Jaque Mate

El minuto que marcará la gala de Saida

Esta edición del Carnaval santacrucero será recordada, a nuestro pesar, por la drástica eliminación, sin que se conozcan precedentes, de Saida Prieto, la candidata a reina de DIARIO DE AVISOS y EL ESPAÑOL

Saida y Santi. | SERGIO MÉNDEZ

Esta edición del Carnaval santacrucero será recordada, a nuestro pesar, por la drástica eliminación, sin que se conozcan precedentes, de Saida Prieto, la candidata a reina de DIARIO DE AVISOS y EL ESPAÑOL. Una decisión tan extrema como desafortunada que ha generado una lógica controversia social, pues supone un castigo desmedido para la candidata que volvía sobre sus pasos con la humilde ilusión de curar la herida psicológica y física del drama de 2013, salvo que la frágil memoria de las autoridades municipales haya olvidado por completo que la misma joven cinco años atrás estuvo a punto de perder la vida al quemarse su fantasía por un error de seguridad.

¿Era necesario pagarle con esta moneda tras el daño infligido a lo largo de estos años? ¿En qué cabeza cabe imponer con semejante dureza todo el peso de las bases del certamen para borrarla de modo expeditivo en una decisión inédita, como si todos los años fuera lo más corriente descalificar candidatas que se demoran en salir del escenario desplazando un traje de más de 300 kilos? ¿Había alguna necesidad de semejante trato implacable, precisamente, con Saida? ¿A quién importunaba su presencia en el escenario hasta el punto de sacarle tarjeta roja a la primera de cambio? No fue la única que rebasó el tiempo asignado, pero sí la única que pagó por ello.

Los dos medios patrocinadores de la candidata, DIARIO DE AVISOS y EL ESPAÑOL, sentimos la necesidad de salir enérgicamente en su defensa, por cuanto se ha obrado, a nuestro juicio, con una flagrante falta de consideración hacia ella. Y no se lo merecía. Estamos seguros de que este agravio no es compartido por el pueblo de Santa Cruz.

A todas luces, aquí no se ha hecho sino reincidir en una relación innecesariamente traumática de la Gala con Saida, que quedará grabada en la memoria de todos. Un agrio desapego que se ha visto teñido de esta clamorosa falta de sensibilidad institucional, cuando su único deseo era querer recuperar el tiempo perdido, regresar al escenario del drama de su vida y recomponer un sueño roto en mil pedazos la noche en que se vio envuelta en llamas. Saida confiaba, quizá ingenuamente, en la generosidad de la organización de la fiesta por la que estuvo a punto de dar la vida. No era un caso cualquiera, sino el incidente más grave de la historia de las galas del Carnaval desde que se tiene memoria.

Tiene difícil justificación el comportamiento agrio que el Ayuntamiento y la organización de la Gala han tenido esta semana con la joven tinerfeña que encarna los mejores valores que adornan una fiesta hecha por vecinos, por familias, de abajo arriba, y de cuya capacidad de superación puede estar orgullosa Santa Cruz, que ofrece historias como la de Saida, espejo de la pasión que alimenta el espíritu carnavalero del pueblo chicharrero.

Un mínimo asomo de sentido común y de sentido solidario habría desaconsejado actuar de ese modo. ¿A qué venía este alarde de severidad puntillosa? Por un minuto de retraso sobre el escenario han descalificado a quien llevaba cinco años de calvario por una Gala que el destino le robó. El excesivo celo reglamentista con que se la eliminó de manera radical pone algunas prevenciones al descubierto. Saida no se sentía favorita por más que en determinados círculos se previno contra ello con manifiesta intencionalidad. Creía merecer una mínima acogida en el plano humano, y no ha sido así. Pero lo que no es de recibo es que se le condene al ostracismo por un minuto de más, sin que los responsables de la Gala hayan puesto nada de su parte para evitarlo con los procedimientos previstos, mediante el recurso consiguiente de bajar la música cuando correspondiera. Y mucho menos que nadie le comunicara tanto a Saida como a su diseñador, Santi Castro, la medida que se había adoptado contra ellos. Cuando fue convocada al escenario, por último, para la lectura del fallo del jurado, Saida estaba en su derecho de saber que ya no figuraba entre las concursantes. Todas y cada una de estas irregularidades no hacen sino incidir de manera obstinada en una incomprensible falta de tacto y de respeto hacia Saida Prieto. Que su caso sirva de reflexión sobre los límites razonables del trato humano en cada circunstancia de la vida. Y que, como consecuencia, cada palo aguante su vela. ¡Jaque mate!