Medio Ambiente

Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas: “Las orcas son la memoria del hombre primitivo”

Ha visitado esta semana el sur de Tenerife invitado por el Festival Arona Son Atlántico, que le ha entregado su premio anual, para contar su insólita convivencia, en estado salvaje, con uno de los cetáceos más temidos del planeta: la orca

Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez
Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez

Ha visitado esta semana el sur de Tenerife invitado por el Festival Arona Son Atlántico, que le ha entregado su premio anual, para contar su insólita convivencia, en estado salvaje, con uno de los cetáceos más temidos del planeta, la orca, una especie con la que ha llegado a intimar como nadie lo ha hecho antes. Está considerado un referente internacional en la investigación de estos gigantes marinos y sus estudios han descubierto pautas novedosas de comportamiento que han sorprendido a medio mundo. Roberto Bubas (Esquel, Argentina, 1970) nos recibe en el hotel donde se aloja acompañado de varias publicaciones del comandante Cousteau y una vieja libreta con sus primeros apuntes, estadísticas y dibujos. No ha cambiado de trabajo desde 1992. Es guardafauna de un área protegida en la Península de Valdés, en la Patagonia argentina.

-¿Cómo es la zona donde trabaja?

“Es un área de gran diversidad en la que están protegidas las ballenas francas australes y en la que hay orcas, elefantes marinos, pingüinos, lobos… En ella sigo trabajando de la misma manera que cuando empecé hace 26 años”.

-Lo suyo con las orcas fue lo más parecido a un flechazo. ¿Cómo se fraguó ese idilio?

“Yo soy de la montaña, de la cordillera de Los Andes, pero siempre me fascinó el mar desde muy pequeño leyendo las aventuras del comandante Cousteau. Uno de mis sueños era hacerme biólogo marino y trabajar algún día en el legendario Calypso (el barco del célebre oceanógrafo francés). Cuando llegó la hora de la universidad fui a estudiar a la costa Biología marina. Las orcas solo las había visto en diapositivas y en los fascículos de Cousteau. Me parecía que nunca en mi vida las iba a poder ver, ni siquiera me lo planteaba. Estando en la universidad dedicaba los fines de semana a trabajar como guardafauna voluntario en las áreas protegidas. Y un día, asomándome a la costa vi pasar un grupo de orcas y quedé enloquecido con aquella imagen”.

-Fue como una señal que marcaría su futuro…

“Sí. Mi jefe me dijo que nadie quería venir a trabajar porque no había nada que ofrecer, ni siquiera una vivienda. Acepté el puesto inmediatamente, abandoné los estudios y me fui a trabajar al lugar donde vi aquellas orcas”.

-¿Cómo recuerda sus primeros contactos con estos gigantes marinos?

“Empecé a trabajar en un proyecto propio de investigación para identificar individualmente las orcas que veía llegar a mi playa, por las formas de sus monturas y de sus aletas dorsales, y así poderles hacer un seguimiento continuado”.

-Hasta que un día, mientras usted realizaba esa tarea, ocurrió algo inesperado que le marcaría para siempre…

“Sí. Aparecieron cuatro orcas y una me trajo un manojo de algas que me dejó a los pies. En ese momento empezamos a jugar como si ellas fueran perros y yo su dueño que les lanza un palo. Tiraba aquellas algas y me las traían. Fue algo muy emocionante. Jugamos hasta se fue la marea, pero lo más sorprendente es que durante varios días me esperaban en el mismo lugar y a la misma hora para jugar con las algas”.

-Parece increíble. Una historia que emociona…

“Sí, sobre todo porque empezamos a jugar por iniciativa de ellas, que es algo insólito. A mí nunca se me hubiera ocurrido tirarles algo para que me lo devolvieran. Así nació nuestro vínculo de amistad”.

-Esa acción revela que son animales con un nivel de inteligencia desarrollado…

“Su gran característica es su inteligencia superior. Son cerebros muy evolucionados que han demostrado un alto grado de comprensión de las órdenes, algo que, lamentablemente, vemos en acuarios. Por una cuestión de naturaleza y de principios estoy a favor de la libertad de todos los animales, pero estas características de inteligencia han sido demostradas más en los oceonarios que en la vida salvaje, donde muy poca gente ha podido tener contacto. Son animales que merecen estar en libertad por el solo hecho de poseer esta evolucionada forma de vida”.

Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez
Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez

-¿Ha tenido la sensación en algún momento de entenderse más con una ballena que con una persona?

“Sí, sobre todo porque los amantes de la naturaleza solemos ser personajes muy solitarios, y eso está bien y no está tan bien, ya que nos priva de interactuar con la sociedad. Pero también existe una cierta hipocresía en la relación humana al poner en valor elementos que en la naturaleza no tienen ese valor”.

-¿A qué se refiere?

“Al consumismo, al materialismo, al capitalismo… En la naturaleza se está expuesto a las normas de la supervivencia y a circunstancias que tienen que ver con la absoluta realidad y no a la ficción que vemos en el mundo cotidiano de una sociedad en la que abundan los personajes superficiales. Eso me choca y me hace volver a hablar con las orcas”.

-¿Para alguien que se define como un amigo de las orcas, le molesta especialmente que se les haya estigmatizado como ballenas asesinas?

“Me hace ruido, pero eso es algo que se escucha cada vez menos. Los chicos de hoy no vieron aquella película (Orca, la ballena asesina, 1977). Nosotros compramos el pollo, el cabrito o el buey en una bandeja en el supermercado y creemos que nadie tuvo que matarlo. Seríamos tan asesinos como ellas. Forma parte de la hipocresía humana, que estigmatiza a un animal por hacer algo que nosotros hacemos. Además, el hombre mata por matar”.

-¿Son animales grupales que viven y se relacionan en comunidad o son individuos solitarios?

“Son animales gregarios que viven en pequeñas o en grandes manadas, depende del área en la cual se han desarrollado, de la estación del año y de las presas disponibles. En la Antártida, donde hay mucho más alimento, suelen haber manadas de orcas más numerosas, a diferencia de la Patagonia, donde son grupos más chicos, lo que facilita una cacería más eficiente. Es lógico, porque si 30 emprenden un ataque, los leones marinos rápidamente se ponen a resguardo al ver tantas aletas. Los grupos de caza suelen estar formados entre tres y nueve animales”.

-¿Cómo es la pauta de comportamiento diario? ¿Qué rutinas desarrollan?

“Son animales majestuosos que recorren entre 50 y 100 kilómetros buscando alimentos, enseñando a sus cachorros las técnicas para sobrevivir e interactuando entre individuos con juegos, a través de los cuales mueven sus músculos y aprenden a relacionarse con todos los medios y elementos de las fuerzas naturales. Observarlos nos enseña como seres humanos todas esas cosas que perdimos. Las orcas son la memoria del del hombre primitivo”.

Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez
Roberto Bubas, conservador marino y experto en orcas. Sergio Méndez

-Su experiencia fue llevada al cine con la película hispano argentina El faro de las orcas (2016) protagonizada por Maribel Verdú, en la que representa su historia con un niño autista que le pide a su madre que le lleve junto a usted para conocer de cerca a estos gigantes marinos. ¿Cómo fue la experiencia?

“De las más potentes de mi vida. La película surge de un libro que escribí en 1998, basado en la historia real de un niño sordomudo con conductas autistas que me visitó con su madre y que después se recuperó de su trastorno. La historia cayó en manos de un productor de cine y decidió hacer una película, aunque tardó 13 años en plasmarse”.

-Además de ser el protagonista en el relato de la película, también lo fue delante de las cámaras…

“Me tocaron los doblajes de riesgo de mí mismo. A veces me tenía que vestir de Roberto Bubas para hacer de doble del que hacía la película de Roberto Bubas. Es decir, el personaje real sustituía al de la ficción (risas). Eso me llevó a realizar una reflexión muy profunda, metafísica, respecto qué es la realidad y qué es la ficción en esta gran obra de teatro que es la vida”.

-Sus investigaciones han servido, además, para descubrir algunas técnicas de caza empleadas por estos cetáceos hasta ahora desconocidas, como la del varamiento intencional, en la que el animal llega a salir de su medio natural para capturar a su presa. ¿Cómo lo descubrió?

“Pude comprobar que las orcas de Península Valdés no sólo emplean esa técnica sino que son muy pocas las que lo hacen. Ocho animales sabían cómo varar para cazar y de ellos cinco hembras eran las responsables de enseñar a las crías. No sólo tenía su importancia biológica sino también cultural, porque se transmitía de generación en generación, que era algo único. Lo expuse para una beca del National Geographic, con la dificultad que suponía demostrar ante un comité científico que se trataba de un patrón cultural, algo que hasta ese momento se consideraba una prerrogativa exclusivamente humana”.

-¿Y ganó la beca?

“Sí”.

-Usted se esfuerza en divulgar sus conocimientos a través de todos los canales posibles. Además de la película y las conferencias que ofrece por el mundo, ha escrito ocho libros. ¿Cuál es el mensaje que pretende difundir?

“Que la gente tome conciencia global sobre el cuidado del planeta, lo que significa proteger la biodiversidad. Salvar el planeta es salvar al hombre, pero es mucho más sincero promover la salvación del hombre que la del planeta, que tiene 4.500 millones de años. Nosotros somos un pestañeo cósmico sideral de alrededor de seis millones de años. Es decir, no hemos estado ni en los últimos segundos. Si desaparecemos por un estallido nuclear, el planeta tarde o temprano recuperará su exuberancia y sin la plaga humana”.

-Los líderes mundiales actuales, empezando por el presidente de Estados Unidos, además de dirigentes como el de Corea del Norte, no parecen ayudar demasiado…

“Las declaraciones de Trump son totalmente destructivas en cuanto a la conciencia ambiental que se venía generando, pero también hay un ejército global que sabe que lo que dice Trump y muchos medios no es verdad. La realidad empieza a correr cada vez más fuerte por otros carriles que no son los medios convencionales. Esa rebeldía general, sobre todo en los jóvenes, actúa de contracorriente. Tomamos conciencia a través de la urgencia. Nos ha costado creer que somos una parte absolutamente responsable de lo que le pase a nuestros nietos”.

-¿Qué consecuencias augura a causa del calentamiento global del planeta?

“Su efecto es innegable. Aquí mismo, en Tenerife hay unas características que dentro de unos años serán otras. Deberíamos tener una vida más simple, sabiendo que todo de lo que disponemos proviene de la naturaleza. Hay que aspirar a vivir en paz y ser felices con lo necesario, sin contaminar a la naturaleza”.

-Está en el sur de Tenerife, en cuya costa habita de forma permanente una importante colonia de cetáceos. ¿Debería potenciarse como una de las banderas con las que se asocie la imagen de la Isla en el exterior?

“Debería usarse más, en el buen sentido de la expresión, como uno de sus platos fuertes turísticos. Es un recurso muy importante que debe ser regulado y fiscalizado de una manera correcta, porque lo peor que puede pasar es que esta actividad no se haga ordenadamente, con los debidos controles”.

-¿Cómo valora la labor de Arona Son Atlántico, que tiene como uno de sus principales objetivos generar conciencia ambiental, especialmente en el medio marino?

“Me parece perfecto y creo que debería ser contagioso a otros municipios, a otras islas y a otros lugares del mundo. Yo me siento muy honrado de estar entre sus invitados”.