Música

“Nunca imaginé que ‘Manolo cómeme el coño’ mantuviera la polémica tanto tiempo”

Nuria Delgada pretende conmover al público con sus performance, hacer que piense, que reflexione. Esa era su intención con la popular canción Manolo cómeme el coño, que un año después de su presentación en el festival alternativo Keroxen sigue creando polémica. Una polémica de grandes dimensiones que ha generado un debate social y político. No lo imaginaba así su autora cuando componía la música para reivindicarse como feminista. Delgada es más que la mujer que muchos canarios recuerdan por el vídeo, es una de las únicas tuba profesionales de Canarias, profesora de música y escritora. Este año, adelanta, participará en el festival que la vio nacer como artista de performance en 2015, y que le dio tanta popularidad en 2016, pero esta vez acompañando a sus Ovejas negras, “los poetas malditos”, dice: Alejandra Galo, Roy Galán, Nira Llarena y ella misma.

-¿Cómo nació la performance Manolo cómeme el coño?

“Fui con unas amigas a ver un sainete en Madrid, donde “Manolo” era el protagonista. Nos reímos tanto que, al llegar a casa, saqué la guitarra y comencé a cantar justamente la canción de la performance. Manolo no va dirigida a todos los hombres. No es lo mismo decir “Toño cómeme el coño”, porque el pobre Toño no tiene la culpa. Pero en este caso, Manolo viene a representar a esa clase de hombres machistas, blancos, españoles, de clase media. Es una manera de decir “estamos hasta el coño de todo”, en clave de humor”.

-Cuando trabajaba en esa performance, ¿se imaginaba que un año después siguiera siendo tan polémica?

“Una nunca sabe lo que puede ocurrir. Yo sabía que lo que tenía entre manos era bastante bueno, sabía que era potente. Antes de traerlo a Tenerife, al Keroxen, yo llevé este espectáculo a Madrid. No obstante, nunca imaginé que se desatara tanta polémica durante tanto tiempo. Pero las cosas suceden, y más con las redes sociales, que no tienes control sobre lo que se dice o lo que se comparte”.

-¿Qué es lo peor que le han dicho o lo peor que ha llevado después de este año de polémica?

“Lo peor que llevo son los insultos, sobre todo, los que he leído en periódicos, donde me han llamado directamente “puta”. Han usado la palabra “fulana” pero queriendo decir “puta”. Me he quedado atónita con el tratamiento que me ha dado la prensa, no imaginaba que pudieran faltarme el respeto de esa manera. En las redes sociales ya me parece más normal, por el factor del anonimato, que te motiva a vomitar todo tu odio. Me han insultado especialmente personas muy radicales, neonazis, de derechas, de izquierdas”.

-Han calificado su espectáculo de “música podemita”. ¿Es de Podemos?

“Eso es un bulo. Mi performance se extendió tanto por la red que se convirtió en un arma arrojadiza hacia los partidos políticos. De repente, mi coño estaba dentro de la política y Manolo no tiene nada que ver con los partidos. Manolo viene a representar, como decía antes, al obrero machista, que no es de derechas o de izquierdas, que es un tipo de andar por casa”.

-Representó Manolo cómeme el coño en la pasada edición del Keroxen. ¿Luego salieron más funciones?

“Antes del Keroxen ya lo había representado en la sala Mayko en Madrid, allí actué con una compañía con la que hicimos Multidisciplinar: mezclamos danza, música, poesía, mimo y teatro, todo fusionado. Después de la polémica, llevé a Manolo a La Juan Gallery, en Madrid, que es de las pocas galerías performativas que hay en España y por último lo hice en el Centro La Tortuga en Lavapiés”.

Nuria Delgada, artista. Andrés Gutiérrez
Nuria Delgada, artista. Andrés Gutiérrez

-¿Allí generó tanta polémica como aquí?

“No. La performance no crea tanta polémica si tú no la sacas fuera de contexto. Cuando estás en ambientes de arte terminas dándote cuenta de que no es para tanto, se queda como una reivindicación más. El problema es que Manolo cómeme el coño se sacó de contexto y llegó a personas que no comparten el arte que yo hago, que es básicamente feminista. Sin embargo, y a pesar de todo, me alegro de que haya salido de Keroxen, porque creo que estas cosas deben llegar a la sociedad, no quedarse solo en los pequeños grupos de arte. Tenemos que mentalizarnos para que ese tipo de performance se vean como normales”.

-¿En qué está trabajando ahora?

“Ahora mismo he alargado mi estancia en las Islas porque estoy trabajando sobre un artículo para la revista Vice, sobre la turismofobia. Ellos están interesados en descubrir qué se opina sobre este tema en las Islas”.

-¿Cómo llega al mundo de las performance?

“Vengo de la música clásica y también escribo, son dos ramas artísticas que exploro en profundidad. Soy una de las únicas tubas de España en tener la titulación. Dentro del Conservatorio no era una persona con un carácter demasiado servicial, siempre he estado fuera de todo lo estricto, tenía inquietudes. Para mí fue un reto sacar la carrera en el Conservatorio, pero tenía que pasar por ahí para conocer la música como expresión artística. Luego, buscando la libertad, llegué a las performance, donde me siento cómoda”.

-¿Por qué la tuba?

“Empecé desde muy joven tocando este instrumento en la banda municipal de Guía de Isora, de donde soy. Allí había muy buenos profesionales de la tuba. Ya en esa época no se veía como un instrumento bajo, era igual que cualquier otro instrumento. Así me enganché a las bandas locales de tuba. Luego entré en el Conservatorio. Hice el grado medio en Tenerife y el grado superior fuera, la Isla ya se me quedaba pequeña. En Tenerife estuve trabajando en la Banda Municipal de La Laguna, donde fui la primera mujer en tener una plaza de tuba en una banda centenaria. Este es un mundo muy masculino, en España nos podemos contar con una mano las que somos licenciadas en este instrumento. Ahora estoy enganchada a gente que toca la tuba internacionalmente, y que han hecho que sus sonidos trasciendan. También estoy involucrándome con la música experimental, que suma percusión y electrónica. Estudio jazz, la improvisación libre, contemporáneo, folk…”.

-Las performance terminan siendo entonces una consecuencia de su entrada en el mundo del arte contemporáneo…

“Es una manera de trascender a la música, ya no toco detrás de un atril, ya no soy esa persona que toca algo mientras es otro el que se expresa. Yo soy artista, además de música, que quiere crear sus propias obras”.

-El Keroxen da voz a ese tipo de expresión artística. ¿Hacen falta más festivales así?

“O como mínimo, que los dejen en paz, que no intenten echar basura sobre las pocas cosas que tenemos aquí para expresarnos libremente”.

-En su artículo del pasado domingo apuntaba que la polémica vuelve a avivarse por el concierto de Maluma. ¿Qué lleva a esa comparación?

“Maluma y yo somos cosas completamente diferentes. Yo reivindico la contracultura de Maluma, lucho para que no se cosifique a las mujeres, que no se nos vea como un objeto sexual cuando a ellos les plazca. Esas comparaciones que han hecho sobre mí algunas personas son otra forma de faltarme el respeto”.

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