Santa Cruz

Una chapuza originó el accidente de avioneta de 2016 en Las Teresitas

Un milagro evitó que la avioneta causara daños humanos en la orilla de la playa; en el recuadro, la hélice que acabó partida. Fran Pallero
Un milagro evitó que la avioneta causara daños humanos en la orilla de la playa; en el recuadro, la hélice que acabó partida. Fran Pallero

Una chapuza originó el accidente de una avioneta que aterrizó de emergencia en la santacrucera playa de Las Teresitas el 27 de diciembre de 2016. A resultas de dicho siniestro, el propietario y piloto de la aeronave, un belga de 53 años de edad, sufrió heridas de gravedad, si bien los dos pasajeros (su mujer y su hija, de 13 años) resultaron ilesos. Esta es una de las conclusiones del preceptivo informe realizado por Aviación Civil, al que ha tenido acceso DIARIO DE AVISOS, y donde se detalla que, tras adquirir la avioneta un año antes del accidente, el nuevo dueño modificó el sistema de escape original sin tener en cuenta las recomendaciones del fabricante. En descargo del belga, hay que felicitarle por su decisión de apagar el motor, lo que evitó que se incendiara la avioneta, así como por su pericia a la hora de amerizar en Las Teresitas, una maniobra realizada con tal pericia que solo él sufrió lesiones, pero fue porque se desabrochó el cinturón de seguridad para comprobar que sus pasajeros lo llevaban puesto y luego se olvidó de volver a sujetar el propio.

El accidente que nos ocupa se produjo poco después del mediodía de aquel miércoles de finales de 2016, apenas 20 minutos desde que la avioneta despegase del Aeropuerto Tenerife Norte (Los Rodeos) con la intención de volar hasta Esauira (Marruecos).

El vuelo se inició a las 12.30 horas, y a las 12.43 el piloto alertó a la torre de control de que tenía problemas para dominar el artefacto. A las 12.51 horas, dada la imposibilidad de retornar al aeródromo lagunero, el piloto prefirió aterrizar en Las Teresitas. Como había mucha gente, lo hizo sobre el agua, si bien el aparato terminó descansando en la orilla, para asombro de los numerosos usuarios de la playa. Ahora, el informe de Aviación Civil determina que las aludidas modificaciones en el sistema de escape impidieron detectar la degradación de un material recubierto con cinta, tal y como se comprobó tras el análisis de los restos de la avioneta. Así, los técnicos oficiales consideran que primero se rompió un colector, que provocó la primera vibración sentida por el piloto, a la cual siguió otra de mayor intensidad con la consiguiente acumulación de gases, y, finalmente, la pieza se suelta y rompe una de las aspas de la hélice.

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Vértebras y abdomen

Cuando llegó la segunda vibración y empezó a oler a quemado, el piloto acertó al apagar el motor e iniciar un descenso que, finalmente, le salvó la vida a él y a su familia. Eso sí, el piloto (que había olvidado abrocharse de nuevo el cinturón de seguridad, como se apuntó) se golpeó contra el panel de instrumentos a cuenta del violento impacto contra el agua y sufrió la fractura de varias vértebras y un desplazamiento de abdomen, por lo que tuvo que ser intervenido para un tiempo total de recuperación estimado entre tres y seis meses.

El informe de Aviación Civil destaca, además de la chapuza, que la aeronave había estado sin utilizarse desde el 24 de julio de 2013 hasta el 6 de marzo de 2016, y que el nuevo dueño solo había volado con ella 68 horas. El dato no es baladí, por cuanto los especialistas incluyen entre sus conclusiones el “probable mal estado en que se encontraban los colectores cuando fue adquirida la nave”.

En resumen, la chapuza que no siguió, como es preceptivo, la recomendación del fabricante y el probable deterioro que arrastraba una avioneta que pasó demasiado tiempo sin elevar el vuelo fueron las principales causas del siniestro que tuvo lugar en la playa capitalina durante las penúltimas navidades.