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Juan Cruz: “Sobre Mario Vargas Llosa llueve la terrible tempestad de los insultos y los tópicos”

Juan Cruz. / FOTO: Fran Pallero

Juan Cruz Ruiz, el periodista y escritor portuense, estuvo el pasado martes en la librería Agapea de Santa Cruz firmando sus libros. Aprovechando la visita, presentó en la Isla su última obra: Encuentros con Mario Vargas Llosa (Deliberar Ediciones), un volumen que recopila todas sus entrevistas realizadas al Premio Nobel de Literatura y que dibujan “una autobiografía sin la distorsión de la memoria”. Así lo cuenta en DIARIO DE AVISOS.

-¿Cuándo mantuvo su primer encuentro con Mario Vargas Llosa? ¿Y el último?
“La primera vez fue en Tenerife, en 1974, si no recuerdo mal. Él venía de Barcelona, en barco, con su familia; acababa de nacer Morgana y mi hija Eva ya tenía un año. Había quedado con su amigo J. J. Armas Marcelo, quien estaba acompañado por una amiga común, Sabela Torres, que hizo fotos de esa escala. Armas nos pidió mucha discreción con respecto a la escala. Desde el muelle fuimos a casa de Emilio Machado, arquitecto y pintor. Recuerdo que le hice muchas preguntas a Mario, y en algún momento él me miró como si dijera que dejara de hacerlas, o esa impresión tuve. Lo cierto es que luego, a lo largo de los años, en París, en México, en Perú, en Italia, en Madrid, en Barcelona, en Tenerife…, en todas partes, le he hecho miles de preguntas, algunas de las cuales están en este libro. De hecho, quizá sea la persona, no solo el personaje, a la que más preguntas le he hecho en mi vida. La última vez, cuando se celebró el 50 aniversario de La casa verde, en Casa de América, en Madrid. Ahí le pregunté por Juan Carlos Onetti, que quedó finalista del premio Rómulo Gallegos cuando él lo ganó”.

-Desde el punto de vista del entrevistador, ¿cómo era ese Vargas Llosa de hace más de 40 años y cómo calificaría al Nobel en la actualidad?
“Mario ha sido siempre igual de buen entrevistado. La vez más complicada de su vida, cuando perdió las elecciones peruanas y fue a recuperarse a París, me lo encontré en la calle, literalmente, cerca de su editorial. Él no esperaba que nadie estuviera por allí. Yo acababa de leer un prólogo suyo a un libro de Fernando Botero, el pintor y escultor colombiano especializado en gordos. En aquel prólogo Vargas Llosa hablaba de la impresión que nos producen los que enflaquecen de pronto: nos quedamos extrañados y no sabemos si preguntar o no por las causas de su enflaquecimiento. En aquel momento en que me lo encontré en París lo saludé cogiéndole el antebrazo, que es donde se concentra la gordura, o la flacura. Y estaba delgadísimo: había perdido 20 kilos en aquella horrible campaña. Pero no le dije nada. Años después hablamos de eso, porque, en efecto, aquella fue una experiencia traumática que cuenta en El pez en el agua, para mí el mejor de sus libros”.

-Ya en 2015 publicaba Toda la vida preguntando. ¿Por qué ahora se centra en el peruano?
“Me lo pidió José Lázaro, el fundador de la editorial Deliberar, para empezar su colección de conversaciones. Le dejo encantado todo lo que quiera, primero porque es un buen editor y, además, porque me parece que estas conversaciones, desde la primera a la última, desmienten muchos tópicos sobre la supuesta arrogancia de Vargas Llosa. Mario es de las personas más educadas y cooperativas con la prensa que he conocido en mi vida”.

-En este libro (de 2015) mantuvo conversaciones con otros ocho Premios Nobel. ¿Cuál recuerda con más cariño?
“Recuerdo con mucho cariño la entrevista con Pablo Neruda, que se hizo a salto de mata cuando él pasó, también en barco, por Tenerife, y lo convencimos de que bajara a charlar con sus amigos isleños, Westerdahl, Pérez Minik, García Cabrera…, con algunos de los cuales había tenido relación a raíz de las conexiones entre sus revistas respectivas, Caballo verde para la poesía y Gaceta de Arte. García Márquez también es una gran experiencia: era un tímido sin paliativos, le gustaba conversar, no le gustaban las entrevistas, pero le hice muchas. Cuando ya estaba muy mal, en Barcelona, le dije que no me gustaría morirme sin hacerle una entrevista más. Y entonces él me dijo: “Pues no te mueras”.

-También ha entrevistado a la actual pareja del Nobel, Isabel Preysler. Sobre este encuentro usted mismo reconocía que acudía con prejuicios. ¿La entrevista es un género en el que siempre se aprende?
“Absolutamente. Aprenden el entrevistador y el entrevistado. Una entrevista es algo más que una conversación: es un acuerdo entre diferentes, destinado a ser relatado a un público innominado. El resultado de ese acuerdo es una conversación cándida, sin prejuicios. Yo fui a ver a Isabel Preysler, en 1990, con muchos prejuicios, ella me lo señaló una vez que leyó la primera versión de la entrevista, que era más bien un perfil en el que yo decía tópico tras tópico, y me dio tanta vergüenza que no solo le di la razón, sino que rehice el texto y lo convertí en una entrevista de pregunta y respuesta, en el que se vieran tanto mis preguntas como sus respuestas. Desde entonces, no lo he hecho sino de esa manera”.

El País publicaba este lunes una entrevista a Rafael Sánchez Ferlosio en la que afirmaba que Vargas Llosa era un “mal escritor”…
“Leí esas declaraciones después de leer lo que Lorca dijo en 1933 sobre Valle Inclán y sobre Azorín. Creo que entonces Lorca se excedió y creo que ahora Ferlosio en realidad está diciendo que lo único que lee en la prensa es lo que escribe Vargas Llosa”.

-En la descripción de Encuentros con Vargas Llosa se lee que esta obra ofrece una “autobiografía del escritor sin la distorsión de la memoria”. ¿Lo siente así?
“Creo que al ser entrevistas enteras, no editadas, no cambiadas en absoluto para la edición presente, es una genuina representación de lo que Mario Vargas Llosa ha dicho a lo largo del tiempo. Y en tramos, es una genuina autobiografía del escritor. O al menos así lo veo yo”.

-¿Hubo alguna frase o anécdota de todos esos encuentros que aún recuerde?
“Son numerosas. Y hay un momento, cuando se quedó sin voz antes de la ceremonia de Estocolmo, el día más importante de su vida como escritor, que es quizá la más simbólica representación del miedo que vive desde que su madre le presentó a su padre, al que él había creído muerto”.

-Pablo Neruda, Cortázar, Borges, García Márquez, Llosa… ¿Se siente un testigo de toda la generación del boom latinoamericano?
“No me siento, lo soy. Pero eso no me ha hecho ni más alto ni más guapo. El oficio te conduce a eso”.

-¿Cuál de todos ellos le sorprendió más? ¿Quién se le quedó por el camino?
“Llosa es el mejor de los entrevistados. Y me alegra que salga este volumen en el que se pone de manifiesto, también, que es un extraordinario ser humano sobre el que llueve la terrible tempestad de los insultos y los tópicos”.

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