Reflexión

El orden nos ordena

El domingo pasado, en una conversación con un muchacho joven, comentando sobre los estudios y sus dificultades, me comentó que sentía dificultades para ponerse a estudiar en su habitación cuando ésta estaba desordenada y sucia. Necesitaba sentirse dentro de un ambiente ordenado para poder sentirse cómodo para estudiar. Es cierto que en sus extremos estas posturas pueden ser obsesivas y generar dificultades, pero es cierto que la vida necesita y merece cierto orden para despertar en no-sotros un importante “orden interior”.

El orden, nos ordena…

Si trasladamos esta idea a la vida social, a la convivencia ciudadana, etc., si recordamos lo fácil que resultaba en los bares de Madrid tirar el hueso de las aceitunas al suelo con aserrines no hace tantos años, si nos revisamos cómo nos incomoda tirar un papel al suelo en la calle cuando está todo bien barrido y limpio, descubrimos que esta es una realidad connatural y cierta. Si no hay un entorno ordenado se facilita el desorden en el comportamiento. En un marco corrupto nos resulta fácil hacer concesiones al egoísmo, como en un ambiente de críticas y chismes el silencio compasivo y la valo-ración positiva está ordinariamente ausente.

Nuestra vida está vinculada a los demás. El entorno es parte de nuestra existencia. El ser humano es el único capaz de convertir en entorno en “mundo”. La humanización del entorno es lo que denomi-namos “cultura”. Somos herederos de los procesos humaniza dores de nuestros antepasados. Esta-mos a hombros de gigantes que han hecho posible cierto orden y concierto en nuestro entorno. Una grieta en la convivencia dispara la herida de nuestra libertad y enciende desórdenes espontáneamen-te.

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Y a los hechos me remito…

Aún teniendo cuidado con las obsesiones compulsivas, es importante hacer la cama antes de poner-nos a estudiar. El orden nos ordena.

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