino también del cine”.

-Pues hábleme de algunos.

“Es imposible citarlos a todos, pero le voy a poner varios ejemplos de mi trato con famosos: Marlon Brando, la gran Celia Cruz, de la que fui fotógrafo de cabecera; Ralph Mercado, el mejor promotor de música latina de la historia; Julio Iglesias, Alejandro Sanz, Marc Anthony, Jennifer López, Enrique Iglesias, los alcaldes de N.Y. Giulliani y Bloomberg; el actual cardenal de Nueva York; Katy Jurado, Rocío Dúrcal, Rocío Jurado, Andy García, Libertad Lamarque, Olga Guillot, Tito Puente, José Feliciano, yo qué sé. A todos ellos y a muchos más los he fotografiado para distintas publicaciones”.

-¿Le contamos a los lectores lo de José Feliciano?

“Pues, sí. Es ciego y usted y yo lo vimos, en cierta ocasión,cuando la inauguración del restaurante de Tito Puente, llegar conduciendo un Mercedes. Eso sí, con alguien junto a él”.

-¿Quién pidió que se convirtiera en fotoperiodista?

“Sin duda, Ralph Mercado, que me animó a hacer fotos para Celia Cruz en el año 73. Esto me metió el veneno del periodismo en el cuerpo”.

-Últimamente, unas fotos suyas fueron muy publicadas en la prensa norteamericana, en la hispana y en la de escritura inglesa. Supongo que lo recuerda.

“Bueno, tuve suerte. Fui el primer reportero que llegó al accidente de trenes de Nueva York, ocurrido junto al río Hudson. Es que yo vivo al lado y escuché la colisión”.

-Y ahora se ve más su nombre en fotos de sucesos.

“Como la música ha caído, me he especializado en este tipo de reporterismo, es verdad”.

-Hábleme de su relación con Celia Cruz.

“Una gran mujer, a la que Fidel ni siquiera le permitió regresar a Cuba cuando murió su madre, por su marcado anticomunismo. Ella prometió entonces que mientras viviera Fidel no volvería; lamentablemente, Celia falleció antes que el dictador”.

-¿Ha sido la mejor del mundo en la salsa?

“En los Estados Unidos y fuera de Cuba, desde luego. Pero en Cuba había grandísimos artistas de todos los géneros. Recuerdo a dos, excepcionales, Benny Moré y Barbarito Díez”.

-¿Fue el único periodista que entró en la casa de la reina de la salsa?

“Sí, porque ella sabía que más que periodista era un amigo y que nunca iba a comerciar con sus fotos en el ámbito privado; jamás”.

-¿Participó usted en el libro-homenaje a Celia Cruz?

“Sí, pero no quiero hablar de este asunto. Jamás me pagaron las fotos que aporté, que fueron varias. Quiero pasar esta página y tuve mala suerte: cuando iba a demandar a los editores, ya con la demanda redactada, se murió mi abogado. Y lo dejé”.

-Su relación con Celia fue casi familiar.

“Ella me llamaba el Chino. Su marido, Pedro, que era diabético (Celia lo cuidaba mucho) y también un hombre callado y bueno, me estimaba. Celia quería que yo estuviera presente siempre en sus giras y actuaciones. A ella le apenaba mucho no poder volver a Cuba, pero es que el Gobierno prohibió hasta que se escuchara su música en la isla”.

-Ha comprado usted un espacio en el mismo cementerio en el que está Celia, en el Bronx, en el de Woodlawn.

“¿Y quién se lo ha dicho? Es cierto. Allí iremos a parar mi mujer y yo cuando ya no estemos aquí; muy cerca de Celia Cruz”.

Félix A. Lam y Andrés Chaves en Madrid

-Usted vive en Riverdale, en la parte elegante del Bronx. ¿Ha cambiado mucho el panorama humano de ese barrio?

“Yo lo noto menos, porque no estoy en el meollo del barrio. Pero ahora parece que hay más dominicanos que portorriqueños. Allí también vivió Ralph Mercado, antes de trasladarse al Lincoln Center. Al Bronx lo llamaron “el condado de la salsa” gracias a él”.

-¿Es verdad que Ralph Mercado les gastaba bromas a sus amigos con las cartas y que siempre ganaba?

“Bueno, alguna vez. En cierta ocasión apareció con ¡cinco ases! Hubo una carcajada general. Mercado llegó a construir un imperio. Era mi amigo. Él levantó a artistas como Celia Cruz y Marc Anthony, por poner sólo dos ejemplos. Lástima que sus hijos, nacidos de varias mujeres que tuvo, no hayan podido continuar su obra y que la salsa se haya diluido en el mundo. Ralph organizaba cuatro o cinco conciertos al año en el Madison Square Garden y actuaciones de sus artistas en las mejores salas latinas de Nueva York: el Copacabana, el Babalú, el Latin Quarter, que fue suya, y otras”.

-¿Qué le queda a usted de cubano?

“Uno no puede renunciar a su lugar de origen. Cuando salí de Cuba no me dejaron sacar sino 150 dólares, el reloj, un traje y tres o cuatro camisas. Antes, cuando llegué a China, me quitaron mi ropa y me pusieron un mono. Parecíamos todos iguales. En fin, qué le vamos a hacer. Pero los Estados Unidos me acogieron y me han dado la vida y ahí nacieron mis hijos. Y ahí conocí a mi mujer”.

-A ver si lo que más le va a gustar es España.

“Es que España me apasiona, por lo que ha contribuido al desarrollo del mundo, porque aquí tengo amigos y lo pasamos muy bien Mabel y yo. No faltamos a nuestra cita anual: o a Canarias o a la Península”.

-¿Y qué hace por Madrid?

“De descanso. Y no paro de tomar fotos de todo lo que veo por la calle. A veces ya ni siquiera llevó cámara, sino un móvil muy bueno, que hace unas fotos espléndidas. Y comer, la gastronomía española es prodigiosa. No dejo de fotografiar platos, que luego publico en los medios de los Estados Unidos que me lo solicitan. Un fotoperiodista nunca se retira”.

-¿Por qué no dona su archivo, tan rico, a la universidad de su hijo?

“Me lo voy a pensar. Pero, si lo hago, tendrán mucho trabajo, porque yo no he visto nunca un archivo más desorganizado”.

En Madrid cae un sol de justicia, sobre la calle Princesa. Mabel Lam nos hace de reportera y nos toma las fotos en una plaza atestada de turistas: la de España. Don Quijote y Sancho y Cervantes, desde la altura. Pero no tan alto como el lugar en el que estarán, jugando al póker, Ralph Mercado y Celia Cruz. Lo que ocurre es que Celia no jugó nunca al póker; quizá Pedro, su esposo, al que ella llamaba “cabecita de algodón”.

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