Granadilla de Abona

Gernot Huber y su escultural parque entre cardones en Granadilla de Abona

Más de un centenar de obras componen una espectacular galería de arte sobre 78.000 metros cuadrados en una finca de endemismos canarios en Granadilla de Abona

Alexander Stomberg explica Dualidad, del peruano Alberto Soto Delgado. Andrés Gutiérrez
Alexander Stomberg explica Dualidad, del peruano Alberto Soto Delgado. Andrés Gutiérrez

Una simbiosis entre el arte, la naturaleza salvaje, la arquitectura y el respeto al medio ambiente, con el fin de conservar y preservar para las generaciones futuras un legado cultural único en el mundo, podría resumir el espíritu con el que nació el Parque de Esculturas Gernot Huber, en la finca de Los Cardones, en lo alto de San Isidro, desde donde vigilan el Teide y Montaña Roja. Desde noviembre, la espectacular propuesta artística abierta desde 1987, que está compuesta por más de 100 esculturas, puede visitarse en horario de 14.00 a 17.00 horas, solo cada segundo domingo del mes y hasta abril, aunque la intención del nuevo relaciones públicas del parque, Alexander Stomberg, es que se pueda abrir también en verano, coincidiendo con la apertura del otro parque que la Fundación Gernot Huber tiene en Hamburgo.

Claustro, del propio Gernot Huber, de 1997. Andrés Gutiérrez
Claustro, del propio Gernot Huber, de 1997. Andrés Gutiérrez

La entrada es libre para los menores y residentes, y de 10 euros para adultos, en concepto de donación para los becarios del centro que regenta el matrimonio Gernot e Ina Huber. La idea de Stomberg es “ampliar las rutas a los jóvenes locales, por eso pensamos abrir en verano”, comentó.

El cardón de cristal, de Rudolf Schmid. Andrés Gutiérrez
El cardón de cristal, de Rudolf Schmid. Andrés Gutiérrez

El parque está situado en una finca de 78.000 metros cuadrados de paisaje, salpicados por esculturas, algunas de ellas monumentales y móviles, realizadas con materiales propios de la Isla, tales como la piedra (cantos blancos, por ejemplo) y la madera, y, en algunos casos, acero y vidrio, e incluso oro. Todos los diseños presentados se encuentran interconectados por una red de caminos que cuenta con más de dos kilómetros, ubicados en plena armonía con el entorno y que facilitan el plácido tránsito de los visitantes, siempre manteniendo el endemismo de la zona, que gracias a la implicación de Huber no terminó convirtiéndose en la urbanización Los Cardones.
Y es que “Gernot Huber quiso, cuando dejó de trabajar en 1990, gastarse su fortuna en fomentar el arte y vivir entre esculturas, antes de ir de crucero por el mundo”, comenta Stomberg. Este singular espacio, en el que se combina la armonía del arte y la arquitectura con la naturaleza endémica isleña, supone un atractivo cultural único para el municipio de Granadilla en particular y el Sur en general, y en el que se reúnen trabajos de importantes artistas locales y de ámbito internacional, entre los que destacan Guillermo Batista, uno de los últimos en exponer en el parque, y Jaime Alonso Fernández, o el internacionalmente conocido escultor peruano Alberto Soto Delgado, junto a jóvenes creadores de Ucrania, Italia, Rusia, Bélgica y, sobre todo, de Alemania, con muchas obras del propio artífice del parque, Gernot Huber, como Claustro, por la geotermia que desprende, “capaz de quitarte un dolor de cabeza”, relata.

Metamorfosis, del alemán Norbert Jager. Andrés Gutiérrez
Metamorfosis, del alemán Norbert Jager. Andrés Gutiérrez

Las obras se ubican alrededor de la residencia del fundador, construida con toba volcánica, que, conforme al diseño de su propietario, aúna el viejo estilo de construcción canario y la vida y el trabajo moderno, en medio de la naturaleza salvaje y sobre una loma volcánica entre vegetación, desde donde se divisa el pico del Teide y El Médano.

Las becas

Los fundadores, Gernot e Ina Huber, constituyeron esta fundación cultural con el propósito de promover el arte y la cultura entre jóvenes artistas mediante becas, con el objeto de mantener vivo el legado de una entidad que se mueve sin ánimo de lucro.

Alma de guanche, bañada en oro, de Norbert Jager. Andrés Gutiérrez
Alma de guanche, bañada en oro, de Norbert Jager. Andrés Gutiérrez

La Fundación Canaria Gernot Huber otorga becas de trabajo especialmente entre noviembre y abril en Tenerife, y las pueden solicitar escultores dentro de los 10 años siguientes a la finalización de sus estudios superiores. La beca incluye los costes del desplazamiento, la estancia en la residencia de la Fundación, todos los materiales necesarios para la realización de la escultura y la logística relacionada, una ayuda económica de 2.000 euros y, además, una semana de vacaciones en la Isla.
La duración de la beca depende del tiempo de trabajo planeado más el tiempo de exploración de la Isla. En el caso de que el escultor becado tuviera pareja, se podrá alojarse en la residencia.

De diseñador gráfico y publicista de grandes firmas a mecenas del arte

Gernot Huber tiene hoy 88 años (nació en 1929 en Tubinga, Alemania) y desde los noventa vive a camino entre Tenerife y Hamburgo. Después del bachillerato, estudió pintura, litografía, artes gráficas y publicidad en Múnich.

A partir de 1953 trabajó como diseñador gráfico, industrial y escaparatista para las grandes firmas de Europa -entre ellas Philips-; en 1960 fundó en Hamburgo una agencia publicitaria y productora de exhibiciones propia -Werbeforum Gernot Huber- y desde 1969 desarrolló Corporate Identities en todo el mundo. En 1970 fue docente universitario invitado de diseño industrial. En 1990 pasó a dedicarse por entero a la escultura y en la actualidad trabaja fundamentalmente para sus parques de esculturas en Hamburgo y Granadilla.

En 1997 creó la Fundación Gernot Huber (Gernot Huber-Stiftung) y en 2014, junto a su mujer, Ina Huber-Stomberg, la Fundación Canaria Gernot Huber. Desde entonces apoya con becas a las nuevas generaciones de escultores. Cabe reseñar que le pusieron su nombre a la calle que llega desde la carretera TF-64, en San Isidro, hasta el parque de esculturas, “algo que en Alemania solo se hace a los muertos”, recordó con una sonrisa.

En octubre de 2001 apareció su primer libro, Kunst zwischen Kiefern und Kakteen (Arte entre pinos y cactus), en Edition Braus, cuya segunda edición apareció en 2015. En el volumen se aborda aquello que desconcierta a la mayoría de los amantes del arte: que un grupo dominante de retóricos del arte con influencia mediática idealizan el nonsense (género jocoso) hasta llevarlo a la categoría de arte, arte que ya no se entiende como tal. En 2016 publicó Äsculap im Ammertal, dedicado a su padre, Theo Huber, un médico que vivió las dos grandes guerras mundiales.