Tribuna

Recordando a Victoriano Ríos

Es curiosa la efemérides del 9 de enero. Algunos amigos nacieron en esa fecha y otros fallecieron. Son los casos de Paco Rodríguez y Victoriano Ríos, respectivamente

Es curiosa la efemérides del 9 de enero. Algunos amigos nacieron en esa fecha y otros fallecieron. Son los casos de Paco Rodríguez y Victoriano Ríos, respectivamente. Güimarero el primero y lagunero el Dr. Ríos, quienes se conocían por razones varias. Por otra parte y tal como lo recordó el admirado Eduardo Galeano, en 1776 se publicó el libro El sentido común, de Thomas Paine, refiriéndose a la independencia de los EE.UU.; en 1848, el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, y en 2011 se hizo famosa la exhortación a la indignación de Stéphane Hessel. En mi recuerdo personal de este 9 de enero la consideración que hacía siempre el amigo Victoriano a Canarias, como cuestión de Estado. Conocí a Victoriano en la década de los setenta, cuando entró en ebullición la democracia posfranquista. Las elecciones de 1977, el referéndum de la Constitución de 1978 y las elecciones de 1979 sirvieron para contactarnos en materia política, además de las razones deportivas, que nos unían por el fútbol. Lo cierto fue que cuando participamos en el mundo municipal de 1979 en La Orotava, ya nos seguía observando desde 1977, cuando las primeras elecciones generales sirvieron para irrumpir en el sector de la política y Bernardo Cabrera y Juan Pedro Dávila nos llamaron para incorporarnos a la lista del PPC, el Partido Popular Canario, derivada política del PNC, Partido Nacionalista Canario. Luego, en 1983, nos incorporamos a la ATI nacida al socaire del Teide gigante, que aglutinó a muchas agrupaciones independientes, además de a algunos compañeros procedentes de la extinguida UCD. Así llegamos en 1987 a participar en las elecciones autonómicas de Canarias y compartir escaño en el Parlamento de Canarias junto con otros compañeros, entre los que destaco a su amigo médico y socialdemócrata Eduardo García Ramos. Victoriano, como presidente de la Cámara autonómica, y yo, como diputado y senador por Canarias en las Cortes Generales, cargo que ocuparía también años más tarde junto con Jerónimo Saavedra. Me apoyó y promovió como candidato al Parlamento Europeo, por las AIC y luego por CC, en varias legislaturas. En 1989, 1994 y 1999. Siempre apostó por Canarias en Europa, así como por contar con un grupo parlamentario canario en el Congreso de los Diputados. A Victoriano le gustaban los simposios, esas reuniones anuales que hacíamos alrededor del vino el 28 de diciembre, festividad de los Santos Inocentes. Primero en la bodega de su amigo Justo, en La Matanza, que había nacido en Santa Clara (Cuba), y en los últimos años en la del profesor JJ, en La Guancha. También llevó a cabo diferentes viajes por la geografía mundial, en particular por Cuba y Venezuela, en los que le acompañé, y por las capitales europeas comunitarias para tratar temas relacionados con las Islas Canarias, además de San Petersburgo, en Rusia, para recordar la figura del ilustre ingeniero canario don Agustín de Betancourt y Molina. La verdad fue que Victoriano, todo un humanista, supo disfrutar de la victoria después de sufrir el amargo sabor de la derrota. Le pasó lo que mi hermano Francisco, alcalde que fue de la Villa de La Orotava, aplicaba a los jóvenes futbolistas de la cantera. Con los dos aprendí muchas cosas de la vida, además de la política.
¡Victoriano, descansa en paz!