Otras coordenadas

Unidad y diversidad

Arrancamos el año con el lío que ponen en escena preparando la Fitur 2018, en Madrid, del 17 al 21 de enero, el Gobierno de Canarias y Cabildo de Tenerife

Arrancamos el año con el lío que ponen en escena preparando la Fitur 2018, en Madrid, del 17 al 21 de enero, el Gobierno de Canarias y Cabildo de Tenerife, por un lado, y la AMTC, Asociación de Municipios Turísticos de Canarias, que se descuelgan de acudir conjuntamente a la Feria bajo el paraguas común de Promotur, empresa del Gobierno de Canarias. Con la mirada corta parecería un episodio más de los de la casa, al contar los equipos en contienda, con CC en el bando oficial y PSOE, independientes y PP en el bando contrario. La AMCT, asociación que engloba a Arona, Adeje y Guía de Isora, en Tenerife (PSOE), y San Bartolomé (PP) y Mogán (independientes y PSOE), en Gran Canaria. En conjunto, la disidencia agrupa cerca del 55% de las plazas turísticas de Canarias, el 70% de las de Tenerife y el 6% de las de España. Por lo que resulta equívoca la posición gubernativa, al haber sido abandonada por la mayoría.

Siendo así, es más chocante el deterioro del mensaje institucional con que se despacha el Cabildo de Tenerife, que por vergüenza ajena no reproduzco. Aún más desconcertante cuando la asociación de los municipios protagonistas del turismo demandaban espacios específicos, para poder concertar el negocio turístico de sus empresarios, con los operadores del sector, turoperadores y agencia de viajes, no para usar Fitur como “escenario para ganar espacio y fotos, o hacer el ridículo con su teatrillo”. Resultan chocantes estas expresiones cabildicias, supuestamente defendiendo una marca única para Canarias, cuando Promotur le ha consentido promoverse como marca Tenerife. Que otros hagan lo mismo no deja de ser una ironía. En cualquier caso, existe una perversión de los fines propios de una feria como ésta. Lo que debe ser un instrumento de promoción empresarial, se convierte en una trifulca política. Acusar de afán de notoriedad a los municipios por ir a una feria, no deja de ser sonrojante, cuando para eso se va. El absurdo se sostiene en la distorsión que se hace del papel público, que siempre debería plegarse a los fines empresariales del Turismo.

En los desajustes producidos por la globalización, acertar a “integrar unidad y diversidad” es una de las claves. Debemos aceptar sus propias reglas, con nuevas lecturas y cintura política y empresarial. La crisis del plátano lo pone en evidencia, cuando las reglas hasta ahora no han acertado a integrar la diversidad en un marco único, se descuelgan los desiguales. Cuando se fuerzan en el mundo del vino las leyes de la competencia y la neutralidad del Cabildo, se segmenta el sector. Cuando se va contra la liberalización de servicios, se cometen desatinos, como el del multirrecurrido Decreto de Viviendas Vacacionales, hoy empantanado en Canarias y rebotado a Madrid. Fenómeno de exportación de conflictos que hemos visto en Santa Cruz como consecuencia de la desacertada política del Cabildo de ir contra el PGO vigente, planteando extra plan, una extremada política de protección patrimonial, que no es de su competencia directa.

En la misma deriva de desaciertos conjuntos situaríamos la postura en las soluciones a las carreteras, los vertidos, la planificación insular y el desajuste de su grupo empresarial, cuyas cuantiosas pérdidas pagamos todos. Pretendiendo hacer el papel de otros sin responder al suyo propio, se desacredita la acción política. Desde lo público no vale el conflicto como sistema de gestión. Su obligación está en integrar “unidad y diversidad”, sin rebotar los conflictos a los juzgados, o en nosotros los ciudadanos, a los cuales deben servirnos.