LA COPA DE LA AFICIÓN BAJO LA AMENAZA DE HUELGA

Los tuits que pusieron en pie de guerra al baloncesto

Con la etiqueta ‘#ABPEstamosUnidos’, los nacionales de la ACB rodearon de incertidumbre la cita grancanaria; esta es la intrahistoria

José Ramón Lete, presidente del CSD, logró el acuerdo entre sindicato y patronal. ACB Media
José Ramón Lete, presidente del CSD, logró el acuerdo entre sindicato y patronal. ACB Media

A las 20.30 horas del 11 de febrero, varios de los jugadores más representativos de la Liga Endesa lanzaron un órdago en redes sociales. Con el hashtag #ABPEstamosUnidos mostraban su firme intención de llegar hasta el final con una huelga convocada de cara a ser secundada durante la Copa del Rey. Solo el CSD supo reaccionar, pero, en medio, hubo demasiados intereses.

Clubes como Valencia y Fuenlabrada no respetaron el derecho a huelga de sus jugadores, algo que comunicaron de manera oficial. El Fondo Social, bandera de la Asociación de Baloncestistas Profesionales (ABP), dividió a los jugadores, pues no todos estaban de acuerdo, como el propio sindicato dejó entrever en varias ocasiones.

La información que se hizo correr entre varias entidades era que dentro de sus vestuarios algunos cabecillas se dedicaban casi presionar a algunos compañeros, especialmente los extranjeros. Lo cierto es que hombres como Fabien Causeur, del Real Madrid, y Nemanja Nedovic, de Unicaja, apoyaron a los nacionales que querían la huelga y no parecen el perfil de jugador influenciable.

Más llamativo fue el pronunciamiento de Sitapha Savané. El jugador de Estudiantes, reconocido por su compromiso social y sus ideas de izquierdas, no estaba de acuerdo con el paro, algo que fue atribuido a que el interior pudo entrar en su día en las quinielas a la presidencia de la ABP. Se llegó incluso a hablar de que una agencia de representación muy importante estaba muy por la labor. Fueron varios los agentes que sugirieron a sus clientes que lo mejor era jugar la Copa, un torneo con un impacto económico de 20 millones de euros, sustentado por algunas de las empresas más importantes del país.

En todo este cruce de acusaciones, aparece la idea de que el objetivo real de Alfonso Reyes, presidente de la ABP, era el de sufragar el sindicato con dinero de la ACB, y que su hermano Felipe, dentro del vestuario del Real Madrid, hacía fuerza para que la huelga fuera un éxito.

En medio de todo ello, el inmovilismo de la ACB, gran perjudicada de todo ello junto a los aficionados, que en redes sociales respondían a los jugadores más activos haciéndoles saber que podrían perder el dinero invertido en viajes y abonos. Dentro de esa situación, el CB Canarias se mostró como un club activo, tratando de buscar soluciones sabiendo, además, que en su vestuario figuran algunos de los jugadores más convencidos con la medida y que no dejaban de mostrarse firmes y dispuestos a ejercer un derecho de cualquier trabajador.

Cuando la posibilidad de la huelga empezaba a ser real -hubo entidades realmente nerviosas-, José Ramón Lete, presidente del CSD, volvió a aparecer como solución a la ACB, como ya hizo el pasado verano con el asunto de los ascensos y descensos que tantos años tuvo que esperar.Lete es un hombre de consenso, lo dicen hasta sus adversarios políticos, y salvó una situación para una ACB que, otra vez, da muestras de la necesidad de tomar medidas en algunos aspectos si de verdad quiere seguir creciendo como asociación de clubes.