SOCIEDAD

Ferreiro: “El éxito en la vida se mide en satisfacción personal”

 

Pedro Ferreriro. | E. BARRIONUEVO

Persistente, inconformista, realista, dinámico e intuitivo. Pedro Ferreiro no podía imaginar, recién llegado a Barcelona hace 33 años para formarse en la que entonces era una de las escuelas de diseño de arte más prestigiosas de Europa – Massana – que obtendría reconocimientos internacionales por su trabajo como diseñador de joyas.

No lo creía no porque no confiara en sí mismo y en su tesón y capacidad de trabajo, sino porque lo ha logrado desde una isla con doble insularidad, La Palma, y en un contexto internacional altamente competitivo en un mundo profesional excesivamente complejo, lleno de retos y de obstáculos diarios.

El diseñador de joyas acaba de regresar de China con el premio del JMA International Jewelry Competition, otorgado por la Asociación de Fabricantes de Joyería de Hong Kong y la revista HKJE y en una competición con casi 300 propuestas de alto nivel. El trabajo en tres dimensiones de las manos de Pedro, la pulcritud en cada detalle, el lento y complejo proceso de diseño y la culminación en una joya realmente espectacular, obraron el resultado de este nuevo premio.

Nieto e hijo de joyeros dedicados al comercio originalmente en Los Llanos de Aridane, Pedro Ferreiro afirma que “el éxito en la vida se mide en la satisfacción personal”. Pese a esa afirmación, su naturaleza emprendedora y su constancia en el trabajo lo alejan de forma decisiva del conformismo profesional, y recuerda que “esté es un mundo muy complicado; de mi promoción se cuentan hoy con los dedos de una mano los compañeros que siguen en el mundo del diseño”.

Pedro se considera un hombre afortunado porque hace lo que le gusta y porque escogió un campo de trabajo arrastrado por la vocación por el dibujo, por el que se aficionó desde la adolescencia. Recuerda las contrariedades del mundo del diseño de joyas, las dificultades de la comercialización de colecciones a las que dedica mucho de su tiempo: “La verdad es que hay mucha gente famosa, conocida, de la que se hace un marca comercial pero que no diseña, su nombre se convierte en marca. Solo el nombre vende”. “Por eso – confiesa – hace ya años que perdí la ilusión de que me llamara una gran marca. Este es un mundo de grandes firmas, de marketing y una lucha de poder donde los diseñadores pequeños luchamos de forma constante”.

Dibujar, hacer nuevas colecciones, ver sus proyectos plasmados, ejecutados. Esa es la permanente aspiración de Pedro, que fue un alumno brillante y que logró una beca hace nada menos que 32 años, por el entonces denominado Instituto Nacional de Industria que le permitió seguir formándose en Italia, y a partir de ahí dar el salto con un primer contrato de trabajo en Tailanda, a cargo de una empresa japónesa. Pedro regresó a La Palma tras un periplo formativo más allá de lo meramente académico, en talleres prestigiosos, en largas jornadas de trabajo y sin apenas cobrar.

Diseño y artesanía
Profesor titular del departamento de Diseño en la Escuela de Arte Manolo Blahnik desde el año pasado, Ferreiro ha alcanzado un reconocimiento profesional sin paliativos en el complejo mundo del diseño de joyas con la aplicación de técnicas digitales, un premio que tiene como vocación servir como plataforma global de promoción del diseño y los diseñadores, con el apoyo de la industria joyera asiática.

Pero este premio es la consecución del que ya ganó en 1992, el conocido popularmente entre las gentes del gremio como el Óscar Mundial en el diseño de joyas, el Diamonds International Award.

No puede ni quiere dibujar para sus alumnos un horizonte utópico y aifrma que “tienen que saber que hay que formarse, que después de formarse hay que luchar mucho en talleres, logrando engarzar la formación como diseñador con la de artesano para lograr avanzar en el camino. Esto no es fácil pero genera muchas satisfacciones y eso es lo que está presente cada uno de los días de trabajo”.

Pedro está lleno de objetivos y mantiene vivo el deseo de lograr, en un horizonte de 10 años, más tiempo para sus diseños, para su trabajo minucioso más alejado del mostrador de su tienda en la céntrica calle Real de Santa Cruz de La Palma, donde ayer trabajaba incansable en los retoques de una ambiciosa reforma interna del edificio que alberga su joyería, un inmueble de 1520 donde continuará creando.

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