Tribuna

La ley del silencio, por Víctor Pérez Borrego

No deja de ser sorprendente y de generarme una gran preocupación, como persona y como portavoz insular de Ciudadanos (Cs), lo que ha ocurrido días atrás en Tenerife. No salgo de mi asombro ante las últimas declaraciones efectuadas por el presidente de la Federación Provincial de Entidades de la Construcción (Fepeco), D. Óscar Izquierdo, quien ha señalado que en la isla se tiene miedo a hablar. Ante todo, vaya por delante mi apoyo a este representante y a cualquiera que en pleno siglo XXI pudiera estar sufriendo algún tipo de represión o coacción para medir sus palabras.
¡No señores! No se puede coartar la libertad de expresión, o evitar que los representantes de entidades y trabajadores puedan reclamar en los medios de comunicación aquello que consideren que es justo y necesario para la isla.

Me preocupa que un presidente de toda una Federación, que aglutina varias asociaciones de empresarios, con el poder y el apoyo que se le presupone, diga esto. Eso me lleva a pensar en qué estará ocurriendo en otros ámbitos de nuestra sociedad que cuentan con menos poder y menos recursos a su servicio.
Hace sólo unos meses, el presidente de los empresarios de Cataluña, el señor Josep Bou, denunciaba públicamente algo similar: “La gran mayoría de empresarios de Cataluña tiene miedo a hablar”. Hoy todo el mundo sabe cómo está esa comunidad y esa sociedad tras los últimos acontecimientos. El miedo a hablar es un preocupante síntoma y un indicador claro de una baja calidad democrática. Es muy grave que en una sociedad democrática exista miedo a hablar, a manifestar libremente una opinión. Pero si hay miedo, ¿quién infunde el miedo? ¿Con qué instrumentos y con qué medios? ¿Qué amenazas o chantajes provocan ese miedo?

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Estamos ante un hecho muy grave, y todos debemos preguntarnos qué es lo que está pasando en Tenerife para que alguien pueda estallar de esta manera.

Esas declaraciones públicas cobran más importancia, si cabe, porque Fepeco es una entidad con 40 años de historia, profundamente conocedora de la sociedad tinerfeña, que aglutina a numerosas asociaciones de empresarios, que desarrolla su valorable actividad con planteamientos modernos, que genera empleo, comprometida con la sociedad y muy crítica, por ejemplo, con la economía sumergida.

Ciudadanos tiene entre los valores fundamentales, los que motivaron su nacimiento, la defensa en España de una sociedad abierta y de las libertades individuales. Por ello, y porque es intolerable, mi preocupación absoluta ante la aparición de unos síntomas sociales y políticos que pueden estar detrás de una declaración tan clara y tan grave.

El geógrafo Juan Pérez Ventura escribía hace unos años que “el arma más poderosa que tiene un gobernante no es la fuerza. Esas artes son de otro tiempo, de otra época. Hoy en día los gobernantes prefieren no llegar hasta esos extremos para controlar y someter al pueblo. Hoy en día ya no hace falta. No hace falta porque algunos han descubierto que, a la hora de gestionar una población, no es necesaria la fuerza si se sabe bien cómo amenazar a los individuos”.

Es una responsabilidad de todos luchar abiertamente contra las fuentes y los canales que generan y facilitan que estas cosas ocurran hoy. Si no lo hacemos ahora, más pronto o más tarde, pagaremos las consecuencias como sociedad.

*Portavoz insular de Ciudadanos (Cs) en Tenerife

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