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Ya se me ha pasado

Ya se me ha pasado, pero estos días han sido malos para mí. Lo de Cataluña me ha afectado, lo confieso. Que estos tipejos hayan sido capaces de engañar a tanto incauto me crispa los nervios. Conste que escribo antes de las medidas que presumiblemente habrá tomado el Gobierno de Rajoy y que supongo que serán contundentes. Los medios de comunicación han dado un vuelco, menos mal. Ya se rumorea que la aplicación probable del artículo 155 de la Constitución incluirá el control del Gobierno, del Parlamento, de los Mossos y de TV3. Me parece justo, si es que se produce. Y a convocar elecciones inmediatamente. Escuché al jefe de los empresarios catalanes en Antena 3, la noche de autos. Clamaba por una intervención del Gobierno de la nación porque se ven arruinados. Yo no sé qué suerte de enajenación mental -espero que transitoria- le ha entrado a Puigdemont y a su banda, pero esa huida hacia adelante, esa contumacia, tendrán que pagarlas. Están perdidos, lo saben, pero les tienen terror a los anarquistas de la CUP. Yo no soy partidario de la violencia, pero sí de darle un baño a Anna Gabriel para que se calme. El agua, cuando no es habitual, se convierte en milagrosa. O se calma o se pasma. Ya se me ha pasado el cabreo y ahora me ha entrado la risa: la independencia de Cataluña duró 18 segundos, fue mucho más breve que la de Companys, que ya es decir. Se han vuelto locos, pero son muy pocos y están cercados por la ley. Puigdemont habla para Europa, pero no sabe que a Europa no le gustan los efectos dominós. Además, se le ha puesto cara de loco, igual que a su colega Junqueras, el nuevo jovencito Frankenstein. Cataluña se muere. La está matando esta banda borracha.

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