Puerto de la Cruz

Wolfgang Kiessling: “Nunca me atrajo la idea de dedicarme a la política”

Wolfgang Friedrich Kiessling, presidente de Loro Parque. Andrés Gutiérrez
Wolfgang Friedrich Kiessling, presidente de Loro Parque. Andrés Gutiérrez

Nació en Turingia, la misma ciudad alemana en la que lo hicieron Johann Sebastian Bach o Max Weber, padre de la sociología moderna, y que abandonó junto a su familia cuando fue tomada por los rusos en 1945. Fue un cambio tan brutal que su padre, con un gran valor, decidió mudarse a Colonia, aunque antes pasaron por Alemania del Sur. Junto con su hermana estuvo en un internado, donde permaneció hasta los 18 años. Estuvo en Inglaterra y a los 20 años se fue a Estados Unidos a buscarse la vida, porque la gran preocupación de su progenitor era que aprendiera idiomas y pudiera moverse en el mundo, así que le compró un ticket en el SS United States, el barco más famoso en esos días que hacía el trayecto más rápido entre Nueva York y Alemania. En América fue barman y trabajó en una mina, un año y tres meses, siete días a la semana durante 16 horas al día. La experiencia fue fructífera, porque aprendió a vivir en la humildad y a ocuparse cada día de su prosperidad.

-¿Cómo se le ocurrió venir a Tenerife?

“Trabajaba en una compañía de aviones chárter, teníamos cinco boing 707 que tenían una ventaja, podían volar de Alemania a Canarias sin interrupciones. La desventaja era nuestra debilidad financiera y nuestra escasa plantilla y por eso las horas eran restrictivas. La base de esta empresa era como la RIC, una ley especial para barcos, aviones y edificios en Berlín, si habías invertido, podías usar el dinero de los impuestos. Estuve allí un año. Varias veces había venido a disfrutar el fin de semana en Tenerife con mi mujer y me enteré de que aquí las condiciones para iniciar un negocio eran muy ventajosas y el turismo estaba en expansión”.

-¿Y lo del Loro Parque cómo surge?

“Ví que hacía falta poner algo para los turistas cuando el tiempo no estuviera del todo bueno para ir a la playa. Y así me llegó la idea de hacer lo que en esos momentos se hacía en Alemania, Inglaterra y Francia, ir a un safari park. Para ello había que convertir un gran terreno agrícola en un gran terreno para animales y plantas, pero encontrar uno con esas dimensiones aquí era prácticamente imposible. Cuando me puse a ver cuánto costaban los animales y transportarlos, dije que nunca podría porque no tendría dinero para tanto. Pero un día hablando con mi padre cómodamente en Colonia y comentándole mis problemas, me recordó un parque de papagayos que habíamos visto juntos en Miami y que funcionaba bien. Me dijo que eran animales que viven cien años y comen nada más que granos, así que me propuso ir a América a ver como era el negocio y volví decidido a hacerlo en Tenerife”.

-¿O sea que la idea original fue de su padre?

“Sí, y mi mujer también estaba convencida de ello”.

-¿Fue difícil encontrar los terrenos?

“Eso fue lo más difícil, pero reconozco que siempre he tenido mucha suerte. Me ofrecieron una parte de donde está Loro Parque, con una casa encima y un grupo de palmeras. No había más. Pero la tenía alquilada un alemán y el propietario era otro alemán. Eran 13.600 metros cuadrados, una superficie muy pequeña para un parque pero como no encontraba nada mejor, dije que probaría. Primero compré el derecho de alquiler, porque la propiedad se había convertido en un lugar de restaurantes, con unas canchas de tenis que se terminaron de construir poco antes de entrar yo, y una terraza. El propietario era un hombre de Múnich de 50 años que se había casado con una mujer de 72, (como el presidente de Francia, bromea), que no tenía hijos ni nadie a quien dejarle su fortuna. Lo único que me dijo es que necesitaba más dinero para vivir cada día y me pidió que le hiciera una oferta más elevada para una renta vitalicia, y cuando él y su mujer fallecieran el terreno era mío”.

-¿Y los papagayos de dónde los trajo?

“Encontré una pequeña pajarería y hablé con el dueño a ver cómo podía hacer. Me propuso que le pagara un vuelo a Sudamérica y él me traía los animales que yo necesitaba y así fue”.

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-¿Cómo incorporó el resto de animales?

“En el año 82 me llamó el entonces alcalde para decirme que tenía cinco chimpancés confiscados y que se los tenía que coger. Al principio le dije que no, que no me contara historias porque tenía un parque de papagayos, pero al final terminé con los cinco aquí”.

-¿O sea que cedió?

“Mi alcalde me ordenó que los cogiera y yo lo hice. Construimos una jaula, donde actualmente están los jaguares. Ahí empecé a notar que la atracción en el parque eran los chimpancés, no los papagayos y empecé a pensar que éstos no están solos en la sabana, que viven con otros animales. Así llegó un león que nunca fue expuesto, luego los delfines y después el resto. Casi todos mis animales son animales que han buscado una casa, también las orcas, porque cuando Seaworld me las ofreció quería un lugar profesional para mantenerlas y ese era Loro Parque. Mi suerte fue que el propietario de todos los terrenos que estaban alrededor era Víctor Machado, un hombre que hablaba bien francés porque su madre era belga. Yo en ese momento no hablaba bien español pero sí francés y así nos hicimos amigos. Un día de 1977 me dijo que iba a vender parte de sus terrenos y me los ofreció. Le contesté que con mucho gusto pero que no tenía dinero y me propuso pagárselos en letras. El día 2 de cada mes venía a buscar el dinero y así, poco a poco, cuando terminaba de pagar un terreno me vendía otro y pude comprar gran parte de la finca”.

-Se considera un hombre afortunado, pero los inicios no fueron precisamente fáciles…

“Los banqueros estaban convencidos de que el negocio no iba a funcionar porque mejores ideas que las mías no habían dado resultado. Pensaban que era una utopía que viniera a hacer dinero aquí con loros y no me daban un centavo de crédito”.

-¿A día de hoy sí confía usted en los bancos?

“Trabajo lo menos posible con ellos. Estoy muy agradecido de que sean socios de mi fundación, pero no quiero depender de ellos, yo he visto mucha gente en la vida que por ellos no han tenido mucho éxito”.

-¿Alguna vez estuvo tentado de tirar la toalla?

“Uf, muchas veces. Pero ahí estaba mi mujer que me ha remontado en moral y me animaba a seguir”.

-¿Cuándo va a parar?

“Eso de parar es algo que a mí no me llega a la cabeza. El día 10 empezamos con una nueva instalación para los hipopótamos enanos y cuando hayamos terminado, tengo más ideas. De todas maneras, estamos construyendo el acuario Poema del Mar en Gran Canaria”.

-¿Le está dando muchos dolores de cabeza este proyecto?

“Sí, muchos. Además, estamos hablando de Siam Park Gran Canaria, que ya tenemos licencia para el cauce, y discutiendo con el Ayuntamiento los movimientos de tierra. Me imagino que en enero podemos empezar a trabajar allá”.

-¿Pensó alguna vez en dedicarse a la política?

“Qué va. Nunca me atrajo la idea ni nadie me propuso si quería coger el sitio de Rajoy. Aquí en el pueblo algunos me dicen que tendría que hacerlo, pero le aseguro que no hay nada más lejos de eso en mí”.

-¿Nunca le interesó adquirir el hotel Taoro o construir el futuro parque marítimo?

“Les hice una oferta a los últimos tres ayuntamientos -sin incluir al actual- de poner al lado del viejo puerto un mercadillo que yo construiría y cuyos puestos después alquilaría, pero no lo he conseguido. Hice planos hace 20 años y estaba completamente interesado en intervenir en algunos proyectos. En el tiempo de Félix Real quería poner Atlántida, la ciudad hundida pero como un gran acuario, y tampoco llegamos a nada. Después hice planos para un gran spa, un balneario que sirviera a todo el pueblo y en el que cada hotel pudiera enviar a sus clientes. Hubo proposiciones mías que fueron al Cabildo y se recogieron en los planos de los arquitectos, pero no se hizo nada”.

Wolfgang Friedrich Kiessling, presidente de Loro Parque. Andrés Gutiérrez
Wolfgang Friedrich Kiessling, presidente de Loro Parque. Andrés Gutiérrez

-¿Cuál es la clave de su éxito, además de ser una persona con buena suerte?

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“La suerte es una parte del éxito. El Loro Parque es mi niño, algo que yo he creado, conozco cada esquina y dónde se ha puesto cada piedra. Aparte de esto, no hago tonterías. No voy a casinos, ni me he comprado un yate de 40 metros o un avión. Siempre tuve coches rápidos y con el de ahora llevo 17 años. Además, tanto yo como mi mujer y mi hijo tenemos un salario. En todas mis empresas no va a encontrar a nadie que le diga que he pedido dinero o lo he cogido. Nunca. Y todo lo que ganamos lo reinvertimos y creamos empleo. Nosotros hacemos nuestra propia política de empleo, creo que los trabajadores están contentos porque siempre pagamos a tiempo. Nunca han tenido que esperar un día para cobrar su salario, porque nuestra intención es cuidar al personal”.

-Vive dentro del parque y su casa está a escasos metros de su oficina, ¿no desconecta nunca?

“Últimamente, el sábado o domingo paseo por el parque, pero desconecto bastante. Pero en caso de que un día me jubile, eso me va a ser difícil”.

-¿Se considera ecologista?

“Me van a dar el día 16 de octubre, en Beverlly Hills, la mayor condecoración de American Humane por mi buen trato a los animales. Esto me da confianza. Si alguien me dice que mi mujer no vive bien conmigo lo enfrento y le doy mis argumentos de por qué eso no es así y lo mismo he hecho con los activistas. Me he enfrentado y les he dado mis argumentos. Yo no voy a liberar a un animal que nació en cautividad para condenarlo a muerte. La ONG internacional Peta (People for the Ethical Treatment of Animal) tiene unos presupuestos impresionantes y no hace nada para salvar a los animales, recogen perros y gatos y después los matan. Nosotros ayudamos a cada refugio de perros, recogemos a los animales que tienen necesidades y después los activistas vienen a protestar, cuando no son biólogos, ni veterinarios ni zoólogos, solo se atreven a decir que los animales sufren”.

-Le gusta mucho viajar, ¿Qué lugares le falta conocer?

“Me quedan muchos todavía, algunos que deben ser maravillosos. El otro día ví una película de las aves que sobrevuelan Pakistán, Irak e Irán y eso es una preciosidad. Pero también África es muy bello”.

-¿Ya tiene programado su próximo destino?

“A fin de año me voy a la Antártida. Eso era un punto en mi vida desde hacía muchos años, pero no encontraba el tiempo para hacerlo. El viaje dura como mínimo quince días, pero un amigo me habló de un barco que lo hace en cuatro o cinco y lo encontré”.

-¿Qué papel ha cumplido su familia en su vida?

“Sin ella no podría haber llegado a lo que soy, ha sido un pilar fundamental”.

-El jueves cumplió 80 años. Si vuelve la vista atrás, ¿cambiaría algo?

“No. Todo ha ido perfecto”.

-¿Le ha quedado algún proyecto pendiente por concretar?

“Tenemos en marcha el Poema del Mar y el Siam Park, ambos en Gran Canaria. Ahora debo proyectar la siguiente cosa, porque si no se para la rueda y esta no se puede parar”.

-¿Por qué decidió abrir un restaurante?

“Eso era fácil. Ya tengo restaurantes en el hotel, en el Loro Parque y en Siam Park”.

-Pero no eligió uno fácil, sino con una especialidad que requirió traer un horno especial. ¿Le gusta mucho comer carne?

“Sí, pero me gustó más la idea de tener un restaurante de súper carne y ha dado buen resultado. Estoy pensando en abrir más”.

-¿Más Brunelli’s o más restaurantes?

“Más Brunelli’s, ¿porque el nombre es fabuloso, no?”

-¿A qué se debe?

“Es una combinación de una botella de vino Brunello y la serie de televisión El comisario Brunetti. Así salió Brunelli’s, que primero fue el nombre de mi perro, un dogo de burdeos que se murió una semana antes de abrir el local. Ahora tengo otro de la misma raza, casi son iguales pero el anterior era más pesado y más guapo”.

-¿Ya tiene elegido el sitio donde lo abrirá?

“No, estoy esperando que alguien como usted me diga ‘ponlo aquí”.

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