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Puigdemont y la CUP

Puigdemont, con esas greñas reburujadas sobre la frente -un buen dirigente debe ser siempre hombre de poco pelo- se le ha puesto cara de sardina sancochada. No sabe qué hacer, quedando claro que sólo es un títere de la CUP, cuyos dirigentes son los que quieren gobernar Cataluña a golpe de algarada. Tienen tan poca vergüenza que han aprovechado el eslogan que fue usado como homenaje a los muertos del atentado islamista para hacer política. Mienten constantemente, lo tergiversan todo, confunden a los analfabetos funcionales que constituyen sus bases -más algún que otro listo- y no tienen ni pudor, ni dignidad, ni sentido del Estado, ni nada. Lo único que merecen es que les manden a la Guardia Civil, a detener a quienes desafían las leyes y se pasan por el arco del triunfo al resto del país, incluidos los jueces. Me dan tanto asco que ya no veo los telediarios cuando son ellos los protagonistas y no quiero saber nada más del puñetero procés y de la madre que lo parió. Estamos haciendo el ridículo por ser un país que sólo emplea su autoridad contra los que no pueden defenderse y estos sinvergüenzas campan por sus respetos por Cataluña, es decir, por una parte de España, sin que nadie les diga ni media palabra. Esto es, somos el hazmerreír de Europa. Yo les habría aplicado ya el famoso artículo 155 de la Constitución, como dijo Alfonso Guerra. Y al que se resista, a la mazmorra, como le pasa a cualquier persona que comete un delito. Hay gente que ha sido acusada de prevaricación y ha entrado en prisión y estos siguen en sus casas. ¿Por qué la ley no es igual para todos? ¿Por qué estos asnos tienen patente de corso para robarle a España toda una región?

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