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El Silbo Gomero se protege de adulteraciones y respeta los acuerdos de El Hierro

Casimiro Curbelo recuerda que iniciativa de esta naturaleza requiere de un rigor científico y académico. El titular del Cabildo de La Gomera subraya que no hay polémica y que "no hay un silbo canario, hay Silbo Gomero".

SILBO GOMERO PARLAMENTO CANARIAS
PARLAMENTO DE CANARIAS

El Cabildo de La Gomera “no puede desligitimar las decisiones y acuerdos que adopten otras instituciones”. Son las palabras del presidente de la corporación insular, Casimiro Curbelo, tras la polémica surgida por la decisión de la administración homóloga en El Hierro y presidida por Belén Allende, para incoar expediente para el reconocimiento del silbo herreño.

El titular de la corporación en la isla colombina asegura que “no existe debate y de haberlo sería estéril” porque “el Cabildo de El Hierro está legitimado para tomar los acuerdos que estime oportunos”. Pese a todo, desde el Cabildo gomero se advierte acerca de que la iniciativa propuesta por la institución herreña tendrá validez, una vez se acredite su validez con todos los elementos de rigor académico y científico que permitan, en su caso, emitir un dictamen favorable.

De momento, y hasta que eso no ocurra, el silbo gomero es el único sistema de comunicación creado para la resolución práctica de un problema vital, transformado en un fenómeno histórico, artístico y cultural y reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad desde el año 2009.

Por eso desde el Cabildo de La Gomera, su presidente aclara: “No existe el silbo canario, y si se imparten clases en otros puntos de la región y se instruye en la divulgación de este lenguaje se están divulgando el Silbo Gomero”. Advierte de que “se está hablando se un silbo canario y no es correcto, sencillamente no es cierto. Desde luego no podemos impedir que se diga, pero sí es nuestra obligación como institución tomar medidas para reforzar y consolidar un bien que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en base a criterios científicos, académicos y sociales acreditados de forma rigurosa y fehaciente. “Se han realizado investigaciones lingüísticas y etnográficas que así lo han ratificado”, subraya.

Mientras tanto, el expediente incoado por el Consejo de Gobierno del Cabildo de El Hierro el 11 de diciembre de 2017, relativo a la incoación del expediente de declaración de Bien de Interés Cultural, en la categoría de conocimiento y manifestación de la cultura popular de ámbito insular en peligro de extinción, a favor del Silbo Herreño, afirma que “el silbo imita el habla. Por esta razón, en el silbo herreño pueden percibirse los matices de la modalidad dialectal del habla herreña, con su “deje” (entonación), el léxico y sus otras características. Es fácil, por tanto, distinguir un silbador herreño del de otra isla”.

El contenido del expediente incoado por el Cabildo de El Hierro, choca frontalmente con los argumentos del Cabildo de La Gomera, por cuanto en el texto aprobado por el pleno que preside Belén Allende se recoge que “creemos que el silbo en Canarias, es un legado que vale la pena utilizar, conservar y revalorizar” y en su argumentario llega a analizar la existencia del silbo en las distintas islas del archipiélago, incorporando el Silbo Gomero como uno más.

El consejero de Cultura, Patrimonio, Juventud y Deportes del Cabildo de El Hierro, Pedro José García Zamora, precisa que “el silbo de El Hierro tiene unas connotaciones distintas al silbo de La Gomera según los expertos con los que hemos trabajado”, por lo que “queremos que se siga protegiendo y defendiendo el silbo gomero pero también queremos que se proteja el silbo de la isla de El Hierro, esa es nuestra única intención”.

En el trabajo de investigación que llevan a cabo desde la isla de El Hierro, cuentan, según los datos que facilita García Zamora, “con más de cien informantes, personas en su mayoría mayores, que acreditan los datos que tenemos y sobre los que trabajan los expertos”.

Tanto es así, que en el expediente incoado se señala que “el silbo en el Hierro se conservó con vigor hasta los años 60 del siglo XX, siendo escaso su uso posteriormente. Aún quedan numerosos silbadores vivos, aunque de avanzada edad. Existe buena documentación gráfica y etnográfica de su utilización, y su recuperación es sencilla, pero urgente”.