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Rajoy centra las miradas en una gran fiesta de la “españolidad” que llega nueve años después del “coñazo de desfile”

Mariano Rajoy, el rey Felipe VI y la reina Letizia. El Español

“Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin, un plan apasionante”. Un micrófono abierto traicionó a Mariano Rajoy el 11 de octubre de 2008, en la previa de un desfile como el de ayer. Respondía el gallego a Javier Arenas durante un acto de su partido, justo en el ínterin de que interviniera la hoy defenestrada Ana Mato en la XIII Interparlamentaria del PP que se celebraba en La Coruña. Por aquel entonces, Rajoy era el líder de la oposición en aquel bipartidismo imperfecto entre los suyos y el PSOE que se llevó por delante la crisis que entonces empezaba a dejarse notar entre los españoles, y que también propició la victoria electoral del popular sobre José Luis Rodríguez Zapatero. Nada que ver con ahora, nueve años después.

En la actualidad, Mariano Rajoy es el presidente de un Gobierno minoritario al que respaldan los socialistas (Zapatero y Felipe González incluidos) en el mayor reto al que se ha enfrentado nuestra democracia junto con el 23-F y la banda asesina ETA. Ayer, el desfile no fue un coñazo, sino un acto central en lo político y lo simbólico que sirvió para homenajear especialmente a la Policía Nacional y a la Guardia Civil, por otra parte tan maltratadas laboralmente por los Gobiernos de PP y PSOE. En Rajoy se centraban ayer todos los ojos, al fin protagonista directo en estas semanas de incertidumbre después de que anunciara el pasado miércoles en el Congreso un requerimiento a su colega del Govern, Carles Puigdemont, para que aclare si finalmente el martes declaró o no la independencia en el Parlament. Dicho requerimiento es el primer acto de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, previo a someter ante el Senado una batería de medidas cuyo alcance se determinará (salvo que Puigdemont sorprenda con una negativa) en el Consejo de Ministros extraordinario que tendrá lugar dentro de una semana.

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A este respecto cabe recordar que, si el próximo lunes Puigdemont responde algo que no sea un no o simplemente no responde, tendrá un nuevo plazo hasta el jueves día 20 para rectificar. Retornando a lo sucedido ayer, la parálisis sigue consumiendo el empuje secesionista, ahora fragmentado tras el ultimátum de la CUP. Los antisistema también han dado un plazo a Puigdemont de un mes para negociar, pero ya han anunciado que no volverán al Parlament. Tampoco parece que crezca la simpatía internacional hacia el independentismo catalán. Las puertas de Europa, muy sensibles al efecto contagio, siguen cerradas a cal y canto para el procés. De especial interés serán las grabaciones aportadas ayer a la Audiencia Nacional por la Guardia Civil, donde al parecer se puede comprobar que el resultado del simulacro de referéndum del 1-O fue pactado de antemano por los secesionistas, cuyos planes fueron capturados por el Instituto Armado durante el accidentado registro de la Consejería de Economía a finales del mes pasado.

Héroe

La nota fúnebre llegó ayer por un héroe trágicamente fallecido, el capitán Borja Aybar. Retornaba a su base de Los Llanos (Albacete) tras participar junto a sus compañeros en el desfile cuando, por motivos que aún no han trascendido y cuando ya se encontraba en las maniobras de aterrizaje con el Eurofighter que pilotaba, se estrelló contra el suelo en una zona conocida como Las Golosas. Pudo activar la eyección de su asiento, pero no lo hizo. Todo apunta a que su comportamiento evitó que el caza se dirigiera contra las urbanizaciones cercanas a donde tuvo lugar el siniestro.

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Descanse en paz.

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