Reflexión

El fuego y la furia

¿Quién tiene el botón nuclear más grande y más fuerte?

Nunca tuvo una expresión entre adultos tanta reminiscencia a las discusiones de adolescentes que discuten por ser más, tener más, medir más… Lástima que esas manifestaciones de poder político y militar tengan muchos damnificados o, si se les ocurre apretar el botón, los puedan tener. El poder de Elfuego y la furia, por usar los términos utilizados por STEVE BANNON en el libro record de ven-tas estas Navidades pasadas en Estados Unidos y muchas otras partes del mundo.

No quisiera caer en la tentación de la demagogia barata que olvida que en la naturaleza humana hay una dimensión de maldad frente a la que hemos de prevenir y vigilar. La fe cristiana habla de peca-do original y, aunque el término pecado no le viene bien al concepto, el hecho que revela es evidente y por todos contrastable: no siempre hacemos el bien que queremos hacer. La realidad humana pivota en la esquizofrénica disyuntiva del bien y del mal. Y del mal hemos de protegernos, y prote-ger a los nuestros. Pero admitido este principio, hacer ostentación de un poder destructivo hasta el punto de destruir todo para manifestar dominio es irracional. Es como hundir la barca en alta mal por la disputa entre dos pescadores; morir matando como objeto de resolución de conflictos. O, co-mo nos recoge el refranero popular, muerto el perro se acabó la rabia.

Un observador sosegado de la actualidad pudiera experimentar que, precisamente en la era de los mayores descubrimientos científicos y tecnológicos, se percibe en los seres humanos una regresión a épocas selváticas en las que la fuerza era el criterio de autoridad. Curioso retroceso paralelo a tantos avances. El baile de la yenka, dos pasos para delante y uno para detrás…
El recién estrenado año 2018 asusta un poco. Todo esto, asusta un poco…

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ADELA CORTINA nos ofreció ya en 2009 un ensayo sobre el valor de los animales y la dignidad de los humanos en un análisis filosófico del concepto de persona. Se trata de poner sobre el tapete re-flexivo la corriente actual que pretende extender el horizonte de la comunidad moral y política a algunos animales dándoles consideración de persona. En el anverso de la pretensión nos encontra-mos que a algunos seres humanos se les limita esta misma consideración de persona. Es curioso: la defunción del sentido común.

Pero es que siguen algunos seres humanos ladrando y marcando el territorio con la audacia del ma-cho alfa en una sociedad que imaginan con características se selva. La fuerza y la furia del depreda-dor convertido, desde los avances científicos y técnicos, en el botón nuclear más fuerte y más gran-de.

¡Qué miedo me dan!