Güímar

Campos el Canario, el puntal de Güímar que tumbaba nazis

Ilustración de Miguel Campos Delgado incluida en el cómic sobre La Nueve Los surcos del azar. Paco Roca
Ilustración de Miguel Campos Delgado incluida en el cómic sobre La Nueve Los surcos del azar. Paco Roca

“No le quepa duda de que Campos el Canario era uno de los puntales de La Nueve; por algo iba al frente del segundo blindado que liberó París y era siempre elegido para las infiltraciones entre las líneas enemigas”. Así habla de Miguel Campos Delgado, natural de Güímar y de cuyo final solo se sabe que se produjo en los estertores de la II Guerra Mundial, la periodista Evelyn Mesquida, que durante 30 años fue corresponsal del Grupo Zeta en París y autora de un libro imprescindible para todo patriota español y cualquier amante de la historia: La Nueve. Mesquida se encuentra en Tenerife para impartir una conferencia en el Instituto de Estudios Canarios dentro del marco Diálogos con la Historia, que impulsa el doctor en Historia por la Universidad de La Laguna Aarón León Álvarez. Un motivo ideal para seguir descubriendo a este héroe tinerfeño que se ganó la admiración de sus compañeros y el respeto de sus enemigos durante una de las contiendas más terribles que jamás librase el ser humano. La hija del güimarero, hoy anciana, y sus nietos, supieron hace apenas unos años quién fue Miguel Campos gracias, fundamentalmente, al trabajo de Mesquida. Solo sabían de él que huyó de la Isla para luchar por la libertad. Relata la experta a DIARIO DE AVISOS que Campos nació en Güímar, sí, y que era panadero y anarquista, y que su mujer era de La Laguna. Los tres datos adquieren mayor sentido si se recuerda que los sindicatos del pan tinerfeños fueron uno de los principales focos isleños para las ideas revolucionarias en las primeras décadas del Siglo XX, especialmente en la Ciudad de Los Adelantados.

No se sabe si Campos luchó en la Guerra Civil y, detalla Mesquida, no parece que así sea, pero sí que hay noticias verificadas sobre su presencia en 1943 en las batallas que libraba el Ejército de la Francia Libre (comandadas por el general Leclerc, alias del conde de Hauteclocque) contra el África Korps del mítico mariscal Erwin Rommel. Ya por entonces era Campos, líder nato siempre secundado por un grupo de hombres con fe inquebrantable en el güimarero, el comando elegido para combatir tras las líneas enemigas. Cuenta Mesquida dos detalles sobre su modo de proceder.

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Tras recibir órdenes de un superior, Campos reunía a su gente en corrillo y desde el centro explicaba el plan de ataque y enviaba siempre el mismo mensaje: no vamos a ir a morir, vamos a cumplir nuestra misión.

La otra pauta innata del paisano era llenarse los bolsillos de granadas y repasar los penosos medios de combate con los que contaban aquellos anarquistas y comunistas españoles que nutrían las tropas de Leclerc. Luego llegó Londres, donde alucinaron con las armas que les dieron los estadounidenses. El 4 de agosto de 1944 desembarcaron en Francia. Apenas 20 días después, solo La Nueve supo abrir una brecha en las defensas alemanas de París y callejear hasta la Alcaldía para que, al fin, las campanas de Notre Dame anunciaran la buena nueva: la Ciudad de La Luz era libre otra vez.

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