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Juba II: el romanizado primer rey de Canarias

Su padre cayó ante Julio César y él se crió en Roma; se casó con la hija de Cleopatra y Marco Antonio; exploró las Islas desde Mauritania

JUBA II

Se llama Juba II y era rey de Mauritania. Para la doctora Alicia García, referencia indiscutible sobre el personaje, se le puede considerar el primer rey de Canarias. Desde siempre supimos que mandó una expedición a las Islas, ya que así lo contó luego Plinio El viejo y lo repitieron Viera y Clavijo o Abreu Galindo. Pero Juba II era mucho más que un simple rey africano.

Este primer invasor de Canarias sobre el que tenemos noticia fehaciente fue el único hijo y heredero del rey Juba I de Numidia, un bereber que se quitó la vida tras ser derrotado en el 45 a. C. por Julio César en Tapso (actual Túnez). Como era habitual en la época, a Juba II se lo llevaron a Roma para romanizarlo, y lo cierto es que salió bien. Recibió una educación romana en latín y en griego, romanizándose e incluso obteniendo la ciudadanía romana. A los 20 años escribió Arqueología romana, la primera obra de una larga serie que, lamentablemente, apenas ha sido recuperada. Apenas 14 años después de la derrota de su padre, Juba II combatió junto a Octavio, en la batalla de Accio. Gozaba de su favor, al igual que del de César.

Pero si Juba II merece estar en el panteón de los hombres ilustres y doctos, también saldría en Salseos, la sección de chismes de www.diariodeavisos.com, porque estuvo casado nada menos que con Cleopatra Selene, hija de la famosa egipcia de mismo nombre y el romano Marco Antonio.

Lo cierto es que, tras su etapa militar, Juba II siguió prestando servicio a Roma. Como no cuajó como monarca en su Numidia natal (lo rechazaban por romanizado), el imperio le creó un reino llamado Mauritania que abarcaba desde la costa de Marruecos hasta la desembocadura del río Ampsaga, en Argelia. Desde allí, Juba II apoyó al procónsul de turno frente a las a menudo irascibles tribus norteafricanas, a la par que exploró zonas como el Atlas y Canarias.

Al menos hubo una expedición, pero se sospecha que fueron más. Gracias a estos viajes, Juba II sacó al Archipiélago del terreno de lo mítico a lo real, describiendo hasta seis islas distintas, sus gentes, sus costumbres y sus riquezas. A él y a sus expedicionarios le debemos nada menos que el nombre de Canarias, ya que así (Canaria) llamaron a la actual Gran Canaria. Curiosamente, fue esta isla y la de Tenerife, que denominaron Ninguaria. A pesar de lo poco que se ha logrado rescatar sobre el resultado estas exploraciones, para Alicia García no hay dudas de que Juba II conocía bien la costa oeste norteafricana, por cuanto convirtió la actual Mogador en un centro de producción de tinte importante para la época. Un dato ineludible sobre el reinado de Juba II: en el mismo se mezclaban las costumbres y tendencias locales con las romanas y las egipcias de su esposa, sin duda un cóctel más que interesante.

El final de Juba II fue tan novelesco como su vida. El mismo año en que nombró corregente a su hijo Ptolomeo, este fue asesinado por Calígula, a quien irritó que el mauritano se presentase con una capa púrpura, seguro que teñida con los productos de Mogador.