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Un aparcacoches fallece en Santa Cruz tras una pelea por controlar la zona de la trasera de Correos

Escenario de la tragedia acaecida en el corazón de la capital tinerfeña. FRAN PALLERO

Tragedia en Santa Cruz de Tenerife. Un varón de 50 años de edad falleció el pasado sábado como consecuencia de un golpe fatal que sufrió durante el transcurso de una riña callejera que tuvo lugar en el corazón de la capital tinerfeña, prácticamente a las puertas del Cabildo Insular y a escasos metros de la emblemática plaza de La Candelaria.

La reyerta tuvo lugar, según pudo saber ayer DIARIO DE AVISOS, poco antes de la medianoche del pasado viernes, cuando el ahora detenido discutió con su víctima a cuenta de los aparcamientos ubicados junto a la trasera de la principal sede santacrucera de Correos.

Un empujón condujo al fatídico impacto en la nuca, que indujo un coma irreversible al infortunado, a pesar de los denodados esfuerzos que los especialistas del Hospital Universitario Nuestra Señora de Calendaria, quienes lucharon por evitar el fatal desenlace durante casi 20 horas a pesar de tan pesimista diagnóstico.

Los hechos que nos ocupan acaecieron minutos después de las once y cuarto de la noche del pasado viernes, cuando empezó la disputa entre Óliver, el ahora detenido, y Guillermo, la víctima mortal.
Óliver es un lagunero de 33 años de edad al que le constan un total de cinco antecedentes policiales. Tres de ellos son por otros tantos robos con violencia, mientras que los dos restantes responden a un quebrantamiento de orden judicial y a unas amenazas.

Guillermo es un tejinero de 50 años con lazos familiares en La Palma. Mecánico de profesión, es uno de tantos trabajadores a los que la actual crisis socioeconómica arruinó la existencia, sin que los buenos datos macroeconómicos actuales se perciban en el día a día, tantos años después. En la actualidad, Guillermo se buscaba la vida como aparcacoches.

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Precisamente, la disputa por la zona de aparcamientos existente en el lugar descrito, muy cerca de la parada de taxis, está en el origen de la tragedia.

A pesar de que algún vecino especulaba ayer sobre si la víctima fue golpeada con uno de los palos que aguantan las palmeras, lo cierto es que fue una maldita arista en una baldosa rota lo que se clavó en la nuca de Guillermo, con tal terrible precisión que ni siquiera vertió sangre.

La asistencia médica fue inmediata, y el traslado a la Candelaria se realizó en ambulancia medicalizada. Allí ingresó en la Unidad de Cuidados Intensivos, donde pronto se detectó que el paciente se encontraba en coma irreversible, y que el fatal desenlace tendría lugar en cuestión de horas. Ello no desanimó a los profesionales, quienes nunca dejaron de perseverar en los cuidados, pero todo fue en vano y, casi 20 horas después, Guillermo falleció.

Respecto a Óliver, fueron miembros de la Policía Local de Santa Cruz de Tenerife quienes lo arrestaron en la madrugada del día siguiente, la que transcurrió del sábado al domingo. Como era previsible, retornó al lugar del crimen, sin duda imaginando que ya no tendría competencia. Aunque no hay confirmación oficial del ingreso en la cárcel, se da por hecho que está en prisión provisional por homicidio.

La UCI de la Candelaria: todo lo humanamente posible

Los familiares de la víctima no paran en sus elogios a los profesionales del hospital tinerfeño: “Todos sabíamos que iba a morir -explicaban ayer a este periódico-, pero nunca dejaron de cuidarlo y de atendernos a nosotros, tanto médicos como enfermeros y otros profesionales. Se merecen todo tipo de aplauso”, insisten.

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