CD TENERIFE

El Tenerife del tabaco y los transistores

José María Ramos se dirige a sus jugadores en el vestuario durante un encuentro de la temporada 1981/1982, con el conjunto blanquiazul en Segunda División B. Diario de Avisos
José María Ramos se dirige a sus jugadores en el vestuario durante un encuentro de la temporada 1981/1982, con el conjunto blanquiazul en Segunda División B. Diario de Avisos

En las dos décadas que van de los 60 a los 80 el fútbol español vivió un boom que no siempre se vio reflejado en los salarios de los futbolistas. Especialmente con el equipo en Segunda B, una categoría no profesional, los jugadores del CD Tenerife aprovecharon para sacarse un sobresueldo vendiendo en la Península artículos como tabaco, transistores o mantelería, más baratos en las Islas por los impuestos con los que estaban gravados, aprovechando desplazamientos largos, en los que, en muchos casos, ya se habían acordado las ventas incluso antes de partir en avión desde la Isla.

Para entender este caso es necesario ponerse en situación. Un jugador como Joseíto, que vistió la camiseta blanquiazul entre 1978 y 1982, cobraba 16.000 pesetas al mes si era soltero, cifra que llegaba a 20.000 una vez contrajera matrimonio. Más tarde cambiaría, cobrando 25.000 pesetas los solteros y 30.000 los casados.

“Nos los quitaban de las manos”

Con el Tenerife en la tercera categoría del fútbol español, con serias dificultades para cobrar al día, muchos de los integrantes de aquellas plantillas, como ya había sucedido con anterioridad, llevaban en sus viajes a la Península con motivos de sus diferentes encuentros bienes que, como recuerda el exfutbolista, eran “quitados de las manos” prácticamente una vez aterrizaban en Madrid antes de emprender largos e incómodos desplazamientos por carretera.

“Muchos compañeros acordaban directamente desde la Isla qué llevar y los compradores los estaban esperando, o pasaban por el hotel, realizando la venta”, recuerda antes de poner un ejemplo muy gráfico para entender lo importante que podían ser aquellas transacciones: “Un reloj electrónico podía costar en Tenerife 800 pesetas y ser vendido por 1.800 en la Península. Allí su precio en tiendas era de 3.000, por lo que todos salían ganando; la diferencia era muy grande”.

Aquello, que comenzó como algo casi anecdótico, se encontró con que, con el paso del tiempo, las autoridades comenzaron a estar más atentas cuando los blanquiazules jugaban lejos del Heliodoro Rodríguez López porque la voz se había corrido, comenzando a ser un secreto a voces.

Cada viajero podía llevar un transistor y cuatro cartones de tabaco, con suerte cinco si, al ser parado en el aeropuerto, el jugador era capaz de convencer al funcionario de turno, que podía hacer la vista gorda. Para los relojes o la mantelería, algo “muy solicitado” como recuerda Joseíto, los futbolistas optaban por soluciones ingeniosas: “Se viajaba con el chándal y con la chaqueta del mismo sin quitar. Debajo de aquella chaqueta, en un solo brazo, podían llevarse hasta diez relojes, pero, pese a ello, generalmente, nunca levantaban sospechas, porque eso no se revisaba tanto, así que, en total, cada uno podía llegar a llevar puesto 20 relojes”.

Más noticias
Varias peñas animan hoy a lucir la tricolor de 7 estrellas verdes

Para los transistores no había problema siempre y cuando se llevara solo uno porque, si eran más, era necesario pedir el favor a algún compañero que estuviera dispuesto a realizarlo, algo que “no siempre” sucedía porque muchos preferían “no meterse en problemas por lo que pudiera pasar”.

Problemas

El mayor susto llegó en una ocasión, en un viaje a Santiago de Compostela. Las autoridades, siempre alerta posiblemente porque en aquella tierra el contrabando estuvo implantado casi de manera tradicional, sorprendieron a dos integrantes de la plantilla, a los que llegaron a desnudar con el fin de incautar todo lo que habían pasado: “Yo no fui a ese viaje, pero el incidente llegó a salir en los periódicos. Cogieron a dos compañeros, los registraron, les quitaron todo lo que tenían y les dieron un buen susto”.
Siempre fue en Galicia donde surgieron otros problemas en forma de registro con la expedición tinerfeñista, como que la Guardia Civil subiera a la guagua que trasladaba al equipo buscando tabaco dentro del mismo, algo nunca tuvo consecuencias mayores: “Por supuesto que se vivían momentos de tensión, porque te registraban y ya solo con la mirada parecía que te estabas delatando. Subían las mangas de la chaqueta en busca de relojes, por eso yo nunca llevé ninguno, porque era muy nervioso, se me notaba, aunque cigarros sí que transporté”.

Poder pasar el tabaco por los aeropuertos se convirtió también en toda una odisea, a pesar de que el método parecía tremendamente sencillo. El futbolista metía dentro del bolso deportivo con el que viajaba cuatro o cinco cartones de cigarros, mientras que en una bolsa plástica metía otros cinco. El bolso era subido al mostrador y era revisado, pero la bolsa se quedaba siempre a los pies pasando, en la mayoría de las ocasiones, a la zona de embarque sin más inconvenientes. Las autoridades marcaban el equipaje con una tiza para señalar que el mismo había sido supervisado y, con otra tiza que llevaban los miembros de la plantilla, se hacía la misma marca en la bolsa de plástico, con lo que era común poder transportar diez o más cartones de tabaco: “Variaba mucho con quién te encontraras, porque, a veces, los agentes llevaban a cabo registros más a fondo. Más adelante ellos se dieron cuenta de que era sencillo hacer la misma marca, por lo que optaron, por ejemplo, por cambiarla o por pintar con tizas de otros colores”.

Más noticias
El CD Tenerife suma un punto tras estar contra las cuerdas en Lorca

Sin querer dar nombres a pesar del paso de los años, hubo jugadores que llegaron a lograr pasar 15 cartones de tabaco que eran vendidos prácticamente desde que se pisaba suelo peninsular. Si se guardaba alguno era para consumo propio. Por aquel entonces los cigarros eran “carísimos” en la Península y, ni siquiera en Andorra, tenían un precio tan bajo como en Canarias: “Nosotros sacábamos el doble a cada cartón de tabaco y allí era, a su vez, el doble de caro en los establecimientos. Podías sacar 5.000 pesetas de beneficio. Allí las buenas marcas eran carísimas, por lo que para ellos era casi regalado lo que llevábamos”.

Menos arriesgada era la mantelería. Los artículos textiles que se vendían en las tiendas regentadas por indios eran todo un producto estrella en la Península: “Tal cual llevabas los manteles, te los quitaban de las manos, porque allí lo que había era mucho más caro. Era casi un artículo de lujo que te lo compraban a tí a un precio bastante más bajo. Era lo que más fácil vendías, sin duda alguna”.

En total, en un viaje largo, de cinco o siete días, un jugador podía obtener más de 40.000 pesetas, algo muy tentador dadas las circunstancias: “Un soltero podía ganar en un desplazamiento más del doble que con su sueldo mensual, por lo que claro que había gente que estaba dispuesta a arriesgarse más y los que se arriesgaban menos pero, en general, muchos aprovechaban para sacarse algún dinero extra. En esos viajes largos ganabas más, porque tenías más tiempo para vender”.

Con el paso del tiempo, con la mayor profesionalización del fútbol, aquella costumbre se perdió y las autoridades se mostraron más férreas, quedando para el recuerdo, y para el mundo de las anécdotas futbolísticas, aquellos viajes en los que el tabaco, los artículos de electrónica y la mantelería formaban parte del equipaje del club blanquiazul cada vez que tenía que competir contra clubes peninsulares.

TE PUEDE INTERESAR