Arona

Ángeles de la noche

La Fundación Cruz Blanca, en colaboración con el Ayuntamiento de Arona, ofrece ayuda material y asesoramiento continuo a las mujeres que ejercen la prostitución. DA
La Fundación Cruz Blanca, en colaboración con el Ayuntamiento de Arona, ofrece ayuda material y asesoramiento continuo a las mujeres que ejercen la prostitución. DA

Muchas llegan a través de redes internacionales y engañadas con falsas promesas de empleo. Cuando están aquí la realidad es otra, son obligadas a prostituirse para pagar su deuda y otros servicios en un país del que apenas conocen nada y en el que se quedan en situación irregular, lo que agrava su situación de indefensión. Sometidas a un estricto control, en algunos casos sufren hasta malos tratos físicos.

La radiografía de la prostitución en el Sur dibuja tres escenarios distintos con un foco principal en la zona turística por excelencia, Playa de Las Américas: la calle, clubes y domicilios privados. Cada una de ellas se relaciona con perfiles distintos de mujeres, cuyas edades oscilan entre los 18 y los 30 años, según su país de procedencia. Así, las jóvenes nigerianas y rumanas se muestran en la vía pública (zona de los Llanos de Troya y la avenida Arquitecto Gómez Cuesta); las centroeuropeas desarrollan su actividad en locales de alterne, mientras que las sudamericanas y nacionales lo hacen, mayoritariamente, en pisos particulares, anunciándose a través de las páginas de contactos. La gran mayoría, el 95%, proceden de algún país extranjero.

“Cuando una mujer toma la iniciativa de dedicarse a este tipo de actividad no lo hace de manera voluntaria, termina tomando esa opción por distintas razones, sobre todo económicas. La mayoría de chicas que vienen de fuera tienen cargas familiares que dejan en sus países y no pueden trabajar porque están en situación irregular”, explica a DIARIO DE AVISOS María Rosa Henríquez, trabajadora social y coordinadora de la Fundación Cruz Blanca en Tenerife, entidad que el pasado verano firmó un convenio con el Ayuntamiento de Arona para la atención de las mujeres que ejercen la prostitución en el municipio.

De todas las jóvenes a las que asisten, considera especialmente preocupante la situación de las nigerianas. “Las encontramos indefensas, muy desprotegidas, no hablan nuestro idioma y es el colectivo, además, con el que más nos cuesta trabajar por cuestiones culturales”.

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Otro de los factores que inquieta a las mediadoras y voluntarias es la prostitución que se practica en domicilios privados, ya que plantea dificultades a la hora de prestar asistencia. “Nos preocupa mucho porque es la de más difícil acceso. Las páginas de anuncios en Internet permiten a las chicas ofrecer servicios en su casa. El cliente va allí y pueden presentarse situaciones de riesgo, porque cuando tú abres la puerta a un desconocido no sabes lo que te puede pasar y hay veces que a los encuentros viene más de una persona”, relata Henríquez, que, no obstante, subraya otros casos aún más preocupantes. “Nos encontramos con casos de chicas que se dedican a la prostitución en secreto, sin que lo conozca su entorno familiar. Son madres solteras que nos dicen que no hay un trabajo para ellas y no quieren que sus hijos sepan a qué se dedican. Ahí, cuando hay menores en el hogar, se pueden dar situaciones de mucho riesgo. Hay que estar muy atentos y tener bastante cuidado”.

Tampoco resulta fácil atender a las jóvenes que están en los conocidos como locales de alterne. La coordinadora de la Fundación Cruz Blanca relata que cuesta encontrar a las mismas chicas después de la primera visita. “En los clubes van cambiando, son jóvenes centroeuropeas, sobre todo, que rotan por distintos locales, lo cual complica nuestra labor. Por otra parte, tampoco es fácil generar con ellas un clima de confianza cuando en nuestras visitas están presentes quienes controlan el local, muy atentos a lo que les decimos y les ofrecemos”.
Sobre los locales de masajes, explica que la mayoría de los que anuncian “final feliz” cuentan con personal chino, pero reconoce que acceder a ellos es una misión casi imposible. “El colectivo asiático es muy cerrado y no te permite la entrada; nos ocurre a nosotros y a otras entidades que prestan ayuda en diferentes puntos de la Isla”.

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María Rosa Henríquez, coordinadora de la Fundación Cruz Blanca en Tenerife. Andrés Gutiérrez
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ayuda material

El material de protección que entregan durante las visitas, tanto las mediadoras como las voluntarias, consiste fundamentalmente en preservativos convencionales y extrafuertes (para el sexo anal) y lubricantes. Pero detrás de eso hay una tarea igual de valiosa, como mínimo, que es la de hablar con ellas, escucharlas, que se sientan acompañadas y tomar nota de sus necesidades.

“Les informamos sobre sus derechos sociales, como la asistencia sanitaria, el empadronamiento y el acceso a la educación; aspectos que son desconocidos para ellas”. Henríquez considera fundamental la presencia constante, “que sepan que estamos allí y que somos un recurso de confianza y de referencia”. Admite, en cambio, que “al principio cuesta ganarse esa confianza, porque nuestro trabajo está coordinado con las fuerzas y cuerpos de seguridad y muchas chicas están en situación irregular”.

El equipo en Tenerife de la Cruz Blanca implicado en el proyecto de Arona está en contacto permanente con la Unidad de Crimen Organizado de la Policía Nacional y la Policía Local, y por seguridad nunca realiza las visitas de forma individual. A cada cita, ya sea en la calle o en un local, acuden un mínimo de dos personas.

“A diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, en el área metropolitana de Santa Cruz y La Laguna, no hemos detectado chicas en la comarca sur en un estado de deterioro por consumo de drogas, ni tampoco que la adicción a estas sustancias haya sido el motivo que les empujara a la prostitución”, precisa María Rosa Henríquez.

A pesar de ello, reconoce que el binomio drogas-prostitución no se puede desligar, “sobre todo porque el consumo empieza a raíz del ejercicio de esta actividad como una forma de aguantar y de evadirse”.

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